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Orgullo sin reproches (Reus 5 - 6 Vic)

El Reus cae ante el Vic en la prórroga de los cuartos de final de la Copa del Rey

Marc Libiano Pijoan

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Los jugadores del Reus Deportiu, tristes, tras la derrota de ayer ante el Vic. Foto: Alfredo González

Los jugadores del Reus Deportiu, tristes, tras la derrota de ayer ante el Vic. Foto: Alfredo González

Ferran Font esperó en el fondo. Domó la pelota y mantuvo la paciencia con el clima alterado, con los corazones a briorritmos de vértigo. Era la prórroga de un pulso sin descanso. El Vic fue cuerdo cuando los locos se divierten. En el manicomio sólo la pandilla de Pujalte consigue hallar la calma. Font interpretó el doble bloqueo dentro del área del Reus y sirvió al primer palo. Por allí asomó Cristian. Convirtió de primeras. El gol de oro encumbró de nuevo a los osonenses. Parecen casados con ese escenario.

La derrota no consuela. Genera dolor, desencanto, frustración. Da igual el cómo. El Reus nunca la eligió en su guión, quería reivindicarse ante sus hinchas, recuperar aquel espíritu añejo de tiempos de vino y rosas. Su rostro quedó impoluto pero no sonrió. Seguramente sólo se puede elegir una manera de perder. Esa la sufrió anoche el Reus más romántico. Se dejó el alma y toda su entereza física. El esfuerzo sólo encontró la recompensa en el aplauso final de su gente.

Los rojinegros mejoraron sus prestaciones habituales. En parte porque sus tres jugadores franquicia enseñaron versiones cercanas a la excelencia. Platero, Coy y Marín desprendieron una personalidad asombrosa. El equipo pedía su auxilio. Acudieron firmes. Platero recibió un golpe de Font en la cara en la puesta en escena. Suplicó una solución cirujana rápida para el regreso. Los guerreros odian esconderse. El argentino gritó rápido el «chicos, que ya vengo». El dolor no le impidió dibujar una actuación memorable. Defendió como el militar más riguroso, aportó criterio en el juego y se animó en la definición,

Antes, el Vic impuso el ritmo que adora en un intervalo inicial cerrado. Lo desniveló Bancells con una pala cruzada. Sólo eso. Lo preocupante para el Reus era justamente que su rival tomara ventaja. Pocos equipos en Europa manejan el a favor como el Vic. Ayuda su extraordinario comportamiento táctico. Si el Reus pretendía subsistir requería darle un cambio de aire a la noche.

Lo halló a través del incendio. Ayudó el empate de Coy. Como un obrero del área recogió un rechace tras dos remates consecutivos de Marín y Rubio. Grau, el arquero el Vic, a nduvo indefenso en el tercero. El subidón del Reus culminó una directa deliciosa de Marín. El 2-1 trajo éxtasis, aunque el Vic le inyectaba anestesia con sus respuestas contundentes. Ordeig es un especialista de la frialdad. Igualó de penalti, pero el Reus andaba desbocado. No quería detenerse.

En realidad, la locura rojinegra desorientó a los de Pujalte. No lograron mandar el juego a la nevera y en eso corrían ciertos riesgos. Platero escribió el gol de la jornada tras recibir un pase interior de Marín y culminar con un remate a media altura. Una delicadeza de gourmet. Una cuchara de Font a la escuadra llevó la pelea a un final de tintes épicos. Ordeig, Coy, Salvat y Presas lo certificaron con el 5-5.

El Reus se introdujo en la prórroga a una falta del castigo casi definitivo, pero fue cuidadoso. Aguantó. Molina y Grau decidieron cerrar la persiana, aunque Font y Cristian no estaban de acuerdo.

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