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Nàstic: Supo a poco

El Nàstic no pasó del empate ante un Leganés que jugó más de una hora con un jugador menos por la expulsión de Insúa. Achille Emaná falló un penalti en los minutos iniciales

Jaume Aparicio López

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El delantero Achille Emaná se lamenta del penalti fallado en el minuto 12 de la primera mitad. Foto: Pere Ferré

El delantero Achille Emaná se lamenta del penalti fallado en el minuto 12 de la primera mitad. Foto: Pere Ferré

Las esperanzas de tumbar al líder se fueron con el penalti de Emaná. El camerunés elevado como líder y figura del Nàstic ayer sufrió un mal trago. Los genios también tropiezan. Emaná le quiso pegar duro. Romper el cuero con el alma. Tanto empeño que se le fue el tiro por encima del travesaño.

El lamento se incrustó en la grada y en el césped. El equipo de Vicente Moreno lo arrastró durante todo el partido. Ni siquiera la expulsión del central del Leganés Insúa a la media hora de juego sirvió para liberar a los tarraconenses de la pena. Los intentos ofensivos locales fueron tímidos. Faltó malicia y verticalidad en los metros finales. Sólo Naranjo creó sensación de peligro con un tiro que topó con el travesaño. Una vez más quedó en evidencia que al Nàstic le cuesta sacar provecho de la superioridad numérica.

El equipo pepinero demostró porqué está asentado en el liderato desde hace tantas jornadas. Asier Garitano ha confeccionado un bloque sólido y ordenado. Un conjunto que asumió su inferioridad numérica con aplomo. Replegó filas y atemperó el partido para llevarlo a un punto insulso. Aun a costa de dejarse llevar por el dominio del Nàstic y sacrificar el ataque. Trabajó en líneas defensivas para que el guión siguiera aburrido y plano. Justo lo necesario para rascar un punto del Nou Estadi y mantener las distancias entre ambos. Les atrapó el Alavés, que salió victorioso de Santo Domingo de Alcorcón (0-1), pero aguantaron esos cuatro puntos de diferencia que alejan al Nàstic de las plazas de ascenso directo.

Todo sucedió en una primera parte estresante emocionalmente. Con un único cambio en el once de gala en este tramo final, el obligado de Giner por Mossa, los granas salieron a comerse el césped alentados por 11.198 aficionados. Empezó el equipo de Moreno controlando el duelo. Sometiendo a un líder al que no se le veía del todo incómodo como actor secundario.

La primera jugada clave del partido llegó a los 12 minutos de juego. Gerard Valentín rescató esa versión de velocista que tanto enamoraba cuando las lesiones todavía no se habían instalado en su cotidionidad. Bailó a dos rivales. El tercero le hizo caer dentro del área. Penalti que señaló Figueroa Vázquez.

Achille Emaná hizo gala de líder. Cogió el balón sin miramientos. Lo mimó antes de plantarlo en el punto de los once metros. Miró a Serantes. El portero no aguantó la presión. Se tiró a un lado antes de tiempo. Emaná ya venía en carrera. Como la fuerza de la naturaleza que es. En ocasiones descontrolada. Le pegó con excesiva potencia y se le fue a la grada.

Mientras el Nàstic trataba de encajar la ocasión perdida, el Leganés se desperezaba en ataque. Szymanowski empezó a aparecer por la derecha y hacer evidente el poder pepinero en las bandas. Aunque fue por el flanco izquierdo del Nàstic por la que llegó la primera acción de peligro del cuadro madrileño. Entre remates y despejes Gabriel se encontró con la pelota a escasos centímetros de la línea de gol. Tenía mala pinta para los locales, pero el futbolista del ‘Lega’ colocó mal el pie y estrelló el cuero en el travesaño.

El susto llegó justo un minuto antes de la expulsión de Insúa. Una roja que pintaba el partido de cara para el Nàstic. Naranjo robó el balón al propio Insúa que fue agarrando al andaluz hasta que éste, incomodado, remató al cuerpo de Serantes. El colegiado interpretó la jugada como ocasión manifiesta de gol y dejó a los madrileños con diez y una hora por delante.

Garitano actuó rápido y con soltura. Sentó a su futbolista más peligroso, Szymanowski, por otro que le ofreciera mayor capacidad de trabajo defensivo. Le funcionó. Las dos líneas de cuatro siguieron inalterables. Basculando sin descomponerse.

El trabajo de Tejera y Lobato entre líneas no se completaba en los últimos metros. Unas veces por los movimientos en falso de los de arriba y otras por falta de precisión en el pase o en el control.

Aun así, Naranjo volvió a disponer de una excelente ocasión para abrir la lata. Tiró en busca del palo largo del portero, pero se topó con el travesaño.

El descanso tampoco ayudó a refrescar ideas en ataque. El Nàstic encerró al Leganés en su campo pero no supo encontrar, ni provocar, un descosido en la solvente defensa.

Moreno ofreció respuestas en los cambios. Entró Marcos arropado por un público entregado a su ídolo de bronce. Un ‘nueve’ clásico para fijar la defensa y comprometer a los centrales madrileños. No funcionó. Como tampoco los intentos por provocar espacios a la espalda de la zaga pepinera de Aburjania, Tejera y Palanca. El encargo de hacerles llegar el cuero les vino grandes a Suzuki y Molina. No es su función, pero ante la falta de alternativas se vieron inmersos en un trabajo que no les corresponde.

Gerard Valentín y Giner tampoco ofrecían recursos. Su energía se agotaba. El Nàstic se aburría. Buscaba infructuosamente una inspiración que les diera fuerzas suficientes para meterle mano al líder. Los intentos menguaban y el espíritu decaía.

Tan poco sufría el ‘Lega’ que se atrevió a atacar. Y bien que pudo sorprender a un Reina atento que despejó un centro con mala leche.

El pitido final se oyó como una liberación en las filas visitantes. En las granas, el sonido llegó como un ruido lejano, envuelto en los recuerdos de ese penalti que pudo ser y no fue.

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