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Deportes FÚTBOL

Medallas y arañazos

El Reus rescata un punto ante el Mallorca gracias a un gol de Máyor en la recta final, en un partido disperso que puede ganar, pero también perder

Marc Libiano Pijoan

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David Querol, en la acción del penalti, en el arranque del partido. Foto: Alba Mariné

David Querol, en la acción del penalti, en el arranque del partido. Foto: Alba Mariné

Querol exhibió fe devota en una pelota imposible. Su colega Pitarque le animó a correr desde el firmamento. Era la primera carrera de la tarde. Apenas los hinchas habían endulzado su café. A veces, el fútbol provoca milagros. Premia a los soñadores. El ejercicio de generosidad de Querol tomó sentido. Fue un grito de honestidad. El central del Mallorca Yuste y el arquero Cabrero cometieron una confusión surrealista. Sólo Hitchcock y el bote a lo conejo del balón adivinaron el porqué de ese error. También Querol, que se coló por una grieta invisible. El atacante acarició la pelota con la puntera y se manchó de barro. Cabrero le derribó. El penalti frotó las manos gélidas de las gentes. Sólo Miramón halló desencanto. Estrelló la culminación en el cuerpo de Cabrero, un gigante imponente experto en el oficio de atajar. La esperanza se transformó en hastío.

Ni siquiera el penalti acabó con un Reus voraz, que alternó instantes deliciosos con el dolor de muelas que provocó el Mallorca, sin chillar, sólo susurrando. Su ternura defensiva contrastó con el instinto caníbal de sus delanteros. Cuando conectaban James, Lekic y Lago el paisaje se aclaraba para el Mallorca, inmerso en ese estado de búsqueda con prisas que provoca su situación pre-depresiva.

Lekic mandó un aviso a los 10 minutos. Advirtió al poste, con una tijera estética de delantero cumbre. Desde el vértice de la grande. Lekic es de esos tipos que sólo avisa una vez. Ninguna más. Lo comprobó el Reus en una transición meteórica del rival. De dos toques. Moutinho filtró una pelota entre Pichu y Olmo, desajustados. Lekic controló con sutileza y eliminó a Badia con un remate puntual. Sin adornos pero eficaz. Se habían consumido 16 minutos.

El valor del Reus fue no marchitarse. Su cerebro anda repleto de firmeza. No se descose con los golpes, el ejercicio de compromiso extremo va con el ADN semanal. Su pecado capital sigue encontrándose en la contundencia. No acaba nada. Crea muchísimo. Atienza cabeceó en la boca del lobo una estrategia golosa. Cabrero se estiró con plastilina para ser Súperman.

Campins exhibió un progreso asombroso, a pesar de la juventud de sus días. Si arranca resulta una utopía instalarle aduanas. Se resiste a pagar la autopista. En él, el Reus encontró soluciones de amplitud. Conquistó el fondo con frecuencia y sirvió golosinas. Máyor no había cargado el armamento. Se evaporó un tiempo con el sinsabor del todo y la nada. El Mallorca parecía feliz, aunque desconfiaba.

Las expulsiones

Moutinho despertó el terror cuando impactó la pelota con violencia y la ajustó a la madera derecha de Edgar Badia, que se había desplegado por si acaso. Olaizola asentía con la cabeza conocedor de que sus chicos no podían esquivar ese instante cumbre. Pasó de todo. Incluso una expulsión por equipo. Se autoeliminó Jorge. Supuestamente por llamarle algo feo al juez. No hubo tiempo para masticar. Querol, un experto en rascar amarillas a los enemigos, devolvió alivio al partido. Se dolió con una entrada aparatosa de Saúl. La segunda amarilla. Diez contra diez.

Fue entonces cuando Natxo confió en la rotación. Su pizarra cobró sentido. Vítor y Fran le dieron razón, sobre todo el portugués, que entendió lo que pedía el juego. Enseñó rápido su condición de VIP, porque tomó el balón con frecuencia. El artista alumbrado por el foco. No existe escenario más idílico. En cambio, Sasa se asustó cuando divisó la sentencia. Se plantó ante Badia y el corazón aceleró pulsaciones. Se olvidó de rematar. El Mallorca se retorcía en lamentos.

Fran penalizó la compasión visitante segundos después. De su afán incansable salió un pase a lo Laudrup. Seguramente él ni lo imaginó cuando pidió clemencia desde el suelo. Solo la computadora de Máyor interpretó la acción. El punta se refugió en la espalda de los centrales e inició una carrera gloriosa. Ante Cabrero la cruzó con exactitud. Era el premio al querer, a la constancia infinita. Los empates sólo se valoran cuando ya has perdido. Bienvenido sea en esas tardes de medallas y arañazos.

 

Reus: Badia, Campins (Haro 85'), Olmo, Atienza, Ángel, Folch, Garay, Miramón (Vítor 67'), Querol (Carbia 72'), Jorge Díaz y Máyor.

Mallorca: Cabrero, Domingo, Saúl, Rodríguez,Yusté, Vallejo, J.Domínguez, James, Moutinho, Lago Junior y Lekic.

Goles: Lekic (17') 0-1. Máyor (75') 1-1.

Árbitro: Pedro Jesús Pérez Montero (comité andaluz). Mostró cartulina amarilla a Saúl (min.39), Héctor Yuste (min.42) y Lekic (min.61), por parte visitante. Expulsó al local Jorge Díaz con tarjeta roja directa (min.64) y al visitante Saúl (min.66), este último por doble amarilla.

 

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