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Les pudo el miedo (Nàstic 1 - 1 Girona)

El Nàstic no supo aprovechar la superioridad numérica y el gol de ventaja. El Girona demostró pundonor, encerró a los granas, logró la igualada y llevar la incertidumbre al final de partido

Jaume Aparicio López

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Achille Emaná y Madinda, en plena lucha durante el partido de ayer. Foto: Diari de Girona

Achille Emaná y Madinda, en plena lucha durante el partido de ayer. Foto: Diari de Girona

El miedo le jugó una mala pasada al Nàstic. Le hizo perder dos puntos en Montilivi cuando tenía el triunfo de cara con el gol de Naranjo y jugando en superioridad numérica durante más de una hora. Los de Vicente Moreno se pusieron a jugar con fuego y se quemaron. Se encerraron atrás a merced de un Girona que con diez tuvo más convicción en la victoria que los granas. El cuadro local empató y aún pudo llevarse los tres puntos en un final trepidante, con opciones para los dos equipos.

El botín es aceptable. Un punto fuera de casa siempre es saludable. Pero tuvo un regusto amargo. A la media hora de juego los granas tenían el partido en el punto perfecto. Por delante en el marcador y el rival con diez jugadores. Todo estaba de cara. Pero el equipo cayó en la complacencia. Igual que pasó hace siete días ante el Tenerife dejó que el contrario creciera. Que creyera en sus posibilidades, sin poner remedio. Le dio aire al Girona y lo peor, le entregó el arma más valiosa, el balón. El mediocentro grana sufrió todo el partido, incapaz de hacerse con el mando y siempre corriendo al son de un ritmo frenético que beneficiaba a los de Machín.

Sin posesión, el Nàstic entró en pánico. El equipo se volvió pesimista. Más convencido a que encajaría el empate que confiados en buscar el segundo. Fue dando pasos hacia atrás. A su zona habitual de confort cuando juega lejos de Tarragona, cerca del área, todos juntos protegiendo el marco de Reina y a la espera de un contragolpe que sentenciara el partido. Pero ni siquiera creyó en su mejor característica. Tuvo dos claras ocasiones a la contra, pero los dos hermanos Emaná, ayer, no tuvieron su tarde. El mayor falló en un mano a mano con Becerra, en la jugada previa al empate local. El pequeño, ya con el empate en el marcador, no supo elegir bien la definición. Disparó cuando tenía a Giner solo a su izquierda.

La defensa tampoco estuvo acertada. Se pasó el partido achicando agua. Reparando las fugas de la medular y la falta de cooperación de los atacantes. Le faltó contundencia.

El Girona, empujado por su público, se lanzó a por la presa acorralada. La cazó en los minutos finales. Mata convirtió el penalti que le hizo Bouzón e igualó el partido.

El Nàstic se plantó en Montilivi con aplomo. La presencia de Madinda y Abu en el medio del campo le dio criterio a la distrubución. Buen partido del georgiano. Se vistió de Achille Emaná con dos conducciones para romper las líneas gerundenses. Dos acciones que generaron las dos mejores ocasiones del Nàstic: el gol de Naranjo y la ocasión de Achille.

Abu no fue la única novedad en el equipo. Debutó Anibal. El delantero se enfrascó en una continua batalla con los centrales. Muy del estilo del Nàstic. Esa oscura y pesada tarea de fijar la defensa con el cuerpo.

Sorprendió también la presencia de Giner en la izquierda. El valenciano entró tras un tramo de campeonato en el que ha pasado inaudito.

El elevado ritmo inicial se vio interrumpido por las airadas protestas de los jugadores del Girona y del público contra el árbitro que alcanzaron el nivel álgido con la expulsión de Lekic por dos amarillas. La primera por golpear con el brazo a Bouzón y la segunda por simular penalti.

El Girona se desesperó con el árbitro y eso que el colegiado andaluz le perdonó un par de expulsiones en la primera mitad. La entrada de Lejeune a Anibal, a la altura de la rodilla, era de roja directa. Igual que la segunda amarilla que perdonó a Granell por una fea entrada sobre Madinda.

Con la expulsión, Moreno cambió el planteamiento. Se pasó al 4-4-2, para tratar de controlar el duelo. No lo logró y el juego siguió expuesto al empuje gerundense, más pasional que cerebral.

Ni siquiera el gol de Naranjo, tras una excepcional asistencia de Abu, frenó el arrebato local que rondaba el área de Reina. Marí y Bouzón taparon dos disparos de Mata que apuntaban a gol.

El descanso tampoco ayudó a serenar los ánimos locales. Y eso que nada más comenzar el segundo tiempo Emaná pudo sentenciar ante Becerra. El pie del portero evitó el tanto del camerunés.

El Nàstic atacaba a cuentagotas. Lo poco que le permitía el Girona entre ataque y ataque. Los granas no mostraban ninguna capacidad de control. Andaban perdidos. Lejeune avisó con un disparo lejano que se estrelló en el travesaño. El rebote lo pilló Mata pero Reina tapó el disparo.

El Girona atacó al Nàstic con su propia arma. Replicó rápido una ocasión de Achille y sacó un penalti de Bouzón sobre Mata que el propio madrileño anotó.

El final se convirtió en una lotería. Stephane perdonó y a la contra lo hizo Cristian Herrera. Una pena dejar escapar la ocasión, porque el segundo puesto estaba a tiro.

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