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Latido grana a 1.500 kilómetros

Sven Schmitz es un fiel seguidor del Nàstic desde que visitó el Nou Estadi por primera vez allá por el 2006. Fue en el partido ante el Barça. Desde ese día, su corazón late al ritmo del club grana

Redacción

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Sven Schmitz con la bufanda del Nàstic en el Nou Estadi durante el último partido de liga frente al Levante. Foto: Lluís Milián

Sven Schmitz con la bufanda del Nàstic en el Nou Estadi durante el último partido de liga frente al Levante. Foto: Lluís Milián

El fútbol no entiende de fronteras. Los sentimientos tampoco de kilómetros. Donde unos ven un simple deporte, otros ven parte de su vida. No son sólo 90 minutos. Hay algo más. Suele estar regido por leyes geográficas, no tangibles pero sí de inmensa influencia. Sin embargo, hay excepciones.

Sven Schmitz (Colonia, 28 años) es un fiel seguidor del Nàstic. De esos que demuestran que no hay cánones establecidos a la hora de amar un club. En ocasiones, el fútbol recuerda al amor. No se sabe muy bien por qué, pero algo entra en tu corazón dispuesto a no salir.

A Sven el hormigueo en la barriga le llegó el 16 de junio de 2006. Disfrutaba de unas vacaciones junto a su familia en el Càmping de Tamarit. Ojeando el Diari reaccionó con los ojos abiertos de pare en par al ver que el FC Barcelona de Ronaldinho, Messi y Eto’o se jugaba el título de liga a pocos kilómetros de allí. En un estadio llamado ‘Nou Estadi’. Sven sabía que no podía fallar. La cita era imperdible. No dudo en dejarse llevar. El encuentro marcó un antes y un después en su vida. Hacía semanas que había consumido el descenso a Segunda. Era su final en la Liga de las Estrellas, pero su afición no se mostró decaída. Había aceptado su destino. Era inútil mirar hacía otro lado. Acostumbrado a reacciones dramáticas de los seguidores alemanes, esa aceptación y la fidelidad hacia el equipo le produjo una veneración. El ‘flechazo’ era irreparable.

1.470 kilómetros separan Tarragona de Colonia, la ciudad más poblada del estado alemán de Renania del Norte-Westfalia. Con su equipo de fútbol, el FC Köln, un histórico de la Bundesliga con tres títulos ligueros y cuatro Copas (DFB Pokal). Sven rechaza automáticamente al conjunto de su ciudad natal. Le tira más el Schalke 04 de Gelsenkirchen, a cien kilómetros de su casa. Pero no con la fuerza del Nàstic. «Estás loco», le dicen sus amigos cuando Sven les explica su incondicionalismo grana. «Sólo entiende mi locura quien comparte mi pasión», suelta.

Esa pasión ha convertido esos 1.470 kilómetros de distancia en un trámite cotidiano. Un trayecto cargado de ilusión para disfrutar del escudo que luce orgulloso en su gemelo derecho. Suele acudir al Nou Estadi unas siete veces por temporada. El hecho de que el jefe del supermercado donde trabaja sea uno de sus mejores amigos le ayuda a la hora de poder disponer de días suficientes como para realizar viajes exprés a Tarragona para no perderse ninguno de los momentos especiales del equipo. Sufrió en directo el día del descenso a Segunda B y saltó de alegría cuando Lago Júnior, David Rocha y Marcos De la Espada redondearon la mañana mágica del 31 de mayo de 2015 con el ascenso a Segunda división.

Este año quiere incrementar su asistencia. Ha dado un paso más en su unión con el club. Desde esta campaña 2016/17 Sven Schimtz es socio del Nàstic.

Seguimiento

Lo más complicado es el seguimiento del día a día del equipo. Sven no sabe ni catalán ni español. Solo conoce algunas palabras. Las que entona en el Gol Muntanya. ‘Fins al final, Força Gimnàstic’, tararea sonriente. Se vale del traductor de Google para leer todas las noticias del equipo. Para los partidos recurre a las webs en ‘Livestream’. No hay manera de seguir LaLiga123 en Alemania. Nadie ha comprado los derechos de retransmisión, así que internet le ofrece la única opción. Peor fue cuando el equipo estaba en Segunda B. Era imposible ver los encuentros. Se debía conformar con los resultados y analizar las estadísticas para ver si sus jugadores favoritos habían participado en el encuentro. De todos los que ha pasado en estos diez años, se queda con Xisco Campos. «Le echamos de menos», dice. El hueco que ha dejado el balear lo ocupa hoy en día Manolo Reina.

Tiene todas las camisetas desde el último año en Primera. Tanto de local como de visitante. Además de bufandas, polos y todo tipo de merchandising.

Estos días Sven ha disfrutado de la compañía de otros ‘nastiquers’. Cenas y el desplazamiento a Alcorcón han hecho de sus vacaciones unos días en los que dar rienda suelta a su nastiquismo.

Hay casos que merecen ser analizados con detenimiento y admiración. Sven es uno de ellos. No pretende que le comprendan, aunque una simple conversación con él sirve para hacerlo. A veces el fútbol no es complicado de entender. Su lenguaje es universal, pues los sentimientos en este deporte dejan en un segundo plano a las palabras.

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