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Nadie imaginó a Salvat

El Reus levanta su primera Lliga Catalana después de superar al Moritz Vendrell en la final (3-1), con dos goles del canterano y otro de Casanovas. Edu Fernández ha anotado para los vendrellenses

Marc Libiano Pijoan

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Los jugadores del Reus posan con la copa de campeones. Foto: Reus Deportiu

Los jugadores del Reus posan con la copa de campeones. Foto: Reus Deportiu

Nadie esperaba a Salvat. Sólo él mismo pensó en cómo birlar la atención de los focos a esa constelación de estrellas que adornan el nuevo proyecto de su Reus. Porque él puede presumir de raíces. Se educó en la Calle Gaudí. A Joan le llegaron a colocar en varios destinos veraniegos. Su renovación anduvo en tela de juicio, pero decidió resistir. Quedarse. En el primer día señalado compareció entre el glaumouroso desfile de Igualada, además ante ese Vendrell que tanto ha incomodado en los últimos tiempos.
Joan Salvat no enseñó nada nuevo. Fue ese derroche de energía incontrolable que suele ser. No hablamos del jugador más purista del planeta. Tampoco aspira a ello. Su perfil responde a otra cosa. Va más con el corazón que con la estética. Va y va siempre. A veces con excesiva imprecisión. Se trata de comprenderle. 
El canterano no solamente terminó por decantar el primer título para el Reus, también mandó un mensaje a su entrenador. Con rendimiento y sin levantar la voz. La Lliga Catalana sólo se valora si la levantas. Es la primera piedra del Reus, que empezó a iluminar una propuesta que le exige en cada segundo.
En el otro lado de la orilla esperaba Jordi Garcia y su Vendrell, un equipo que envió señales terriblemente optimistas. Acabó desorientado por las prisas que provoca el consumo del tiempo. Quizás gestionó mal los instantes del temblor, pero en septiembre no se consolida nada. De hecho se deciden pocas cosas. Lo sabe Garcia, que maneja recursos para construir un equipo gigante.
Dos propuestas distintas
En realidad, se cruzaron en Igualada dos conductas distintas. El Reus ama el vuelo alto, el vértigo, a veces se siente feliz en el desorden. Lo convierte en virtud. En parte, porque sus atacantes piden libertad para expresarse. En las idas y venidas se sienten poderosos. Para aspirar a esta filosofía se precisa una portería de máximo nivel. Parece disfrutar de ella el Reus con el imponente Pedro Henriques. 
En cambio, el Moritz respira con el cerebro, aspira a controlar detalles y manejar los partidos desde la riqueza táctica y el control. Se avanzó con una acción tan prehistórica como incontrolable. En el fondo, Jordi Ferrer arrastró y soltó la pelota al primer palo. La escupió a la red el pillo Edu Fernández, en ese oficio del remate de primeras que tanto domina. Fue en la puesta en escena. Nadie ha hallado soluciones definitivas para defender el primer palo.  El Reus decidió no visitar el manicomio. Se le esperaba y emergió en unos minutos deliciosos de Torra, cada uno de sus fundamentos ofensivos provocaban asombro. Eso sí, igualó Casanovas. De pena máxima y al segundo intento. Recogió el regate, se arropó en el gancho ante Molina y definió al ángulo. 
Pedro Henriques respondió con un guiño a los que le catalogan de especialista en la pelota parada. Le atajó dos directas al Moritz en instantes culminantes. Esperó a la llegada de Salvat, ese entusiasta que nunca ha dejado de soñar con grandeza. Justo antes del respiro, en un zarpazo que se antojaba estéril, batió a Molina entre piernas. Ventaja para el Reus.
El destino le había guardado la gloria a Joan . Primero le hizo sufrir. La anularon un gol presuntamente ilegal cuando se intuía lo contrario. Acabó con la resistencia del Moritz en un cuatro contra tres del Reus repleto de criterio y que hasta alcanzó la belleza en su ejecución. A cinco minutos para el punto y final. Salvat apartó el star system para reivindicar la clase media. Los actores secundarios. En el día que nadie le imaginó.

Nadie esperaba a Salvat. Sólo él mismo pensó en cómo birlar la atención de los focos a esa constelación de estrellas que adornan el nuevo proyecto de su Reus. Porque él puede presumir de raíces. Se educó en la Calle Gaudí. A Joan le llegaron a colocar en varios destinos veraniegos. Su renovación anduvo en tela de juicio, pero decidió resistir. Quedarse. En el primer día señalado compareció entre el glaumouroso desfile de Igualada, además ante ese Vendrell que tanto ha incomodado en los últimos tiempos.

Joan Salvat no enseñó nada nuevo. Fue ese derroche de energía incontrolable que suele ser. No hablamos del jugador más purista del planeta. Tampoco aspira a ello. Su perfil responde a otra cosa. Va más con el corazón que con la estética. Va y va siempre. A veces con excesiva imprecisión. Se trata de comprenderle. 

El canterano no solamente terminó por decantar el primer título para el Reus, también mandó un mensaje a su entrenador. Con rendimiento y sin levantar la voz. La Lliga Catalana sólo se valora si la levantas. Es la primera piedra del Reus, que empezó a iluminar una propuesta que le exige en cada segundo.

En el otro lado de la orilla esperaba Jordi Garcia y su Vendrell, un equipo que envió señales terriblemente optimistas. Acabó desorientado por las prisas que provoca el consumo del tiempo. Quizás gestionó mal los instantes del temblor, pero en septiembre no se consolida nada. De hecho se deciden pocas cosas. Lo sabe Garcia, que maneja recursos para construir un equipo gigante.

Dos propuestas distintas

En realidad, se cruzaron en Igualada dos conductas distintas. El Reus ama el vuelo alto, el vértigo, a veces se siente feliz en el desorden. Lo convierte en virtud. En parte, porque sus atacantes piden libertad para expresarse. En las idas y venidas se sienten poderosos. Para aspirar a esta filosofía se precisa una portería de máximo nivel. Parece disfrutar de ella el Reus con el imponente Pedro Henriques. 

En cambio, el Moritz respira con el cerebro, aspira a controlar detalles y manejar los partidos desde la riqueza táctica y el control. Se avanzó con una acción tan prehistórica como incontrolable. En el fondo, Jordi Ferrer arrastró y soltó la pelota al primer palo. La escupió a la red el pillo Edu Fernández, en ese oficio del remate de primeras que tanto domina. Fue en la puesta en escena. Nadie ha hallado soluciones definitivas para defender el primer palo.  El Reus decidió no visitar el manicomio. Se le esperaba y emergió en unos minutos deliciosos de Torra, cada uno de sus fundamentos ofensivos provocaban asombro. Eso sí, igualó Casanovas. De pena máxima y al segundo intento. Recogió el regate, se arropó en el gancho ante Molina y definió al ángulo. 

Pedro Henriques respondió con un guiño a los que le catalogan de especialista en la pelota parada. Le atajó dos directas al Moritz en instantes culminantes. Esperó a la llegada de Salvat, ese entusiasta que nunca ha dejado de soñar con grandeza. Justo antes del respiro, en un zarpazo que se antojaba estéril, batió a Molina entre piernas. Ventaja para el Reus.

El destino le había guardado la gloria a Joan . Primero le hizo sufrir. La anularon un gol presuntamente ilegal cuando se intuía lo contrario. Acabó con la resistencia del Moritz en un cuatro contra tres del Reus repleto de criterio y que hasta alcanzó la belleza en su ejecución. A cinco minutos para el punto y final. Salvat apartó el star system para reivindicar la clase media. Los actores secundarios. En el día que nadie le imaginó.

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