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Oda táctica (CF Reus 0 - 0 Villareal B)

Ambos equipos se reparten el botín en un duelo de riqueza colectiva pero de escasa imaginación. Los rojinegros pudieron desnivelar el resultado en el suspiro final, con dos remates de Vítor y Fran, que entraron en la rotación

Marc Libiano Pijoan

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El meta visitante Aitor evita sobre la línea de gol el tanto de falta del rojinegro Vítor Silva. Foto: Alfredo González

El meta visitante Aitor evita sobre la línea de gol el tanto de falta del rojinegro Vítor Silva. Foto: Alfredo González

Vítor agarró el balón en la agonía del partido. El luso vio cabalgar a Óscar Rico, que cayó justo en el lateral del área, escorado en la izquierda. La falta hizo sonar la trompeta de la épica. Era como un córner inglés. Con los hinchas enfurecidos, contagiados por el derroche de energía que transmitió la carrera de Óscar.

Vítor colocó el balón muy a su estilo. Con ese rostro despreocupado que puede llegar a desquiciar. Su actitud generó calma cuando las pulsaciones devoraban las milésimas por segundo. Vítor imaginó un servicio que nadie pudo imaginar. Los genios son así. Resulta necesario entender sus caprichos para admirarles. El portugués interpretó una ejecución directa al primer palo cuando el resto del mundo pensó en un centro al corazón del gol. Con Olmo y Moyano disfrazados de Alexanko, aquel central heroico del Barça.

El disparo de Vítor asombró por su precisión. Cogió portería. Casi lamió el poste derecho de Aitor. Los hinchas preparaban el grito del éxtasis en sus gargantas. Aitor, el arquero del Villarreal B, había dado el famoso pasito hacia el otro lado. El que suele condenar a los que guardan el arco. Su reacción, eso sí, se relacionó con lo imposible. El brazo derecho se estiró como un chicle para evitar el gol y seguramente el éxito del Reus. Incluso hubo quien reclamó el premio fantasma. La duda queda en el aire, aunque no pareció.

Hasta entonces, el juego tuvo mucho que ver con una partida de ajedrez. Los dos técnicos se marcharon a casa con la sensación de que sus chicos habían cumplido al milímetro lo que se había diseñado en la pizarra. Cuando eso ocurre suelen darse los escenarios repletos de rigor, los que huyen del desorden. Nadie discute la riqueza táctica de esa cita de traje y corbata que se presagiaba en el Estadi, aunque escaseó la imaginación. Fue como comerse un chuletón vasco sin una pizca de sal.

Los dos protagonistas consumieron 45 minutos envueltos en una pelea sin cuartel en cada disputa. No regalaron nada. Pusieron el cartel de ‘prohibido’ al equivocarse. Rápido se adivinó que el Reus había trabajado con minuciosidad durante la semana. No dejó espacios a sus espaldas cuando el rival manejaba el balón. Fue militar en cada repliegue. Jamás se descosió.

Cuando le tocó ir al frente se agarró a la paciencia. Amenazó el Reus con la aparición de sus enganches. Si el equipo rompía líneas y llegaba a tres cuartos, Haro, Colorado y Ricardo hallaban campo abierto para generar cosquilleo. El problema radicó en las malas decisiones. Solían confundirse en el pase diferencial.

Nadie recuerda un tiro entre palos en el parcial inicial, pero los detalles del juego lo hacían misteriosamente atractivo. Éste cogió algo más de vuelo a medida que el tiempo se extinguía. La fatiga provoca desmesura, aunque sin espacio para la exageración. Reus y Villarreal B guardaron con criterio la ropa.

El entusiasta Fernando abrió la veda con un movimiento inteligente. Recibió de Haro, pero cuando armó la pierna, Marcos ya había recuperado la posición. Fernando realizó un trabajo de desgaste conmovedor. Se marchó del césped con el vacío que condena a los puntas. Si no hay gol falta vida, suelen pensar.

Carlitos replicó para el Villarreal B a los 51 minutos. Alfonso conquistó el fondo izquierdo y cedió atrás con criterio. Carlos no se creyó tal presente, porque impactó como asustado. Salió mordido el balón y sólo rozó el poste.

Natxo acudió a la rotación para agitar el partido y sus recursos le dieron la razón. Rico, Vítor y Fran aprovecharon el tiempo. El primero, acostado en la izquierda, rememoró viejos tiempos. Óscar inventó el peligro más venenoso del Reus. Primero con un centro que remató Fran y que chocó con Marín, en el suelo, suplicando llegar a esa pelota. Luego sorteó piernas rivales hasta que Carlitos le derribó al borde de la línea. Vítor pudo deshacer las cadenas en esa falta. Aitor, en el alambre, lo evitó.

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