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Máyor, coraje rojinegro

El delantero del Reus se está afianzando en la punta del ataque

Juanfran Moreno

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Máyor conduce el balón en el último partido en el Estadi ante el Cádiz. Foto: Alfredo González

Máyor conduce el balón en el último partido en el Estadi ante el Cádiz. Foto: Alfredo González

Alfredo Juan Máyor (Aspe, 1984) aterrizó en Reus sin demasiado ruido entorno a su figura. No era un fichaje mediático. Tampoco pretendía serlo. Su dilatada carrera le otorgaba un rol más que definido en el vestuario rojinegro. Dotar de experiencia a la plantilla era su cometido. Tanto dentro como fuera del campo. Los goles y el esfuerzo ya venían implícitos con su llegada. 

La pretemporada tenía que servir para que el punta entrase en la dinámica de grupo. Conocer e interiorizar los aspectos tácticos de Nato González es un pilar fundamental a la hora de entrar en los planes del victoriano. No fue así. Una lesión le obligó a retrasar su puesta a punto. Esto no le tumbó. Demasiados combates a sus espaldas como para hacerlo. Coraje y trabajo. Dos valores que tiene grabados a fuego en su mente y que transmite con una naturalidad impactante sobre el tapete. 

Debutó en la tercera jornada

En las dos primeras jornadas ante Mallorca y Mirandés, Máyor no pudo ni sentarse en el banquillo. Ante el Numancia y el Getafe fue cogiendo el tono. Sólo 13 minutos entre ambos encuentros, pero demasiado necesarios. Entrar en dinámica y sentir el olor del césped era un acto obligatorio. Necesitó poco tiempo para ganarse la confianza de Natxo González. Los entrenamientos le sirvieron de museo para exponer sus cualidades. Cuadros pasionales que dejaban en muchas ocasiones la delicadeza a un lado. El delantero de Aspe se entregó a la causa. Ante el Cádiz estrenó titularidad. No fue un debut para el recuerdo, pero tampoco para el olvido. Desprendió coraje, esfuerzo y pasión. Lo normal en él. Aquello que le ha servido para ser un punta con cabaña en la Segunda División. Una categoría en la que lleva instalado desde el 2011.  

Gol en el Tartiere

El Carlos Tartiere era el escenario predilecto para estrenar su cuenta goleadora con la zamarra rojinegra. Añadir el gol era el ingrediente que le faltaba para completar un coctel perfecto, un Old Fashioned. De aquellos sutilmente agresivos al principio pero suavemente placenteros al final. Su tanto llegaría cuando el encuentro ya agonizaba. Cabeceó con el alma. Inyectó dosis de positivismo a una afición ya inundada de felicidad.
Ante el Rayo, en la siguiente jornada, rotó. No jugó. Los delanteros rojinegros viven cada duelo con una exigencia física y mental que invita a ello. Natxo González le quería fresco para la batalla de Montilivi. La primera en la que la tropa rojinegro no salió con victoria. No importaba. Se había vuelto a dar todo en el fragor de la batalla. Este sábado, el Tenerife visita el Estadi. Máyor quiere exhibir pegada en el Estadi. Seguir sumando goles que se traduzcan en puntos. Actuaciones que muestren la pasión y el coraje que desprende en cada una de sus zancadas. Natxo premia los esfuerzos. Reus quiere seguir soñando. La quinta plaza no hace justicia al fluido juego que están exhibiendo los rojinegros.  Con Máyor o Édgar, el seguir soñando debe ser un credo. No serán los máximos goleadores de la categoría, pero el fútbol hace tiempo que dejó de medir a los artilleros únicamente por sus goles. Hay otras aptitudes que suman. Para la idea de juego del Reus,  Máyor y Édgar lo bordan.

 

 

Alfredo Juan Máyor (Aspe, 1984) aterrizó en Reus sin demasiado ruido entorno a su figura. No era un fichaje mediático. Tampoco pretendía serlo. Su dilatada carrera le otorgaba un rol más que definido en el vestuario rojinegro. Dotar de experiencia a la plantilla era su cometido. Tanto dentro como fuera del campo. Los goles y el esfuerzo ya venían implícitos con su llegada. 
La pretemporada tenía que servir para que el punta entrase en la dinámica de grupo. Conocer e interioridad los aspectos tácticos de Nato González es un pilar fundamental a la hora de entrar en los planes del victoriano. No fue así. Una lesión le obligó a retrasar su puesta a punto. Esto no le tumbó. Demasiados combates a sus espaldas como para hacerlo. Coraje y trabajo. Dos valores que tiene grabados a fuego en su mente y que transmite con una naturalidad impaciente sobre el tapete. 
Debutó en la tercera jornada
en las dos primeras jornadas ante Mallorca y Mirandés, Máyor no pudo ni sentarse en el banquillo. Ante el Numancia y el Getafe fue cogiendo el tono. Sólo 13 minutos entre ambos encuentros, pero demasiado necesarios. Entrar en dinámica y sentir el olor del césped era un acto obligatorio. Necesitó poco tiempo para ganarse la confianza de Natxo González. Los entrenamientos le sirvieron de museo para exponer sus cualidades. Cuadros pasionales que dejaban en muchas ocasiones la delicadeza a un lado. El delantero de Aspe se entregó a la causa. Ante el Cádiz estrenó titularidad. No fue un debut para el recuerdo, pero tampoco para el olvido. Desprendió coraje, esfuerzo y pasión. Lo normal en él. Aquello que le ha servido para ser un punta con cabaña en la Segunda División.  
Gol en el Tartiere
El Carlos Tartiere era el escenario predilecto para estrenar su cuenta goleadora con la zamarra rojinegra. Añadir el gol era el ingrediente que le faltaba para completar un coctel perfecto, un Old Fashioned. De aquellos sutilmente agresivos al principio pero suavemente placenteros al final. Su tanto llegaría cuando el encuentro ya agonizaba. Cabeceó con el alma. Inyectó dosis de positivismo a una afición ya inundada de felicidad.
Ante el Rayo, en la siguiente jornada, rotó. No jugó. Los delanteros rojinegros viven cada duelo con una exigencia física y mental que invita a ello. Natxo González le quería fresco para la batalla de Montilivi. La primera en la que la tropa rojinegro no salió con victoria. No importaba. Se había vuelto a dar todo en el fragor de la batalla. Este sábado, el Tenerife visita el Estadi. Máyor quiere exhibir pegada en el Estadi. Seguir sumando goles que se traduzcan en puntos. Actuaciones que muestren la pasión y el coraje que desprende en cada una de sus zancadas. Natxo premia los esfuerzos. Reus quiere seguir soñando. La quinta plaza no hace justicia al fluido juego que están exhibiendo los rojinegros. Con Máyor o Édgar, el seguir soñando debe ser un credo. No serán los máximos goleadores de la categoría, pero el fútbol hace tiempo que dejó de medir a los artilleros únicamente por sus goles. Hay otras aptitudes que suman. Para la idea de juego de Natxo González,  Máyor y Édgar lo bordan.

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