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Nàstic: Mucho por hacer

En tres partidos el Nàstic no ha experimentado ninguna evolución, sino más bien todo lo contrario

Jaume Aparicio

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El Nàstic de Carreras está verde. Muy verde. Más de lo que tocaría a estas alturas de la temporada. Con tres partidos la sensación es que el equipo apenas ha iniciado la fase de construcción. Como si acabaran de aprobarse los planos y comenzaran las actuaciones sobre el terreno.

Contra Almería y CF Reus preocupaba el ataque. La falta de circulación de balón limitaba el juego ofensivo a los balones colgados a Barreiro. Eran  el único recurso viable para amenazar al portero rival ante las pocas perspectivas de hacer llegar el cuero por el suelo. Las pocas ocasiones, fruto de ráfagas de inspiración no gozaban del acierto de cara a puerta.

El medio del campo, en la receta ofensiva, era inexistente. Mesa y Tejera se limitaban a presionar tímidamente y resguardar la ropa, viendo bolar la pelota sobre sus cabezas. Un desperdicio para tanto talento como tienen los dos mediocentros granas, relegados a funciones de recuperadores desde la distancia. Entre ellos y Molina, pivote defensivo, había más de 30 metros.

El Sporting devastó en 15 minutos lo único que se había aguantado con pinzas, la defensa. En dos pases, los jugadores asturianos destrozaron cualquier rastro de esquema armado. Los futbolistas granas parecían piezas desperdigadas por el tapete sin conjunción alguna. 

Fallos garrafales

Los errores individuales facilitaron la tarea del rival. Perder un balón cuando tu equipo está iniciando la fase de ataque suele ser mortal. Si a ello le sumas un sistema descoordinado, el resultado no puede ser otro que la goleada.

Lo más raro de todo, es que en la pretemporada, el equipo lució una imagen compacta. De equipo competitivo, sacrificado, intenso. ¿Dónde ha quedado? La competición se ha llevado todas las buenas sensaciones. La diversión y el refinamiento ha dado paso a la desesperación en la grada del Nou Estadi. 

El sistema defensivo es el primer aspecto que debe solucionar el equipo de Carreras

En tres semanas se ha revelado una vulnerabilidad en todas las líneas. Desde que el Almería marcó el 0-1, los plomos se apagaron. Los síntomas de descomposición y falta de sincronización en los movimientos corales aterran. 

Eddy Silvestre y Jon Gaztañaga no han tenido tiempo de asumir el sistema. Ni ellos, ni por lo visto, casi nadie. El azerbayano, debutó con tres sesiones de entrenamiento, mientras que Carlos Blanco ni siquiera ha tenido la oportunidad de entrar al campo. Tampoco Sandro Toscano. Por no decir, Bernabé Barragán. Todos ellos fichajes de este verano.

Las bajas no contribuyen a dar estabilidad y permitir a Carreras tener más recursos. La más dolorosa ha sido la de Djetei. Por duración y porque el central camerunés iba a ser uno de los puntales del equipo.

El virus FIFA dejó al equipo sin laterales derechos, mientras que hizo un flaco favor al relevo de Dimitrievski. Perales acusó los nervios del estreno que le hicieron parecer peor de lo que es en realidad.

Carreras, tras pedir perdón a la afición por la imagen de su equipo, señalaba que la solución pasaba por el trabajo. Más trabajo por parte de todos. Deberán hacerlo rápido. Poner la quinta en los entrenamientos y ensayar todos los movimientos para hacerlos eficientes. No hay tiempo que perder. 

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