Manotazo de convicción (Nàstic 5-0 L'Hospitalet)

El Nàstic destroza a un Hospitalet que salió mandón, pero que terminó siendo devorado por un conjunto grana que exhibió madurez y pegada

Juanfran Moreno

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Los jugadores del Nàstic celebran uno de los tantos conseguidos. Foto: Alfredo González

Los jugadores del Nàstic celebran uno de los tantos conseguidos. Foto: Alfredo González

Por si alguien pensaba que la segunda parte ante el Andorra fue una anécdota, el Nàstic demostró ante l’Hospitalet que su nivel imponente este año es una realidad. Ya no hay dudas de que el proyecto de Toni Seligrat camina con firmeza. Hay una plantilla comprometida, que siempre compite y que sobre todo tiene talento. Los rivales ya lo saben y le comienzan a temer. Porque la entidad tarraconense ha recuperado su aura y se ha rebelado contra ese contexto de negatividad y decepción que ha reinado en los últimos años en el Nou Estadi. Se puede decir alto y claro: el Nàstic es un claro candidato al ascenso y partidos como el de ayer lo reafirman.

No fue un comienzo de encuentro sencillo. L’Hospitalet cumplió con los pronósticos y salió con aire rebelde al verde. Masticó el cuero e intentó hallar grietas en la defensa grana. Mediante la asociación encontró profundidad sobre todo por el costado derecho en el que Carmona intentó generar en el uno contra uno. Solo lo intentó porque enfrente volvió a aparecer Joan Oriol para frenar todas sus cometidas. Otro partido excelso del carrilero cambrilense.

El rostro grana no se desdibujó. Contempló con frialdad el cuadro que andaba pintando el rival. Entendió que era momento de apretar los dientes y cerrar espacios. Los partidos son fases y se había entendido que la inicial había pertenecido a l’Hospitalet. En esa madurez se comenzó a gestar el triunfo. Otro equipo se hubiese resquebrajado, pero este Nàstic es consciente de que tiene talento en la plantilla que ocasiones siempre va a generar sea cual sea el ecosistema del partido. Así fue. 

El Nàstic rompió el partido de la mejor manera que se puede hacer. Hincó colmillo sin avisar como un verdadero depredador. Un saque de banda desembocó en un balón llovido que Brugui cazó con sutileza para acabar siendo derribado dentro del área. Otro gol que nacía de las botas del gerundense. Si el punto de penalti y Bonilla se encuentran solo puede haber final feliz. El soriano lanzó la pena máxima con contundencia y Aliaga no pudo hacer nada pese a haber adivinado el lado.

La resistencia del Nàstic había tenido premio. Los granas demostraron tener capacidad de sufrimiento y eso en el fútbol también es un aspecto que hay que dominar porque en las buenas siempre es fácil caminar. El gol frenó el protagonismo con balón de l’Hospitalet. Verse por debajo les afectó y comenzaron a tener más problemas para circular el cuero en zonas más adelantadas ante una presión tarraconense que cada vez mejoraba más.

Al descanso se llegaba con ventaja mínima y con el partido más que vivo. Gerard Oliva había tenido molestias y los jugadores rivales le veían como una presa fácil para dejar al Nàstic con inferioridad. Lo buscaron en los primeros 45 minutos y Toni Seligrat no dudó en sacarlo del campo y dar entrada a Pedro Martín.

El malagueño abandonó la banda para situarse en el centro. A Martín se le fichó para ser el delantero referencia. Lo demostró. Su actuación en la segunda mitad fue sencillamente determinante. Este fue al futbolista al que se fichó para liderar al ataque grana la temporada pasada. Rápido, vencedor en el cuerpo y mordaz en el área rival.

En otro saque de banda cuando solo se habían cumplido cuatro minutos de la segunda mitad llegó el tanto grana. Carbia aprovechó un despeje para meter un centro lateral que el ariete malagueño conectaba con un inverosímil cabezazo que se colaba en la meta de Aliaga. 2-0 y el Nàstic había vuelto a encontrar el gol antes que el juego. Lo mismo le había pasado en la primera mitad. Virtud de equipo ganador, no hay más.

Con la ventaja doblada en el marcador, el conjunto grana soltó lastre. Otra vez volvió a demostrar que cuando está por delante en el marcador es muy peligroso. Cuenta con todos los ingredientes ideales para matar los encuentros mediante la transición. Talento, velocidad y pegada.

En el minuto 70, Toni Seligrat volvió a exhibir fondo de armario y metió a Pol Domingo y Pol Ballesteros en el terreno de juego. Con el primero quería cerrar el costado derecho y con el segundo reventar el partido. Dicho y hecho. El de Vilassar de Mar completaría una actuación excelente en la que reclamó más minutos.

El tercer gol llegaría en una jugada preciosa en la que el Nàstic puso toda la precisión sobre el campo. Pedro Martín bajó un cuero llovido del cielo y el cuero terminó en los pies de Fullana. El mediocentro balear sacó el telescopio y colocó un centro medido que Carbia remató con brillantez para sentenciar el duelo.

El mazazo fue terrible para l’Hospitalet que vio cómo su dominio cayó en saco roto. Así es el fútbol. Puedes dominar el balón, pero si no dominas las áreas, no compites. Solo un minuto después el Nàstic siguió en tromba. Transición de manual que finalizó con pase al espacio de Pedro Martín que Pol Ballesteros aprovechaba para definir al palo corto del portero. Lo celebró con rabia y felicidad. Buena señal para la entidad tarraconense, puesto que hay pocos extremos con el talento del de Vilassar en la categoría. Merece más minutos de los que ha tenido  porque mientras que jugadores como Amang solo dejan dudas sobre el verde, él genera y genera. Le podrán salir o no las cosas, pero cuando recibe pueden pasar cosas y cada vez quedan menos jugadores que posean esa capacidad.

De las botas del de Vilassar nacería también el quinto gol ya en las postrimerías del encuentro. Combinó con su amigo Brugui y ambos generaron una jugada trenzada que desembocó en el tanto del gerundense. El ‘10’ grana sigue coleccionando exhibiciones partido tras partido. «La pelota no se mancha», decía la ya leyenda Diego Armando Maradona; pues bien, con Brugui puede estar tranquilo desde el cielo porque el cuero sonríe cada vez que reside en sus botas.

Manita grana. Golpe en la mesa. Inyección de moral. Victoria ante un rival directo. Pónganle el titular que más les apetezca, pero lo que es una evidencia es que este Nàstic sonríe y hace sonreír y eso en tiempos de pandemia e incertidumbre tiene mucho valor. Solo fútbol dicen.

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