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Pedaleos sin mañana

Marc Libiano

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Emergen unos cuantos desafíos por delante. No mirar demasiado el reloj, uno. No escuchar demasiado al sol, otro. 17.00 horas de la tarde. A la vera del Wind Cambrils, una especie de lugar folclórico en esos veranos de sueños en la villa marinera. 170 bicicletas aguardan. Otros tantos entusiastas se rebelan ante sus límites. Mientras, en el Hospital Sant Joan de Déu existen niños luchando contra ese maldito cáncer que pone a prueba la entereza de los humanos. Su valentía. Incluso, la de los más pequeños. Pedals Non Stop y los deportistas que han decidido ofrecer sus piernas y el sudor de su frente, aportan fondos para la investigación de esa enfermedad. Motivo de escándalo para entregar solidaridad y energía.

El reggaetón y los temas comerciales de la noche amenizan la velada, mientras un mar de camisetas fluorescentes inundan la zona. Estiramientos, confidencias y algún rezo simpático a las divinidades pidiendo comprensión y milagros, ocupan la espera. Cuatro horas encima de una bicicleta, exprimiendo el físico y el alma, quizás lo necesitan. Entre el gentío variedad de edades. Mucho entusiasmo. Una cola gigante se crea. La organización pasa lista como en el EGB.

En la entrada, bebida isotónica de regalo y productos Fitline para regenerar el cuerpo cuando éste grite clemencia. Deporte en estado puro. Las azafatas insisten en una hidratación adecuada. Asombra la aparición de los plátanos, producto energético estrella justo antes del esfuerzo.

Cerca del mar, la MásterClass toma ciertos rasgos románticos. El escenario resulta casi idílico. Uno entiende que el jaleo queda inaugurado cuando el ritmo musical se modifica. De la extrema dulzura del reggaetón, a la explosión de decibelios de Robin Schulz y David Guetta. ‘Necesito vuestra energía’ grita Martín. Éste forma parte de la nómina de especialistas que, subidos al estrado, indican el camino. Conviene atender, escuchar y creer. Tres valores fundamentales para completar el objetivo. «Si tienen alguna duda, copien y peguen de los que estamos aquí arriba».

Martín domina el lenguaje motivacional. Llega rápido al cerebro. Genera impulsos de optimismo. Por algo es pibe. Un argentino que ha echado raíces en Cambrils y que ve en el deporte una forma de vida innegociable. Uno todavía recuerda su exigencia, en aquel subterráneo del pabellón municipal, donde sudar costaba cero. Eran tiempos de juventud y algunos kilos de más.

Bucle de energía

Tania, mientras, se arropa en un remix del Play Hard de Guetta para dibujar un bucle de energía descomunal. Las fluorescentes ya se encuentran repletas de fatiga, pero no hay dolor. Sólo sonrisas en el rostro entre ese derroche de pasión inacabable. Sheila, otra de las monitoras, dispone de una especial habilidad para generar embobamiento. Voz con suavizante para no dudar un segundo. Ni siquiera cuando, en lugar de consumir tus piernas, podrías andar en una terraza devorando patatas chips y cerveza.

Ahí abajo, en la platea, las resistencias ya echan humo. El sube y baja acaba por admirarse, sobre todo cuando pasadas las 21.00 horas se vislumbra, en un horizonte imaginario, la línea de meta. Cuesta un mundo alcanzarla, pero en la vida, nadie regala el éxito. Cuesta un mundo. Por ello, admiración eterna por los más de 170 valientes que conquistaron tierra prometida. Viva la valentía.

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