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Pedro Gil y Raúl Marín, dos amenazas familiares

Hockey. Los atacantes del Sporting tienen un marcado pasado rojinegro y este sábado vuelven al Palau d’Esports para defender el prestigio del actual campeón de la Champions

Marc Libiano

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Pedro Gil y Raúl Marín. Fotos: Gabriele Baldi/Cedida

Pedro Gil y Raúl Marín. Fotos: Gabriele Baldi/Cedida

Desde que el Sporting de Lisboa decidió recuperar su sección de hockey, no ha escatimado esfuerzos ni derroche económico hasta construir un equipo campeón. En la última década, el club lisboeta ha reconquistado el prestigio, no sólo en el país, también en Europa, donde la pasada temporada alcanzó el cenit, con el título de la Champions que levantó en su propio salón, el nuevo palacio Joao Rocha. 42 años después, en mayo de 2019, los hinchas verdiblancos celebraban de nuevo el éxito con mayor ruido a nivel mundial. No existe una competición que reúna tanto talento como la vieja Copa de Europa.

Ese plantel abundante de recursos que maneja Paulo Freitas dispone de un pasado reciente rojinegro. Durante el verano de 2017, el Sporting de Lisboa abonó la cláusula de rescisión de Matías Platero (San Juan, 1988) para sacarlo del Reus, justo después de que el argentino campeonara en la calle Gaudí. Había saboreado la octava Champions en el palmarés fetiche del Reus. Ocurrió en Lleida, en la última tarde histórica con mayúsuculas que ha emocionado al club. Platero se había postulado como actor franquicia de aquel equipo en el que también exhibió su hambre feroz por el gol Raúl Marín (Reus, 1986). 365 días después que Platero, el reusense tomó el mismo camino. Cogió el avión para instalarse en Lisboa y colocarse la camiseta de los leones. Todo, previo paso por caja. Otra cláusula. 

En el germen de la faraónica propuesta del Sporting ya lucía Pedro Gil (Sant Sadurní, 1980), una especie de leyenda a la que el tiempo es incapaz de consumir. Gil, que ya cumple 39 años, acaba de ampliar el contrato con un dos más uno relatador. Su rendimiento mantiene un status privilegiado en uno de los lugares más exigentes; la liga portuguesa. Quien conoce la vida y la preparación casi enfermiza de Gil, conoce el secreto de su estado físico. Ha convertido la edad en sólo una simple cifra del documento de identidad. Gil pasó con éxito por el Reus (2007-09), donde agarró su primera Copa de Europa personal en Bassano (2009).

Recursos y ambición
Los tres actores más familiares del Sporting se presentan este sábado en el templo y su ambición les obligará a aparcar cualquier sentimiento romántico. La Champions no perdona los despistes ni los actos excesivos de ternura y en el caso del tridente de exrojinegros, el hábito de ganar no les invita a conceder licencias. Ni siquiera su extenso palmarés les ha obligado a perder ni un ápice de entusiasmo. 

El descomunal poder ofensivo del Sporting encuentra en Raúl Marín y en Pedro Gil dos exponentes de infantería. Dos atacantes que han dibujado sus carreras siempre relacionados con el gol. Cuentan con una capacidad diferencial para resolver situaciones de máxima dificultad y asumen responsabilidades con una naturalidad asombrosa. En un escenario de presión, sienten la plenitud.

Sorprende como una estrella de la magnitud de Gil todavía no haya perdido el apetito. Vive por y para su deporte. La pasión que desprende desde niño por el juego provoca que no lo vea como una simple profesión. De ahí su lucha diaria por alargar su carrera. Desafía al paso de los años con entrenamientos personalizados y una dieta estricta que desde hace un tiempo le prepara el médico de la selección, el doctor Bernardo.

La madurez y la experiencia han llevado a Pedro Gil a ocupar un rol más cabal en la cancha. Ya no se trata de aquel delantero incisivo cada dos segundos que sólo miraba el arco contrario, más allá de cualquier argumento táctico. El de Sant Sadurní ha precisado y ha aceptado con inteligencia una especie de reciclaje hockístico.

Mientras, Raúl Marín se encuentra en una lucha constante para atrapar la etiqueta de indiscutible en un plantel extenso, obligado a descartar jugadores de la convocatoria cada fin de semana. El Sporting ha sido pionero en esa cuestión. Jamás en hockey se habían dejado jugadores en la grada. A pesar de no disfrutar del foco con asiduidad, el reusense ya ha demostrado que resulta suficiente para él poco chance para desequilibrar finales. Lo hizo en la pasada Copa Continental, ante el Porto, con una falta directa, un arma que le ha distinguido como especialista. Reus significa para Marín una zona de confort a la que siempre ha regresado para rescatar su mejor versión. El sábado llegará para acabar con la resistencia del equipo de su vida.

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