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Matagigantes a domicilio (Granada 0-1 Nàstic)

El Nàstic de Nano Rivas vuelve a sumar una nueva victoria lejos del Nou Estadi. Omar Perdomo anota el gol del triunfo. Machís erró un penalti en el 85

Jaume Aparicio

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Los jugadores del Nàstic celebran la victoria en el césped del Nuevo Los Cármenes. FOTO: JAL

Los jugadores del Nàstic celebran la victoria en el césped del Nuevo Los Cármenes. FOTO: JAL

El Nàstic sigue instalado en el mundo al revés. En el Nou Estadi cosecha derrotas como si su propio estadio fuera extraño. Como visitante se transforma en el auténtico matagigantes de Segunda. La suerte y el acierto del que carece el equipo en casa se pone de cara cuando pisa territorio ajeno.

Granada se sumó a la lista de fortalezas conquistadas esta temporada. El cuadro nazarí sólo había cedido una derrota en su feudo este curso. Ayer sumó la segunda ante un Gimnàstic que se enrocó defensivamente y asestó el golpe mortal en una excelente rosca de Perdomo. 

El once de Nano Rivas en Granada inducía a pensar que el plan de partido iba a seguir el guión habitual del Nàstic fuera de casa. El que mejor resultado le ha dado. Repliegue de líneas en su propio campo, con las dos líneas de cuatro juntas y apostar por el contragolpe veloz y efectivo en ataque. 

Reforzó el sistema defensivo con un medio del campo de esos rocosos. Fali recibió la ayuda de Jon Gaztañaga en el doble pivote. El centrocampista vasco pasaba de defenestrado a titular en una semana. No jugaba desde la derrota en Gijón, con Rodri de entrenador grana.

Tanto Javi Márquez como Álvaro Vázquez comenzaron el encuentro en el banquillo junto con Molina y Maikel Mesa, principales damnificados de los cambios que introdujo el preparador grana en el once respecto al que presentó frente al Tenerife. El capitán dejó su sitio en el eje de la defensa a César Arzo.
Uche y Manu Barreiro volvieron a formar la amenazante dupla.

El partido comenzó con mucho movimiento en las áreas. El Granada, como era previsible, llevó la iniciativa del juego. El equipo de Otra planificaba sus ataques con la posesión. Un control vertical y profundo que buscaba entrar por las bandas, sobre todo por la derecha de su ataque, y mandar centros hacia su referente en ataque, Adrián Ramos. La zaga tarraconense se impuso en su área tanto por arriba como por abajo.

La solidez defensiva inspiró al resto de líneas. Cuando se protege ordenadamente y sin inquietudes creativas, el Nàstic se siente   cómodo sobre el césped. Disfruta con el papel de víctima acorralada.

Asentado y lanzado el mensaje al rival de que iba a tener trabajo para perforar su rocosa defensa, el equipo creció ofensivamente. Mientras Uche y Barreiro concentraban las atenciones de los defensores granadinos, Tete Morente y Omar Perdomo se infiltraban por las bandas. 

El andaluz, más inspirado que otros días, se mostró muy participativo. Puso velocidad y dinamismo prodigándose por todas las zonas del ataque. Un centro del gaditano al segundo palo acabó con Manu Barreiro estrellando el cuero en el travesaño con un potente cabezazo. 

Cada vez le costaba más llegar al Granada. El Nàstic, por el contrario, amenazaba con más insistencia. Hasta que Omar Perdomo se encontró con el balón y mucho espacio para correr, mientras los jugadores locales se paraban pidiendo fuera de juego. El canario entrando por la izquierda se perfiló con su pierna buena, la derecha, para acariciar el cuero con una rosca lejos del alcance del arquero Javi Varas.

El escenario era perfecto para el Nàstic. El marcador a favor y  mostrando la solvencia defensiva que pedía Nano Rivas tanto al finalizar el partido ante el Tenerife como el pasado viernes en la previa del encuentro contra el Granada. No tenía más obligación que proteger la portería de Dimitrievski para llevarse el máximo tesoro del estadio Nuevo Los Cármenes.

Eso exigía labores de todo el equipo en defensa. Presión de la primera línea, Uche y Manu Barreiro, sacrificio de los extremos y orden y concentración de los futbolistas defensivos. 

El Granada iba con prisa. Sus aspiraciones de ascenso no le permiten perder puntos en su feudo. No lo habían hecho más que en tres partidos en todo el curso. 

Los locales se vinieron arriba, cada vez más impaciente, aunque sin encontrar el resquicio en la muralla tarraconense. Ni Ramos ni Joselu, que entró en el sergundo tiempo, ni tampoco Machís conseguían superar a Dimitrievski y a su defensa.
Ni siquiera desde los once metros pudieron los futbolistas del Granada perforar la portería del Gimnàstic. El colegiado señaló un dudoso penalti de Jean Luc que Machís se encargó de lanzar. El venezolano engañó al meta grana pero el palo se alió con el cuadro tarraconense y repelió el tiro. La suerte estaba de parte de los visitantes.

Los tres puntos se fueron para Tarragona y con ellos la tranquilidad suficiente para recibir al Córdoba.

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