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Papel mojado (Olot 0 - 0 CF Reus)

El Reus completa una actuación brillante en Olot, donde no consigue ganar por su falta de puntería. Los rojinegros dominan el juego y generan llegadas para sumar tres puntos, pero se quedan a medio camino del objetivo

Marc Libiano Pijoan

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El mediocentro rojinegro, ayer de amarillo, López Garai no puede llegar al remate y ve como el esférico sale fuera en Olot. Foto: Xavi Guix/CF Reus Deportiu

El mediocentro rojinegro, ayer de amarillo, López Garai no puede llegar al remate y ve como el esférico sale fuera en Olot. Foto: Xavi Guix/CF Reus Deportiu

Ramon Folch suele convertirse en un termómetro fiable. Sus prestaciones acostumbran a alcanzar una regularidad asombrosa, aunque cuando anda especialmente lúcido, ágil en el manejo del juego, el Reus fluye con la precisión del reloj suizo más elitista. Folch sintió placer en Olot, ni siquiera el frío violento de un domingo de invierno le congeló. Con Aritz a su vera se siente liberado para desplegarse. Se asocia para rebasar líneas, elige con criterio gourmet los toques que le exige cada zona de la cancha. En lugares de riesgo, entre un mar de piernas amenazantes, su cerebro piensa a velocidad de crucero. Combina de primeras y soluciona problemas.

Su repertorio ha añadido un ingrediente vital para el progreso. Se anima a llegar, a acompañar cada ataque hasta la boca del lobo. Pisa área y se atreve a mirar el arco con veneno en sus ojos. En Olot pudo desnivelar una partida de ajedrez que caminaba en el alambre, en esos minutos de pulsaciones extremadamente alteradas. El reusense se atrevió con una conducción imponente. La pelota se pegó a su rostro como un imán. Incluso, necesitó la sonrisa de la fortuna en un par de rechaces para conquistar el área. La pelota se enamoró de los pies gigantes del capitán, delicados en el arte del pase. Folch quiso convertir con la izquierda. La ejecución salió más desviada de lo esperado.

En esa acción del centrocampista quedó resumida una tarde de papel mojado. El Reus había jerarquizado el juego, con una personalidad deslumbrante para mover el balón. No era un tema sencillo. La UE Olot monopoliza las posesiones en su estadio, halla felicidad con el protagonismo. Lo perdió porque es difícil que un equipo con Vítor, Folch, López Garai y Rico, en un estado de alteración correcto, no disfrute con el tesoro. Obligó a los gerundenses a refugiarse más de la cuenta, a desgastarse con regresos constantes. Le faltó al Reus lo definitivo en este juego. Sin eficacia en la definición, una actuación de calado se queda en medias tintas, en un chuletón sin sal.

 

Máxima ambición

En la puesta en escena, un doble remate de Folch y Cassamá obligaron a Wilfred es estirarse. La acción definió la ambición del Reus. Con sus dos laterales, Ángel y el luso en el área rival. Un servicio delicioso de Vítor a Óscar Rico, casi mirando al tendido, como si no tuviera nada que ver con él, acompañó la acción. El enganche portugués se conectó acto seguido para asociarse con Edgar. El ariete, de espaldas al arco, controló y se giró en un movimiento estético. Disparó a las manos de Wilfred. Los síntomas del partido presagiaban una tarde dulce, porque de la UE Olot no hubo noticias amenazantes. Badia se mantuvo en alerta, solo por si acaso.

El cuerpo del guión se acentuó en el parcial de la verdad, con el Reus en plan profesor rígido, sin espacio para las súplicas de un enemigo metido en un lío, pidiendo el auxilio de los puntos. Ni siquiera la energía en el cuerpo a cuerpo alumbró a la UE Olot, excesivamente desconfiada. Los de Natxo conseguían trasladar la pelota a sus enganches, que recibían en situaciones de ventaja. Las llegadas a casa de Wilfred tomaron una continuidad interesante. En una de ellas, Vítor vio de cara el frente de ataque, liberado. Construyó otro servicio majestuoso al movimiento e Rico, ya dentro del área. Éste prolongó para que Edgar sentenciara. La culminación del delantero fue un touchdown de Imperials. El balón le botó justo antes del golpeo. En plan traicionero. En realidad, anduvo así de quisquilloso siempre. Lo provocó el estado del césped. El esférico se asemejó a un conejo saltarín.

Murió la tarde con el entusiasmo de Folch para convertirse en héroe del silencio. Quiso vestirse del goleador más purista pero no le valió esta vez. Tampoco al Reus. Casi con una pose exquisita, pero sin sangre en sus ojos. Su firma quedó en papel mojado.

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