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La vida sigue igual (Orihuela 2-2 Nàstic)

El Nàstic comienza el año cediendo un empate inadmisible ante el Orihuela tras ir ganando 0-2. El equipo volvió a ser un flan en defensa

Juanfran Moreno

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Javi Márquez en el partido frente al Orihuela de esta jornada.

Javi Márquez en el partido frente al Orihuela de esta jornada.

El fútbol se juega con las piernas, pero también con la cabeza. Para explicar el empate del Nàstic ante el Orihuela hay que hacer hincapié en lo segundo. Porque no puede ser que con un 0-2 te empaten en un abrir y cerrar de ojos. Mucho menos cuanto te estás jugando la permanencia ante un rival directo que estaba siendo infinitamente inferior en ti. Toni Seligrat ya avisó esta semana que le preocupaba la falta de personalidad de algunos jugadores. No andaba equivocado.

Cuando el Orihuela marcó el primero olió la sangre de un equipo temeroso. No necesitó de grandes extravagancias para terminar empatando. Con una defensa así tampoco sorprende. Chechu, con 37 años y dando los últimos coletazos de su carrera, terminó por detrozar a una zaga que volvió a evidenciar su falta de contundencia y personalidad.

Cuando uno afirma que el Nàstic llegó a bordar su juego, lo dice con plena consciencia. Nadie podía intuir un empate cuando el conjunto grana vencía por 0-2 y estaba cerca del tercero en la segunda mitad. El equipo tarraconense mandaba y se sentía poderoso ante un Orihuela que ponía más corazón que fútbol. De hecho, se llegó a marcar el tercero mediante Oliva en fuera de juego y Pedro Martín tuvo el tercero en un cabezazo que sacó Aitor cuando ya se colaba en la meta local.

Los goles habían llegado en una primera mitad en la que Toni Seligrat había acertado de lleno en su apuesta por Pedro Martín y Gerard Oliva en la punta del ataque. El Nàstic encontró un argumento que hasta ahora había echado en falta. Porque la propuesta de Toni Seligrat demandaba una referencia ofensiva que se impusiera en ese juego vertical que propone el técnico de Torrent. La solución no estaba en el mercado de invierno, sino que estaba en casa, nunca mejor dicho.

Lo que no volvió a faltar fue la cita con la pizarra. Si el Nàstic ha dominado una faceta del juego en la primera mitad de la temporada ha sido la de las jugadas de estrategia. Allí se siente fuerte. Sencillamente cuenta con un lanzador determinante y una serie de futbolistas que aprovechan muchos de los envíos del soriano.  

En el minuto 28 de la primera mitad, los dos argumentos más sólidos del Nàstic en el Municipal de los Arcos mezclaron a la perfección. Oliva provocó una falta en la medular y el conjunto grana la aprovechó. Javi Bonilla colgó al segundo palo, Bruno Perone controló y cedió atrás para David Goldar no perdonara en boca de gol.

Con el gol, el Nàstic se destensionó. Mostró una versión sólida y firme. Todavía se puso más de cara el partido cuando Pedro Martín hizo una de esas jugadas por las que se la ha fichado. Una jugada de fantasía que comenzó en la banda y acabó en el pico del área pequeña tras sortear a varios rivales. Culminó su jugada con un pase en boca de gol que Pol Valentín aprovechó para colocar el 0-2.

El tanto llegó justo antes del descanso. Un gol psicológico de esos que van directos al corazón. El Nàstic tenía una oportunidad por delante para seguir asentando bases y crecer. No obstante, la prioridad era no sufrir sobresaltos en la segunda ronda del combate.

Sin embargo, todo se fue al garete. Lo que no tenía que suceder, sucedió. El Nàstic se derrumbó con una facilidad irritante. Lo hizo cuando el 0-3 sobrevolaba el Municipal de los Arcos. Todo comenzó cuando el equipo se volvió a arropar en los malos hábitos del pasado. Una jugada sin aparente peligro terminó con dos paradas a bocajarro de Bernabé y una defensa incapaz de despejar el cuero de las profundidades del área. Finalmente, Solano empujó en boca de gol y sumergió de nuevo al Nàstic en una pesadilla.

El 1-2 dejó rostros compungidos en los jugadores granas. El empate se veía venir. Y llegó. Chechu encontró un paraíso a la espalda de Albarrán y rompió como quiso la frágil cintura de Bruno Perone. Culminó su jugada individual con un disparo seco y raso que se coló por el palo corto de Bernabé. Todavía pudo el Nàstic arreglar el desastre. Perone conectó un cabezazo en otra acción a balón parado de Bonilla, pero Aitor lo sacó para alivio local.

Rabia, tristeza y pena. Esa era la cara de los jugadores de la entidad tarraconense tras el pitido final. Eran conscientes de que había dejado escapar oportunidad perfecta para comenzar a crecer sin tanta presión encima. Ahora será doble. Toca ir a Llagostera en puestos de descenso. El infierno puro y duro.

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