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Deportes NÀSTIC

Nàstic, fin de la historia

Libros, ensaladas, pretemporadas, ligas, promesas incumplidas, etc. A Enrique Martín no le ha funcionado ninguno de sus juegos de palabras

Jaume Aparicio

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Enrique Martín, técnico del Nàstic, en el banquillo del Nou Estadi durante el encuentro ante el Numancia. FOTO: alba mariné

Enrique Martín, técnico del Nàstic, en el banquillo del Nou Estadi durante el encuentro ante el Numancia. FOTO: alba mariné

Si Mourinho era el ‘puto amo’ de la sala de prensa del Santiago Bernabéu, como le apodó Pep Guardiola, Enrique Martín ha sido el ‘puto amo’ de la Sala de Prensa del Nou Estadi.

La Bruja de Campanas acumula muchos años de experiencia en los banquillos. Domina todas las artes y las ciencias del entorno futbolístico. Sabe qué ofrecer para mantenerlo tranquilo y de su lado. Tiene labia y un libro lleno de discursos para tapar deficiencias, números y resultados con el propósito de ir ganando tiempo de cara a una hipotética recuperación. En Tarragona los ha ido soltando uno a uno hasta agotarlos, mientras los resultados han seguido sin llegar.

Comenzó prometiendo dejar atrás las plazas de descenso antes de Navidad. Un par de malos resultados y sacó su libro. Una obra imaginaria con muchas páginas para llenar. El navarro quería escribir capítulos gloriosos, pero ha acabado redactando demasiadas tardes aciagas.

Ya intuía que esas hojas no apuntaban a un final feliz cuando desterró esa idea e inició la de la ‘liga de Enrique Martín’. Detrás quedaba toda la etapa de José Antonio Gordillo y pedía contar solo con sus resultados. Números que no han mejorado, cuando no empeorado. Tras unos meses de competición aclaró que la preparación física ya estaba a punto. Únicamente en determinados partidos en el Nou Estadi los jugadores han mostrado esa capacidad física para aguantar 90 minutos apretando al rival.

Abrió un casting en las semanas previas al mercado invernal para perfilar el equipo que afrontaría la segunda vuelta. Escogió, junto con la dirección deportiva externa, Antonio Prieto, y el resto de la comisión deportiva, los actores de un desenlace trágico.

Con la nueva plantilla al completo, el técnico se la llevó a Oliva para una pretemporada corta tras la que habló de «equipo» para diferenciarlo del «grupo de personas» que había cuando llegó al Nou Estadi.

Los malos resultados abrieron el debate en el Consejo sobre si destituirle. Le ratificaron. «Me siento como un entrenador nuevo que acaba de llegar».

El tiempo se le acababa y acumuló varios cuentos. La ensalada fue antológica. «Mi equipo es como una lechuga donde faltaban el vinagre, la sal y el aceite», dijo tras ganar al Numancia. El último juego de palabras fue del jueves pasado. La «temporada de diez jornadas» que afrontaba para ser campeón. Pero a la segunda fecha ya se ha perdido la liga. 

Cuentos que han hecho perder la paciencia a la afición. Nadie se cree ya sus ‘juegos de palabras’ como los denominó en la previa al partido frente al Almería. Ni los seguidores, ni tampoco los jugadores, principales receptores de esas historias. Les debían ayudar psicológicamente a afrontar los partidos, pero no han conseguido su propósito. El vestuario no ha visto que esa labor anímica estuviera acompañanada de argumentos tácticos. Instrumentos que les ayudaran a resolver los obstáculos que plantea el rival sobre el césped.

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