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Marín y Casanovas, sabor reusense en la Final Four entre clubs de fútbol

Lisboa acogerá la final a cuatro de la Copa de Europa con Sporting, Benfica, Porto y Barça en el cartel

Marc Libiano

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Raúl Marín y Albert Casanovas se verán las caras en el Sporting-Benfica de la Copa de Europa. FOTO: cedidas

Raúl Marín y Albert Casanovas se verán las caras en el Sporting-Benfica de la Copa de Europa. FOTO: cedidas

El campeonato portugués ha exhibido su actual dominio en la tradicional Copa de Europa  de hockey patines, curiosamente el premio más prestigioso que tanto se les resiste a sus equipos. La Champions ha cundido más en España en los últimos 20 años, en donde el Barcelona se ha llevado un puñado de trofeos gracias a su potencial terrorífico. De hecho es el actual campeón. Portugal, sobre todo gracias a la apuesta firme y el derroche económico de sus clubs de fútbol más emblemáticos, ha apuntado con fiereza al título continental. Ha situado a tres de los cuatro aspirantes en la Final Four que precisamente se celebrará en Lisboa, los días 11 y 12 de mayo.

Los cuatro pretendientes al trono más goloso del planeta rinden homenaje a las secciones polideportivas de los clubs de fútbol. Sporting, Porto y Benfica, como los tres grandes miuras del país luso. El eterno Barcelona como único exponente de la OK Liga. Resulta significativo este hecho. El campeonato nacional ha perdido potencial, entre otras cosas porque el dinero, ahora mismo, se encuentra en Portugal. Las grandes inversiones de sus mejores equipos han provocado que, incluso, el talento catalán y español haya emigrado hacia el país vecino. Portugal dispone ahora mismo del campeonato doméstico más espectacular. Veremos si es capaz de conquistar Europa, su asignatura pendiente.

En los últimos 20 años sólo el Benfica se ha adjudicado el trofeo en dos ocasiones. El Porto no lo levanta desde 1990 y eso que no ha parado de intentarlo. Se ha presentado en un millón de fases finales, pero no casa con el nuevo formato. En su pista, el Dragao Caixa, ha perdido hasta tres finales, dos ante el Barcelona (2000 y 2018) y otra ante su gran enemigo, el Benfica (2013). Esta vez, el Sporting se ha atrevido a organizar el fin de semana más mediático del año. Su nivel ha progresado al mismo ritmo que su descomunal gasto financiero. Dispone de una plantilla tan larga que su técnico, Paulo Freitas, precisa diseñar convocatorias cada fin de semana. En ese plantel se encuentran Pedro Gil, Matías Platero y el reusense Raúl Marín, que el pasado verano salió del Reus después de que el Sporting abonara su cláusula de rescisión.

Los de casa

Raúl Marín y Albert Casanovas se han convertido en los profetas de nuestra tierra en la Champions. Van a vivirla desde otro universo, después de ganarla con el Reus en 2017 y perder en la semifinal de la pasada edición. Esta vez, los dos reusenses se enfrentarán en una semifinal de grandísima rivalidad. El Clásico de Lisboa va a medir a Sporting, como anfitrión, y Benfica. En esas dos realidades compiten Marín y Casanovas, dos tipos acostumbrados ya a navegar en esa línea tan fina que separa el éxito y el fracaso.

Albert Casanovas se ha ganado el respeto y un status de primera espada en el Benfica, en su primer año en Da Luz. La llegada del extécnico del Reus, Alejandro Domínguez, le ha reforzado el papel. El hispano argentino siempre ha confiado en el hockey equilibrado de Casanovas y más en un equipo en el que sobra talento y, en muchas ocasiones, escasea la rigurosidad táctica. De ese rasgo anda sobrado Casanovas.

En cambio, Raúl Marín responde a otro perfil. Es ingenio, improvisación y gol. Le ha costado más convencer a Freitas de que su estilo puede encajar en un Sporting abundante en casi todos los registros. Poco a poco va dejando pinceladas de lo que puede llegar a aportar. Necesitar enfrentarse a una competencia milimétrica. 

La presencia de Marín y Casanovas dota a la Final Four de un acentro reusense incuestionable, apetecible para los hinchas, después de que el Reus de Jordi Garcia se quedara en el camino, eliminado en la fase de grupos, en una última jornada cardíaca en Porto. El nuevo dominio de los clubs de fútbol dibuja una Final Four que enfrenta a proyectos estratosféricos.

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