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Lo peor de los Juegos: menos público del esperado y mala gestión de las entradas

La edición de Tarragona ha estado excesivamente politizada. Ha faltado mayor promoción entre la ciudadanía y puntos de venta en las sedes

Francesc Joan

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La selección española de voleibol, con la TAP casi vacía durante las semifinales. FOTO: Alfredo Gonzaĺez

La selección española de voleibol, con la TAP casi vacía durante las semifinales. FOTO: Alfredo Gonzaĺez

1. Arranque polémico 
La primera imagen de los Juegos Mediterráneas fue desalentadora. Un Nou Estadi semivacío en la ceremonia de apertura, con centenares de sillas sin ocupar en la Preferente, fue el síntoma más evidente de que los Juegos Mediterráneos no habían enganchado a la ciudadanía. La organización aseguró que todas las entradas que salieron a la venta estaban agotadas y que los vacíos correspondían a invitaciones de los patrocinadores que no se recogieron. Un pinchazo en toda regla en el día clave, ya que la inauguración siempre es el espectáculo que registra mayor audiencia televisiva.    

2. Unos Juegos politizados
El protagonismo de la apertura se la llevó el encuentro entre el Rey Felipe VI, el president de la Generalitat, Quim Torra, y el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. La pitada a Torra y las posteriores afirmaciones de la portavoz del Govern, Elsa Artadi, en el sentido que la organización habría seleccionado al público de la inauguración -predominaron las banderas españolas- politizaron, más aún si cabe, la cita mediterránea. El evento, catalogado como los Juegos de la paz, también ha estado militarizado: paracaidistas del ejército del aire en la apertura; exhibición aérea en los días previos a la competición y esta semana, la presencia del portaaeronaves Juan Carlos I en la ciudad. 

3. Pinchazo en las gradas
Las primeras jornadas  de los Juegos (22, 23 y 24 de junio) estuvieron marcadas por la escasa presencia de público. No fue hasta la cuarta jornada, con el estreno de la natación en la piscina del anillo, cuando los espectadores empezaron a animarse. El atletismo también ha ofrecido buenas entradas, o la rítmica en el Olímpic de Reus, pero en general las entradas han sido flojas en los deportes de pago. Las invitaciones y las puertas abiertas en algunos recintos -sin hacerse público- han ayudado a evitar el desastre.   

4. Faltó más promoción
Los Juegos no se promocionaron lo suficiente entre la ciudadanía, y tampoco entre la mayor parte de los clubs deportivos y federaciones del territorio. Luego tampoco tuvieron facilidades ni descuentos para adquirir entradas. Lo denunció la Unió de Federacions Esportives Catalanes. Sin su implicación era imposible asegurar un éxito de público en los recintos. 

5. Entradas mal gestionadas
La gestión de la venta de entradas era mejorable. Sólo se vendían en tres espacios físicos: en el anillo, la TAP y Parc Central, y virtualmente a través de ticketmaster.com. Sin embargo no se despachaban en ninguna sede, un grave error.  Los horarios fijados en algunos partidos tampoco ayudaron a llenar: fue descabellado por ejemplo fijar las semifinales del balonmano masculino, con la presencia de la selección española, el pasado viernes a las 12.30 h., pudiéndose jugar ese mismo día en horario vespertino.

6. La pista del 3x3 se rompe
Uno de los problemas más graves fue la descompensación de la pista del baloncesto 3x3 ubicada en la tarima del Camp de Mart, que obligó a suspender la primera jornada cuando ya estaba en juego. Luego se solucionó el problema y la competición prosiguió sin más problemas. A la pista le faltó una prueba test.

Operarios tratando de reparar la pista del 3x3. FOTO: Octavi  Saumell

7. Errores de protocolo 
La entrega de la medalla de bronce a una rival por parte de Mireia Belmonte ha dado la vuelta al mundo. Fue un fallo de protocolo, al despistarse la persona que debía entregarla. Himnos que no sonaron en varias sedes -los franceses campeones del bádminton cantaron la marsellesa a capela en El Morell- han sido otros errores de protocolo en estos Juegos. La huelga de algunos jueces internacionales de la lucha, en cambio, no dependía de la organización sino de los comités olímpicos nacionales a los que pertenecen que fueron quienes no les pagaron las dietas pactadas.

8. El transporte, mal al inicio
El sistema de transporte fue de menos a más. Hubo problemas de coordinación en algunas rutas al inicio, que desembocaron en frecuencias de paso superiores a las dos horas en varias sedes. Algunos voluntarios incluso llevaron con sus vehículos a deportistas hasta la villa para que no esperaran tanto.

9. Natalia, la gran olvidada
Tarragona ha olvidado a la atleta Natalia Rodríguez, la mejor deportista surgida de la ciudad y quien fuera imagen y emblema de estos Juegos Mediterráneos. Hace un par de años acabó decepcionada con los responsables del comité organizador, que han perdido la oportunidad de cerrar esas diferencias con el reconocimiento que merece. Muchos piensan que el estadio atlético debería llevar su nombre.

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