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Metidos en el barro (Reus 0-1 Huesca)

El Reus vuelve a perder en casa, esta vez ante el Huesca, con un gol astral de Samu Sáiz en la recta final. Los rojinegros, muy tiernos ante el gol, caen definitivamente a la zona peligrosa por la permanencia

Marc Libiano Pijoan

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Los jugadores del Reus lamentan el gol de Sainz. FOTO: Alba Mariné

Los jugadores del Reus lamentan el gol de Sainz. FOTO: Alba Mariné

Vítor se había enredado en un balón en zona de máximo riesgo. Decidió tocar el violín cuando el escenario pedía batucada. El Reus concedió un córner peligroso en la agonía, con el Huesca alterado en el ánimo, en pleno noviazgo con el éxito. Samu Sáiz esperó pisando la cal, interpretó un rechace en su almohada de los sueños. Esa pelota cayó en el lugar que él imaginó. Llovió mordida y Samu preparó la munición. El golpeo fue de Walt Disney. Sáiz se acordó de Zidane porque la volea resultó igual de estética. La única distancia entre los dos personajes la marcan los apellidos y las Copas de Europa. El gol enloqueció al Huesca, con el tiempo consumido. Encumbró la figura de Samu, un futbolista muy superior a la que categoría a la que ahora pertenece. Todo lo que enseñó en el Estadi se arropó en la coherencia. Especialista en hallar zonas muertas, velocidad y talento para desnudar grietas.

El Reus agachó la cabeza porque probablemente su esfuerzo, el derroche de energía que exhibió, incluso el fútbol, mereció más agradecimiento. El resultado le mete en un charco embarrado, porque el futuro ya no se atisba sencillo. Y eso que el equipo volvió a generar suficiente reparto de ocasiones para campeonar con solvencia, pero la escasez de contundencia le castiga. Resulta una utopía pretender que cada domingo Badia guarde virgen su arco para aspirar al premio. El juego de los de Natxo, hoy, es como un chuletón sin sal. Agradable para los ojos, pero sin el condimento de la diferencia. En este caso, el gol.

La ternura rojinegra quedó expuesta ya en el parcial inaugural, con dos ocasiones de Fran, que se había colado en el once una eternidad después. Quedan muy lejos esos seis aciertos. Fran es un aventurero sin vértigo al riesgo. Ardía su corazón en cada arranque. Quería repartir caramelos. Miramón se sumó al baile. Probablemente firmó su mejor obra en el Estadi. Muy alejado de su hábitat, por cierto. Actuó de lateral derecho. Ayudó la valentía que le puso al asunto. Miramón conquistó el fondo muy a lo Benito. Precisó un servicio a la cabeza de Fran. La mano de Herrera impidió el éxtasis. El pequeño atacante conectó sus piernas para ganar una carrera de apariencia estéril. Cerca de la frontal armó un disparo venenoso que lamió la madera.

Cada ofensiva del Reus terminaba en suspiros lamentosos, incluso con alguna mano en la cabeza. Suele ser así. Rutina desesperante. Máyor provocó la siguiente manifestación de hastío. Recibió de Ricardo para cabecear a la red. Salió por el fondo. La única respuesta visitante había emergido de un balón parado que David López, desde la esquina, acompañó a la cruceta. El Huesca, eso sí, desprendía olor polvorosa cuando sus enganches sentían el peligro. Era una sensación casi terrorífica. A pesar de ello, Badia vivió sin alarmas hasta el himno de punk de Samu Sáiz.

En cambio Herrera precisó del disfraz de Spiderman para sujetar otro latigazo de Fran, previo desequilibrio fascinante de Miramón. Otra por vez por la autopista diestra. Miramón, de reojo, observó el movimiento de su colega a la corta. Se la cedió para empujarla, pero Herrera, con sus interminables pies, evitó el gol. También lo evitó minutos después, con el partido metido en la frontera del bien y del mal. Los dos equipos parecían equilibristas en un fino hilo.

La barba mecánica de Ángel arrastró hacia tres cuartos. Fue poderoso el lateral, que además ejerció de Laudrup en una noche con el Dream Team en el Camp Nou. Envió la pelota al espacio con buen gusto, ideal para que Máyor acabara con la depresión. El punta eligió sortear la salida de Herrera, que se estiró como un chicle. El portero le ganó la batalla psicológica y le arañó el balón. Samu, mientras, sonreía en la distancia. Guiñó el ojo y se encargó del resto. Su volea iluminó Huesca y todo Aragón. Metió al Reus en el barro.

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