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Ni vencedor ni vencido (Reus 0-0 Granada)

Reus y Granada empataron a cero en un encuentro en el que las grietas en defensa no aparecieron. Solo Campins estuvo a punto de inclinar la balanza

Juanfran Moreno

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Javi Varas atrapa un balón en la línea de gol. Foto: Alfredo González

Javi Varas atrapa un balón en la línea de gol. Foto: Alfredo González

Permítanme que les recuerde que en el fútbol, como en la vida, no todo son sonrisas. Los escenarios paradisiacos para las documentales. Hay partidos con tintes artísticos y partidos con tintes bélicos. Ayer, tocó la segunda opción. Ambos conjuntos tuvieron la serenidad de aceptar lo que se les venía encima. Tocó ponerse el mono de trabajo. El frac, al armario.

No les miento si les digo que fue un choque predestinado al cero a cero. El fútbol a veces da sorpresas, pero ayer no iba a ser el caso. Con cero disparos a puerta del Reus y tres del Granada, sin peligro, hubiera sido un milagro que la balanza se hubiera inclinado.

Solo Campins congeló almas con un disparo a bote pronto que se marchó rozando el palo corto de la portería de Javi Varas. Hubiera sido un golpe descomunal al Granada. Un KO en toda regla. Tampoco hubiera sido justo. Fue una guerra en la que no hubo ni vencedor ni vencido.

Sacó el Reus su faceta más vertical. No tuvo opción. El Granada le obligó a ello. La presión alta de los nazarís fue incesante. Marcaje individual a Carbonell, en el pivote, Olmo y Atienza. Todo con un objetivo, cortocircuitar la fluidez de los rojinegros en la salida del balón.

Por ello, López Garai decidió encomendar un registro alternativo a los suyos. Precisamente, si algo sabe hacer el Reus es adaptarse a las diversas tesituras que un encuentro suele poner por delante. Es un equipo ‘darwiniano’ en todos los sentidos. No era día para pinceles. Tocaba ‘armarse’

El Reus-Granada fue un duelo disputadísimo en todas las facetas del juego. Foto: Alfredo González


En ese escenario, la figura de Lekic cobró un rol vital. El serbio se convirtió en el epicentro del ideario rojinegro. A él le buscaban de manera constante mediante envíos largos que sorteaban la medular de forma evidente. Sin embargo, le tocó una pareja de baile de esas que desquician. Chico Flores curtió su cuerpeo en la Premier League con el Swansea. Ayer, demostró aptitudes soberbias en esa faceta del juego. De esos que irían a la guerra con un tenedor.

No hubo grietas en la retaguardia nazarí. Tampoco en la rojinegra. En el segundo caso no sorprende. Demostraron que lo de Tenerife fue un accidente aislado. Recuperaron la versión más solida en defensa. Olmo y Atienza miraron a los ojos a Adrián Ramos, Espinosa, Joselu, Rey Manaj… Unos cuantos más para la colección. No juzguen a los delanteros del contrario cuando la pareja de centrales del Reus anda de por medio. Siempre apagan la luz. 

La primera parte llegó a su fin con cero disparos a puerta. Qué fácil resulta explicarse cuando los números hablan por si solos. Badia y Javi Varas no se mancharon los guantes. De hecho, no contemplaron peligro ante sus ojos. Era normal, tenían delante una guerra de trincheras imponente. Allí no se regalaba ni el agua. 

Ocasiones tras el descanso

En la segunda mitad, ambos equipos amagaron con romper cadenas. A punto estuvo el Granada de hincar el diente, pero Joselu se quedó con la miel en los labios cuando embocaba en el segundo palo. Resultó curioso ver al ariete de Cartaya escorado en banda izquierda. Pierde potencial. Alejar a un ratón del área de su hábitat natural es cuanto menos arriesgado. La apuesta no salió bien. Al menos con balón. A nivel defensivo se puede hacer otra lectura totalmente distinta. Estuvo atento a las coberturas. Su equipo lo agradeció. 

Quiso responder el Reus a las primeras de cambio. Metió el miedo en el cuerpo con dos acciones consecutivas. En la primera fue protagonista Juan Domínguez con una internada en el área que terminó con un disparo cruzado que repelió la defensa nazarí. Aquello de ver puerta para otro día. 

Sin tiempo para el lamento, Campins volvió a vislumbrar la gloria. Empaló un balón peinado de Olmo en el primer palo con una naturalidad rutilante. Fue un milagro que ese cuero no encontrará puerta. Javi Varas todavía mira de reojo su palo corto. 

Y aunque parezca mentira, allí murió el partido. Al menos, en cuanto ocasiones. Ambos conjuntos agotaron los cambios, pero en aquel guion no había sitio para sobresalto alguno. El árbitro señalóel final y los dos equipos se dieron la mano de forma honesta. Como caballeros. Así se comportaron. El partido fue una guerra, pero sin un mal gesto por parte de nadie. Se agradece.

El Reus se despidió en el Estadi del 2017 con un cero a cero. Ni tan mal. Un punto frente a uno de los gallitos de la categoría. Lo habitual. 

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