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Para Mariano no hay distancia entre Vila-seca y Pucela

Reside en la provincia desde hace 30 años pero no pierde ni una piza de ilusón por el regreso a Primera del Valladolid, que este domingo visita al CF Reus en el Estadi

Marc Libiano

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Mariano Gutiérrez, en el nuesto estadio de Zorrilla. Foto: Cedida

Mariano Gutiérrez, en el nuesto estadio de Zorrilla. Foto: Cedida

Mariano Gutiérrez siempre admiró la figura de Eusebio Sacristán, quizás el icono más lujoso del fútbol vallisoletano. Lo que jamás pensó este conductor de coches del Puerto de Tarragona es que su ídolo de la infancia iba a contar con una historia cercana a su hábitat. Hace 30 años, las necesidades laborales de sus padres le trajeron a Vila-seca para iniciar una nueva vida. Con apenas 10 de edad salió de Pucela, aunque jamás traicionó sus costumbres. Hoy, las sigue defendiendo. Mariano conserva esa pasión por el Real Valladolid. Su padre se la instauró desde la infancia, cuando le educó en el viejo Zorrilla. Ha sufrido las tardes eternas de frío en el estadio de La Pulmonía, aunque con orgullo.

Un personaje se cruzó en su vida con el fútbol como hilo conductor. Ángel Jiménez, natural de Carpio (Valladolid), también conocido como Tachua, se incorporó al mismo tiempo que él en el equipo del Salou, de veteranos. Han pasado 12 años de ello. Ángel es uno de los mejores amigos de Eusebio Sacristán, con el que coincidió en las categorías inferiores del Valladolid. Hoy, como su socio, convive en Reus, donde ha creado una familia y ha mantiene un negocio de venta de jamón, queso y vino DO Toro. Muchos de ellos, productos de la misma Pucela. «Algunas veces se estira y me los deja probar», admite sonriente Gutiérrez. En Tachua ha encontrado raíces comunes y una pasión indiscutible, el fútbol. Aunque todavía no han podido coincidir con Eusebio, hay una cita pendiente para conocer el ídolo. Sacristán suele frecuentar la costa catalana en época vacacional.

Fiel a las costumbres
Mariano es un defensor de las costumbres vallisoletanas. Toda su familia todavía permanece en el barrio de Las Delicias, cerca del centro de la misma ciudad. En él se crió antes de partir hacia la Costa Daurada. Cuando la economía y el tiempo lo permiten, no duda en tomar su coche y presentarse en la ciudad. Tampoco falta la visita al Nuevo Zorrilla, da igual la temperatura y el presente del equipo, buscando renacer en la Segunda División. Ni así se ha apagado la pasión por el Pucela de sus hinchas, que confían en un regreso a Primera más pronto que tarde. La fidelidad por esos colores perdura. También en Mariano Gutiérrez, que intenta transmitir a sus dos hijos, el sentimiento por el Real Valladolid.

Susana y Álex, los pequeños de la casa, ya presumen de esa equipación morada y blanca que tanto distingue al Pucela. A Álex también le tira la azulgrana del Barcelona. Pronto sabrán que, este domingo, el histórico equipo, con más vida en Primera que en Segunda, visita a Reus inmerso en esa recuperación de identidad. Lo hará con la etiqueta de eterno favorito al ascenso. “Todavía no sé si voy a poder ir, me encantaría, porque para nosotros que venga al Valladolid por aquí es un orgullo”, confiesa Mariano, que se encuentra en búsqueda y captura de entradas privilegiadas
 

Entrenador de fútbol
Gutiérrez alimenta su conocimiento dirigiendo en las categorías inferiores del Cambrils Unió. Concretamente un equipo de alevines. Transmite a los pequeños lo que él ha aprendido desde que a los 10 años empezó a darle patadas a una pelota. Han cambiado las épocas. También su Pucela, que ha transitado con los mejores desde casi su existencia. La tradición la mantiene. Necesita recuperar crédito y resultados. En Reus visitará de nuevo la crueldad de Segunda, ante un rival que pretende crecer sin desmayo.

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