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No pasa nada (Eldense 3 - 2 Nàstic)

El Nàstic cayó en Elda en un partido que no trae consecuencias ya que una victoria en casa ante el Huracán le daría el campeonato. La expulsión de Marcos y un riguroso penalti permitieron a los alicantinos remontar el gol de Rayco
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Guardiola engaña al portero Reina y marca de penalti el gol que suponía el 3-1 del Eldense frente al Nàstic, en el duelo de ayer.  Foto: Vicen Muñoz

Guardiola engaña al portero Reina y marca de penalti el gol que suponía el 3-1 del Eldense frente al Nàstic, en el duelo de ayer. Foto: Vicen Muñoz

La derrota vino al encuentro del Nàstic en Elda. Dos meses hacía que no perdían. Se ha perdido la costumbre y aunque sea una derrota asumible, duele. No pasa nada por que la situación sigue siendo ventajosa. Ganando al Huracán Valencia la próxima jornada en el Nou Estadi el primer puesto será un hecho. Y si no, todavía quedarán tres partidos para certificar el primer puesto. Pero perder siempre da cierta rabia. Los granas no fueron peores. Cometieron errores, sí. Marí no cerró bien a Sergi Guardiola , estrella del Eldense, y el delantero se sacó un derechazo que puso en la escuadra de la portería de Reina. Tampoco taparon el espacio a Doménech en el segundo gol. Pero no ayudaron ciertas decisiones del colegiado andaluz Chavet García. No tanto por la expulsión de Marcos –en un rifirrafe típico de los que se producen en el área antes del lanzamiento de una falta–, ni tampoco por el penalti de Azkorra –discutible– sino por un fuera de juego de Marcos, con el 1-1 en el marcador, cuando el delantero había arrancado claramente desde campo propio y se plantaba solo ante el meta Alberto.

Al cuadro grana le pudo faltar cierta ambición. Sobre todo cuando mandaba el electrónico 0-1. Pudo matar el choque. El empate de Huracán permitía cierta relajación. Cualquiera que fuera el resultado en Elda en nada afectaría en el futuro inmediato. Y eso se notó en el juego. Se peleó como siempre, aunque hubo pérdida de concentración en determinados momentos.

En clave positiva, es destacable la personalidad del equipo. Ese arranque final de rabia. Con 3-1 y uno menos, sacó garra para recortar distancias, con el tanto de Azkorra, y acongojar a un Eldense que se las traía muy felices tras el gol de Guardiola. No sirvió para sumar, pero sí para lanzar un mensaje de cara a los futuros rivales: ni jugando con diez, ni con un penalti en contra, ni con el marcador en 3-1 se puede dar al Nàstic por vencido. Es el líder, un equipo rocoso, que resiste hasta el final.

El choque arrancó marcado por la situación de ambos equipos. Relajación contra nerviosismo. Ante la necesidad del Eldense el Nàstic puso sensatez con un fútbol sin riesgos. Era cruzar la divisoria y el miedo atenazaba al cuadro local. Aridane fue la primera víctima de ese pánico a una derrota que le situara en el abismo de la Tercera. El central local controló largo ante la presión de Rayco y el canario le arrebató el balón. El jugador grana superó con facilidad al meta, pero el propio Aridane remendó su error al despejar el cuero de debajo de los palos.

El Nàstic empezó a manejar el partido a su antojo. Minimizando errores y tratando de sacar provecho de la calidad individual. Como la de Giner que se marchó fácilmente de su lateral y le puso la pelota a Rayco para que el delantero anotase su duodécimo gol de la temporada. El 0-1 acrecentó los síntomas. Más inquietud en el cuadro local y más seguridad en el visitante. Los de Vicente Moreno jugaban a placer. Tocando a lo fácil y evitando caer en la precipitación.

El tiempo parecía pasar sin sobresaltos, hasta que Sergi Guardiola, a segundos del descanso, hizo una obra de arte. Marí le deja girarse y el delantero centro local colocó el esférico en la misma escuadra. Empate y al vestuario.

Tras la reanudación, el Nàstic seguía con el partido bajo control –incluso se pudo avanzar en una jugada anulada por un fuera de juego inexistente de Marcos– hasta que Chavet García, el árbitro andaluz expulsó a Marcos por una supuesta agresión. La típica lucha en el área para ganar la posición antes del saque de esquina. Cayó al suelo el jugador del Eldense y el colegiado señaló a Marcos y le mandó a la ducha. La expulsión dejó tocado al Nàstic, mientras animaba al cuadro alicantino que veía opciones de tumbar al líder. Las ideas escaseaban, pero apareció Doménech para enganchar una volea que superó a Reina.

Si el 2-1 ya parecía un resultado en desacorde con lo visto sobre el terreno de juego, el 3-1, se hizo excesivo. Un tanto que llegó de otra decisión rigurosa. Un penalti de Azkorra discutible.

El Nàstic no se abandonó. Ni el marcador, ni los olés de la grada eran merecidos. Con un hombre menos, se rebeló. Con un ataque rápido, Rayco sirvió el gol a Azkorra que recortó distancias. El gol del empate no llegó. Se reservó para el próximo domingo. Cuando esperan, ante un Nou Estadi lleno, lograr el campeonato.

 

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