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Pablo Del Río huye del ostracismo

Hockey. El delantero gallego buscará en El Vendrell el protagonismo que necesita para explotar su talento

Marc Libiano

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Foto: Alfredo González

Foto: Alfredo González

El negocio no le ha resultado a Pablo Del Río (A Coruña, 21 años), demasiado tiempo sentado y poco escaparate. Menos confianza. Cada minuto que ha dispuesto para exponer sus cualidades se ha convertido en un examen con un millón de ojos analíticos. Y en el Reus no ha terminado de explotar. El desgaste del banco para un chico tan joven, de enorme potencial técnico, puede llevarle a un fatal escenario. Del Río sabe que necesita jugar y el Reus también, no puede permitirse el ostracismo. De ahí su salida al vecino. En El Vendrell va a encontrar más espacio y seguramente un mayor índice de fe. Le esperan con los brazos abiertos.

La cesión es una inversión de futuro para el Reus y una necesidad de presente para El Vendrell. En la calle Gaudí le aguardan de vuelta ya más hecho, sin la necesidad de esperar su adaptación juvenil a la élite. En el Club d’Esports precisan de más desequilibrio ofensivo y eso, Del Río, lo puede ofrecer. Atacante de pureza técnica, aunque con un físico pendiente todavía de desarrollo, en un equipo de perfil más bajo puede encontrar la llave que le permita terminar de volar. Hasta el momento ha ofrecido destellos del jugador que puede llegar a ser.

Natal de A Coruña, Pablo Del Río inscribió su nombre como futurible aspirante a actor rojinegro en la Supercopa de España de 2019, en Igualada, donde cuajó una actuación sorprendente y brillante. Jordi García le utilizó en la rotación y sus condiciones generaron asombro. Ágil, muy ligero y hábil para las diabluras, el atacante gallego se arropó en sus argumentos técnicos para sostener su rostro entre la constelación de estrellas que había en la pista. El Reus se frotaba las manos y rápidamente decidió renovarle por cinco temporadas. Aquella Supercopa acabó en las vitrinas del club también de forma inesperada.

Del Río no escapó de la intermitencia que suelen mostrar las esperanzas en su primer curso en la OK Liga. Alternó instantes deslumbrantes con apagones, nada que no se relacionara con la normalidad. Su irrupción precisaba de un salto de calidad en la vanguardia actual, pero la llegada de Marín y el nuevo plan de Garcia le han terminado por engullir, salvo en alguna tarde aislada en la que ha asomado la cabeza. Se marcha a El Vendrell con seis goles en 13 apariciones en la primera vuelta. Desea ampliar registros y mejorar su estatus. Tiene tiempo para todo. 

La aparición del chico en Reus surgió gracias a su afán por convertirse en fisioterapeuta. Cursa los estudios en la capital del Baix Camp y buscó acomodo en el club rojinegro para proseguir su formación deportiva. Actuó en el segundo equipo hasta que Garcia le dio chance entre los mayores. El descubrimiento puede contar con un rédito extraordinario en los próximos años, aunque para ello el jugador debe mantener el progreso intacto, ahora en El Vendrell, junto a la sabiduría de Lluís Delriu, que ha avalado su fichaje, consciente de que puede darle resultado óptimo. El Vendrell quiere huir del descenso y suma talento coruñés para ello.

Pablo ha aceptado el reto con agrado. Ve una ventana idílica para acumular minutos y reencontrar su versión más fiable. No lo considera un paso atrás, sino una oportunidad ideal para cerrar su proceso formativo en la máxima categoría. Para volver hay años. Hasta cuatro más. Los que su contrato contempla.Desde Reus andarán atentos a todos sus pasos. En cambio, en El Vendrell ya se frotan las manos.

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