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Natxo completa su búsqueda

El técnico del Reus consigue su segundo ascenso con el cuadro rojinegro, después del logrado en 2005 para subir a Segunda B

Iñaki Delaurens

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Imagen de archivo de Natxo González, en el Estadi municipal.FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

Imagen de archivo de Natxo González, en el Estadi municipal.FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

Apretaba caliente en Rialp. El pasado verano el Reus realizó su stage de pretemporada bajo un sol molesto e insistente. Resulta paradigmático; los equipos huyen del calor a las montañas para tener una puesta a punto lo más agradable posible. «Por las noches cuesta dormir y todo», admitía el preparador Natxo González, después de una sesión con la plantilla rojinegra mientras, en los sofás del hall del hotel de concentración, compartía una charla meramente futbolística para abrir apetito antes de la cena.

El curso anterior, el cuadro reusense había sido eliminado del play off contra el Racing de Ferrol a las primeras de cambio, pero el club dio continuidad al proyecto del vitoriano y llegó la preparación veraniega. El entorno de los Pirineos ofrece el escenario perfecto para hablar sin presiones, el fútbol por placer, y conocer a Natxo en corta distancia. Un ajedrecista que juega con un tablero de césped y dos porterías.

Nacido en Vitoria (1966), su carrera como futbolista no fue próspera. Jugó en el juvenil de División de Honor del CD Aurrerá y luego dio el salto a Tercera División con el CD Alegría. Pero su mente tenía otras inquietudes. Desde joven se preparó para ser entrenador y colgó las botas a los veinte años para coger la carpeta. Su primera experiencia como técnico fue en el CD Ariznabarra. Tras ocho años en el club de su barrio, el Alavés lo reclamó. Allí estuvo nueve campañas, en las que dirigió el juvenil albiazul de División de Honor, alcanzando una final de la Copa del Rey; y subió al Alavés B a Segunda B logrando la permanencia, antes de volar a Reus.

Aterrizó en el club rojinegro el 12 de junio de 2003 vestido con traje y corbata; desde el primer momento dejó huella de un estilismo cuidado. El Reus acababa de descender a Tercera y su entrenador para esa temporada era Josep Maria Gonzalvo. Natxo fue presentado como director técnico, por el presidente Jesús Palau y el directivo del área deportiva Xavier Llastarri, bajo la premisa de «estar lo más arriba posible».

Debut en el banco reusense

Tras una actuación precoz del Reus en el play off, en junio de 2004 el entonces nuevo presidente Llastarri apostó por Natxo como técnico del primer equipo. Él lo tenía claro: «Personalmente tenía dos opciones: seguir aquí o marcharme. Creo que debo seguir porque se me ha tratado muy bien desde el primer día».

Aquella temporada (2004/05) logró el ascenso a Segunda B ante el AD Mar Menor, pero ni en los momentos jubilosos dejaba de lado su semblante serio, como recogen estas líneas: «González, pese a la gran alegría por el triunfo, se mostró comedido en todo momento, aunque al final como todos los jugadores, acabó pasando por la ducha».

La aventura en la categoría de bronce duró un año. El club descendió pero Natxo continuó al frente de la plantilla y la 2006/07 se clasificó de nuevo para el play off. En la eliminatoria decisiva ante el Betis B, el Reus se quedó a las puertas del ascenso. «No soy un técnico con flor», dijo el vitoriano que tomó una decisión amarga. Había cumplido un ciclo como entrenador. El 26 de junio de 2007 anunciaba su adiós, tras cuatro años, con lágrimas en los ojos.

El estilo de Natxo siempre ha levantado la admiración de sus iguales. Como el juego, su filosofía ha evolucionado en el tiempo. Si en sus años iniciales se podía distinguir por armar una defensa pretoriana, actualmente combina esa solidez con un fútbol de ataque dinámico que, como en el Sardinero (0-3), es reflejo de ambición.

Es un perfeccionista que intenta abarcar todos los registros imaginables. Cuando se dirige a un grupo, a veces es arisco, seco, pero en el trato personal despliega empatía y se muestra cercano. No le causa insomnio que no anote un ariete que lleva dos meses sin marcar, siempre que el equipo muestre consistencia, gane y, para redondearlo, juegue con encanto. Como decía Tony Soprano: «Para ser un buen líder hay que tener visión de conjunto».

Las maneras de Natxo despertaron el interés de Pep Guardiola cuando estaba con el Barça B en Tercera (2007/08). El vasco dirigía al Sant Andreu y tras un choque ante el filial azulgrana, el hombre que cambió la idea de entender el fútbol en la era contemporánea buscó a Natxo para charlar sobre tácticas que éste aplicaba, sobre todo en defensa. Sus caminos se reencontraron cuando, tras su paso por el Sant Andreu, el de Vitoria se quedó sin trabajo y Guardiola le escribió una carta de recomendación. Al poco, Natxo fue nombrado entrenador del Alavés, el club de su ciudad natal.

Segunda etapa de rojinegro

En junio de 2014 el Reus –con Joan Olivé de máximo accionista y Llastarri de presidente– anunció la vuelta de Natxo al banquillo rojinegro para liderar la aventura más ambiciosa en la historia del club: subir a Segunda A. Volvió con dos ascensos bajo el brazo –del Sant Andreu a Segunda B y del Alavés a Segunda A– y una Copa Catalunya con los quatribarrats. Aquel Natxo era diferente al de la primera etapa. Estaba más delgado, con más canas. Eso sí, el flequillo seguía en su sitio y vestido de americana y camisa, dejando la corbata en el armario. Con ese look informal pero coqueto advirtió: «Si no gano, estoy jodido».

No le ha ido mal estos dos años. Su sistema de trabajo ha seguido siendo una fórmula del éxito: play off el primer año con un equipo compuesto casi de cero y ascenso en el segundo con un bloque consolidado. Después de que el club comunicara su continuidad el verano pasado, Natxo auguró con suerte de chamán: «El primer objetivo es entrar en el play off, el segundo acabar primero y el tercero ascender».

En abril, alcanzó los 200 partidos de rojinegro y en una entrevista con Marc Libiano, compañero de redacción, sólo había agradecimiento hacia el Reus. «Estoy en mi casa», declaraba al tiempo que reconocía que ha aprendido a gestionar victorias y derrotas, pero nunca desconecta: «He conseguido ascensos y en la misma celebración pensar en el mañana, en qué renovaciones puedes hacer o qué salidas puede haber. Nunca alcanzas la plena felicidad».

El ascenso a Segunda A es el mayor logro en los 107 años del Reus. Sin quererlo la vista se posa en Rialp, allí se gestó una temporada histórica. Aquel estratega, que no podía dormir por el calor, estaba ideando un guión con un final glorioso. Quien sabe si, al fin, ha encontrado la felicidad completa.

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