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Luto grana por Jose María Grau

El delegado del primer equipo del Gimnàstic de Tarragona durante 18 temporadas fallece a los 55 años, al no poder superar una grave enfermedad

Jaume Aparicio

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En el 2012 el club homenajeó a Grau con motivo de su partido número 500 como delegado. Entre liga y Copa alcanzó los 800. FOTO: lluís milián

En el 2012 el club homenajeó a Grau con motivo de su partido número 500 como delegado. Entre liga y Copa alcanzó los 800. FOTO: lluís milián

El Gimnàstic de Tarragona está de luto. El delegado del primer equipo, Jose María Grau, falleció este miércoles a la edad de 55 años. Una complicación médica en su lucha contra la grave enfermedad que sufría deja al club grana sin una de sus figuras más emblemáticas. Una persona querida y admirada por la bondad que transmitía en todo momento. Su muerte ha sacudido a todo el nastiquismo.

Jose María Grau se dedicó al Nàstic en cuerpo y alma desde antes incluso que su nombre y firma apareciera en las actas oficiales de los partidos del equipo grana. Entró en el club desde la base, que es donde uno se empapa de los valores de una entidad, cuando su hijo accedió a las categorías inferiores. Allí, Grau asumió sus primeras labores.

En el año 2000, tras el fallecimiento repentino de Joaquín Gónez, Grau asumió el cargo de delegado del primer equipo con la honradez y la benevolencia que le caracterizaban como persona.

Durante 18 temporadas ha sido el rostro del club para los todos futbolistas que alguna vez se han cambiado en el vestuario del Nou Estadi. Sus rutinas, la solución a sus problemas extradeportivos y el cariñoso abrazo cuando entraban o salían del campo en las tardes de partido tenían la rúbrica de Jose María Grau. En los buenos momentos, pero sobre todo, en los malos.

Él les hacía las cosas más fáciles. Si tenían que buscar domicilio en Tarragona, debían visitar al médico o actividades más cotidianas y mundanas, los jugadores sabían que allí estaba Jose Maria.

Grau despachaba los problemas de los futbolistas con la misma generosidad con la que cumplía las peticiones de los entrenadores. Siempre respondía a la exigencia con sensibilidad, conquistando el cariño de jugadores, técnicos, directivos, periodistas y aficionados.Su amabilidad y timidez con la que insistía en pasar desapercibido escondían el papel trascendental que realizaba para la plantilla. Los viajes cada 15 días, los stage de pretemporada en Olot o Austria o las decisiones diarias sobre la planificación para el buen funcionamiento de la plantilla pasaban por sus manos.

Le echarán de menos los árbitros. Grau se desvivió por ellos igual que hacía con todos. No distinguía entre buenos y malos. Ellos y nosotros. Quería que pasara lo que pasara en el verde, sus huéspedes estuvieran como en casa. Una labor que le agradeció la Asociación Amigos del Arbitraje con un homenaje hace dos años.

La enfermedad le impidió ejercer su doble función de delegado de campo y del primer equipo en el encuentro ante Osasuna. Pero ante el Deportivo regresó a la banda. Fue su último partido en el Nou Estadi.

Grau cosechó grandes amistades tanto en el vestuario, como la extraordinaria relación que forjó con Edu Martínez, como fuera de él, con otros delegados como Enrique Castro ‘Quini’, cuando El Brujo ejercía la misma responsabilidad en la plantilla sportinguista. Hicieron muy buenas migas, como recordaba el mismo Grau al conocer el fallecimiento del asturiano. En su último encuentro, contaba el tarraconense, Quini hizo de anfitrión y le mostró las virtudes del remodelado El Molinón. ‘El Brujo’ debe estar volviéndole a hacer de guía allí donde sea que descansen las grandes personas.

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