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Nàstic: Soluciones de choque

El club plantea soluciones drásticas para tratar de movilizar a la plantilla

Jaume Aparicio López

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El once de Almería presentó un equilibrio entre fichajes y jugadores del año pasado. FOTO: UD ALMERíA

El once de Almería presentó un equilibrio entre fichajes y jugadores del año pasado. FOTO: UD ALMERíA

El Nàstic está hecho trizas. La imagen del equipo en Almería fue deprimente. Apenas apareció en la segunda parte tras la expulsión de Gerard Valentín. Aunque no se entiende si fue por mérito propio o demérito del rival. Seguramente más lo segundo, porque en cuanto los andaluces apretaron llegaron el segundo y el tercer tanto. El cuadro grana es colista, a cinco puntos de la salvación. No es tanta diferencia. Lo peor son las sensaciones. Entre la apatía y la impotencia. Llegados a este punto, la pregunta que se hace cualquier aficionado del Nàstic es: ¿De quién es la culpa? Inmediatamente las miradas se dirigen en cuatro direcciones.

A) El entrenador. Es la ley del fútbol. Si un equipo no funciona palos al banquillo. Los recuerdos se evaporan y la credibilidad desaparece a un velocidad supersónicamente superior a la que necesitó para conformarse.

Moreno lo ha intentado todo. Ha tocado todas las piezas posibles, ha utilizado diferentes sistemas –en Almería tiró del 3-5-2 para armar mejor el bloque– ha introducido variantes, etc. Pero no ha dado con la tecla o no tiene más. Cualquiera caería en la frustración, la impotencia y la rendición incondicional. Vicente Moreno no es así. Seguirá dándole vueltas.

No es la primera vez que se ve en una situación parecida. Sucedió algo similar cuando llegó a Tarragona. El play-off de ascenso a Segunda B se alejaba y los números no cuadraban. Entonces ni siquiera tenía el crédito que se ha ganado en estos años. Pues bien, esa temporada, la 2013-14, el Nàstic enganchó una dinámica ganadora de 17 partidos sin perder.

B) Los jugadores. Todos. Los que han venido, pero sobre todo, los que estaban. De las 11 alineaciones que ha hecho Moreno a lo largo de las 11 jornadas, los ‘del año pasado’ han sido siempre mayoría. Y eso que en la portería Reina ha estado lesionado y tenía que jugar sí o sí un fichaje. Ha habido partidos, como frente al Sevilla Atlético, que la alineación titular solo contaba con Uche y Saja. El resto todos del curso anterior.

La desgana y el miedo a quedar retratados de algunos miembros de la plantilla ha contaminado el vestuario, lastrando el rendimiento de un equipo que funcionaba como un reloj. El club no está dispuesto a dejarse llevar por esta actitud y se plantea medidas drásticas, baloncestísticas. Que le pregunten a Isaiah Harrison, el jugador del CBT que en apenas unos días ya se ha facturado de vuelta a EE.UU. El mercado de invierno se abre en enero. Quedan dos meses. Mientras no se puede fichar, pero sí se puede despedir. Es un riesgo para el equipo perder efectivos, aunque no lo es menos que tenerlos y que resten.

C) La dirección deportiva. Emilio Viqueira empieza a estar cuestionado por la hinchada. Le responsabilizan de despedazar una plantilla que, cabe recordar, fue él quién la creó y de la que todavía queda un bloque consistente, 13 jugadores del curso pasado siguen en el equipo. Es evidente que los fichajes no han funcionado. A excepción de Dimitrievski y Saja, no hay ni uno que se haya ganado la titularidad. Entre los que se perpetuan entre dolores –que uno no sabe qué pensar de ellos, si son desafortunados o se parapetan en elongaciones y molestias excusatorias–, los que parece que la cosa no vaya con ellos –estos tienen doble delito– y los que no tienen calidad para la Segunda división el rendimiento de los ‘nuevos’ es insuficiente.

D) Promoesport. La empresa de Rodri también recibe de los aficionados, acusada de vender por sus propios intereses. Hablando claro, el Nàstic necesita vender para sufragar la deuda. Si te viene un club con un millón y medio de euros, traspasas. Es imposible retener a un jugador, porque no se va a revalorizar mucho más en Segunda.

Promoesport es una empresa y busca rentabilidad, pero no se le puede acusar de falta de tacto cuando decidió invertir en un club hundido, endeudado y rescatarlo. Su entrada a la SAD conllevaba beneficios y concesiones. Todo establecido en los contratos comerciales. Valorar los acuerdos capitalistas con un prisma deportivo es ilógico.

Las culpas, como en todo, se reparten en porcentajes desiguales. Pero ahora se necesita una solución. Y esa, mantengo, sigue estando en la dupla Viqueira-Moreno.

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