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Deportes HOCKEY

'Parachoques' Molina, el arquero del Moritz Vendrell

Mantiene virgen su portería en las acciones de falta directa. Ha atajado las nueve que le han ejecutado.Mañana (19.30 horas), en Sant Sadurní, quiere mantener ese pequeño privilegio

Marc Libiano Pijoan

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Roger Molina ataja una falta directa a Pablo Álvarez, del Barcelona. Foto: DT

Roger Molina ataja una falta directa a Pablo Álvarez, del Barcelona. Foto: DT

 

Las situaciones a bola parada se han convertido en diferenciales en el hockey moderno. Cada vez más emergen especialistas en el oficio de la precisión. Las faltas directas y los penaltis mantienen en vilo a los entrenadores y provocan horas de repeticiones justo en la parte final de cada sesión de trabajo. No sólo los jugadores de pista intentan adaptarse a ese apartado del juego. Los porteros se disponen a contrarrestar a los enemigos con ojo clínico devorando vídeos e imágenes de Youtube. También perfeccionando su interpretación de los lanzamientos. Avanzarse a los tiempos.
Roger Molina siente una devoción enfermiza por su oficio. El arquero reusense del Moritz Vendrell vive 24 horas al día pensando en cómo hallar una evolución atractiva a las situaciones de portería. Ha creado su propia obra con el espacio OKPorters, destinado básicamente a los niños. Uno de sus sueños cuando agote su carrera profesional pasa por haber instalado la figura del entrenador de porteros en los cuerpos técnicos de los clubs de elite. Hoy, no existen.
Roger Molina sostiene en la actualidad una pequeña conquista en su hoja de servicios. Todavía no ha recibido gol cuando los especialistas de la falta directa le han amenazado. En concreto ha atajado nueve acciones continuadas, ocho de ellas en la competición doméstica. La última, en el crucial partido de ida de la Copa CERS en Viareggio, una de las canchas italianas con mayor tradición hockística. Esas intervenciones suponen puntos con aroma a vino añejo y brotes de oro, además de autoestima infinita al meta, que en El Vendrell ha reencontrado esa versión de seguridad en sí mismo que siempre le había distinguido. Molina no se separa de la ambición. Esta tarde, en la incómoda pista del Noia, desea mantener virgen su privilegiado arco.
Varias, en el camino
 El Vendrell se va a encontrar a un viejo amigo en el tránsito de l’Ateneu. Pere Varias dirige a su Noia de siempre, el equipo que le ofreció prestigio como jugador y ahora le da la opción de curtirse en el banco, pizarra en mano. Los dos protagonistas poseen plantillas con jugadores atractivos para diseñar un buen espectáculo sobre el terrazo, con ese Moritz mejorado, metido en una espiral optimista. Tres fechas consecutivas sin conocer la derrota. En plan ascenso. 
Ese lado sonriente se arropa en el excelente estado de Roger Molina, en suma inigualable de imbatibilidad de faltas directas. L’Ateneu le pondrá de nuevo a prueba. A él y su fiabilidad rigurosa bajo el arco. El examen es de curvas.

Las situaciones a bola parada se han convertido en diferenciales en el hockey moderno. Cada vez más emergen especialistas en el oficio de la precisión. Las faltas directas y los penaltis mantienen en vilo a los entrenadores y provocan horas de repeticiones justo en la parte final de cada sesión de trabajo. No sólo los jugadores de pista intentan adaptarse a ese apartado del juego. Los porteros se disponen a contrarrestar a los enemigos con ojo clínico devorando vídeos e imágenes de Youtube. También perfeccionando su interpretación de los lanzamientos. Avanzarse a los tiempos.

Roger Molina siente una devoción enfermiza por su oficio. El arquero reusense del Moritz Vendrell vive 24 horas al día pensando en cómo hallar una evolución atractiva a las situaciones de portería. Ha creado su propia obra con el espacio OKPorters, destinado básicamente a los niños. Uno de sus sueños cuando agote su carrera profesional pasa por haber instalado la figura del entrenador de porteros en los cuerpos técnicos de los clubs de elite. Hoy, no existen.

Roger Molina sostiene en la actualidad una pequeña conquista en su hoja de servicios. Todavía no ha recibido gol cuando los especialistas de la falta directa le han amenazado. En concreto ha atajado nueve acciones continuadas, ocho de ellas en la competición doméstica. La última, en el crucial partido de ida de la Copa CERS en Viareggio, una de las canchas italianas con mayor tradición hockística. Esas intervenciones suponen puntos con aroma a vino añejo y brotes de oro, además de autoestima infinita al meta, que en El Vendrell ha reencontrado esa versión de seguridad en sí mismo que siempre le había distinguido. Molina no se separa de la ambición. Esta tarde, en la incómoda pista del Noia, desea mantener virgen su privilegiado arco.

Varias, en el camino

El Vendrell se va a encontrar a un viejo amigo en el tránsito de l’Ateneu. Pere Varias dirige a su Noia de siempre, el equipo que le ofreció prestigio como jugador y ahora le da la opción de curtirse en el banco, pizarra en mano. Los dos protagonistas poseen plantillas con jugadores atractivos para diseñar un buen espectáculo sobre el terrazo, con ese Moritz mejorado, metido en una espiral optimista. Tres fechas consecutivas sin conocer la derrota. En plan ascenso.

Ese lado sonriente se arropa en el excelente estado de Roger Molina, en suma inigualable de imbatibilidad de faltas directas. L’Ateneu le pondrá de nuevo a prueba. A él y su fiabilidad rigurosa bajo el arco. El examen es de curvas.

 

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