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Los mejores días de Natxo González

El técnico del Reus disfruta del instante de mayor plenitud de su carrera. Acaba contrato y es un valor en alza en el mercado

Marc Libiano Pijoan

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Natxo González, sonriente, durante un partido en el Estadi municipal. Foto: Alfredo González

Natxo González, sonriente, durante un partido en el Estadi municipal. Foto: Alfredo González

Justo a los 50 años de edad, la vida deportiva de Natxo González (Vitoria, 1966) disfruta del mayor estado de efervescencia. Su carrera ha alcanzado la plenitud. Su nombre despierta el respeto de todos los analistas, de los gurús que ven el fútbol como una forma de vida. No por casualidad. González ha picado piedra. No estamos hablando de un exfutbolista de postín, de nombre rimbombante y prestigioso pasado. Su trayecto se ha construido bajo el prisma de un tipo detallista, pasional por la profesión que ejerce. Los resultados avalan el libreto del entrenador, más allá del gusto que pueda despertar su estilo.

En Reus le ha costado encontrar la admiración de la mayoría de los hinchas. Ahí también ha precisado aguantar el tipo en más de una ocasión y esperar. Natxo es un experto exponente del equilibrio. No suele perderle jamás. Inmerso en ese carácter a veces excesivamente distante, soltó alguna perla en el año del regreso, en la 2014-15. Obligado y exigido por el resultado inmediato desafió a los críticos en los días oscuros, con aquello de «al final nos sacarán a hombros». Tardó algo más pero se abrazó al éxito. En mayo de 2016 inscribió nombre y apellidos en el libro de honor del club. Pasará a la historia por convertirse en míster pionero. El primero que colocó al Reus en el fútbol profesional.

La Copa y Segunda

González no solamente ha echado raíces en el Reus, donde maduró como estratega de 2003 a 2007, con ascenso a Segunda B en 2005 y descenso a Tercera 356 días después. En la ciudad se le considera un reusense más. Ha establecido su residencia junto a su familia, totalmente acomodada y adaptada al estilo de vida ganxet.

En total ya acumula 232 partidos dirigiendo al equipo, al que mantiene consolidado en la zona de privilegio de Segunda División. 30 puntos en 21 jornadas avalan el trabajo, sin recursos abundantes, pero con exceso de entusiasmo. Natxo se colocó en el escaparate en otro triunfo simbólico que llamó la atención del mundillo. Aquella eliminatoria de Copa del Rey, en diciembre de 2015 ante el Atlético de Madrid, instauró una idea que gestó el Reus del ascenso. Ese modesto equipo rojinegro despertó admiración por el buen gusto de su propuesta. Jamás le perdió la cara a la eliminatoria, a pesar del miura con el que necesitaba lidiar. Simeone no escatimó halagos, después de la mínima derrota reusense en el Calderón (1-0).

Natxo, sin duda, salió bien parado, reforzado de aquella historia. El ingreso en el fútbol de plata le postuló. La brillante primera vuelta del equipo le ha encumbrado. Hoy, González es un valor en alza en el mercado. Los proyectos más seductores de Segunda le analizan con lupa y le ven con buenos ojos. Además termina contrato, aunque su lazo de compromiso con el Reus impedirá traiciones sentimentales. Mientras, Natxo saborea sus mejores días.

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