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Penalizados (Nàstic 1-2 Oviedo)

El Nàstic se deja los tres puntos ante el Oviedo en un partido en el que se puso por delante con un tanto de Barreiro pero que los visitantes remontaron en la prolongación con un gol de penalti

Jaume Aparicio

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La presencia de Uche y Manu Barreiro ocupando todo el espacio central del ataque le dejó sin esos espacios que tanto disfruta. Foto: La Liga

La presencia de Uche y Manu Barreiro ocupando todo el espacio central del ataque le dejó sin esos espacios que tanto disfruta. Foto: La Liga

Otra vez a mirar abajo. Segundo partido consecutivo en el Nou Estadi que acaba en derrota. Los números como local son nefastos. 7 puntos de 21 disputados en casa. 

Preocupante es también que señalen dos penaltis al equipo local. Uno que ni era. Pizarro Gómez se armó de valor para pitar una pena máxima al conjunto de casa en el tiempo extra, pero puso el freno de mano para expulsar a Carlos Hernández y Linares por doble amarilla.

Arbitraje aparte, al Nàstic se le escapó el triunfo en el medio del campo. El Oviedo apretó en la segunda mitad y no se supo frenar ese avance de líneas asturianas. Tejera y Gaztañaga se vieron superados. La entrada de Zahibo no lo solucionó y la sustitución de Maikel Mesa dejó la medular grana sin ideas. 

El Nou Estadi acogió con aplausos a Mossa. No se podía esperar otra cosa. El lateral de El Puig debería ser patrimonio del club. Junto con el resto de futbolistas de la plantilla 2014-15. Hicieron disfrutar a la afición grana. Regalaron una temporada maravillosa en una conjunción total estadio-equipo. Otro ilustre representante de ese plantel de galanes se lo miró todo desde el banquillo oventense.

No se sabe quién tenía más ganas de ver a los mejores jugadores del Nàstic por fin juntos sobre el campo. Si el cuerpo técnico, los propios futbolistas o la afición. Han coincidido muy poco por culpa de las lesiones y las bajas formas. El técnico granate, Antonio Rodríguez, vio el momento oportuno para hacerlos coincidir ante el Oviedo. Tejera regresó al doble pivote, después de dejar atrás la lesión muscular. Se pegó a un Gaztañaga que perdió parte de la clarividencia que estaba mostrando en los últimos partidos. El pase de salida acabó en demasiados ocasiones en los pies de jugadores contrarios.

Maikel Mesa quedó reculado en la banda. La presencia de Uche y Manu Barreiro ocupando todo el espacio central del ataque le dejó sin esos espacios que tanto disfruta. Pareció acorralado. Encerrado en una parcela del campo alejada de la acción. Sin Mesa, con Tejera y Gaztañaga espesos, el Nàstic se acogió a la verticalidad y a sus dos puntas para llegar al área carbayona.

Barreiro y Uche forman un tándem de cine.

Practican un fútbol distinto. Único en la categoría de plata. Están en Tarragona como podrían estar en cualquier otro estadio de Segunda división. Y otros tanto de Primera. El gallego genera espacios con sencillas caricias al cuero. Toques sutiles que abren los partidos por la mitad. Se impuso en cada combate aéreo para descolgar pases largos y convertirlos en ocasiones de oro. 

Dejó uno de malabarismos que valen media entrada. ‘Sombrerito’ al rival con un toque y remate sin dejar que el balón tocase el suelo. Sólo le faltó apuntar algo mejor. 

Lo de Uche merece otro capítulo aparte. Rompe con movimientos de PlayStation. Amagos corporales que deshabilitan a toda la zaga rival como si de un castillo de naipes se tratara. Enlaza genialidad tras genialidad. No le falta velocidad punta. Los años le han respetado la rapidez de sus piernas. A Mossa le pasó como una bala. O iba a hacerlo sino llega a ser porque el de El Puig puso el cuerpo para impedirlo. Le costó el penalti que Manu Barreiro convirtió en el 1-0.

Era la segunda pena máxima que señalaba en el partido el árbitro Pizarro Gómez. La primera, por una falta innecesaria de Perone, la falló Saúl Berjón. 

Al colegiado madrileño se le vio tierno. Sin personalidad. El cuarto árbitro le tuvo que corregir en un par de decisiones muy claras. También le debió advertir de la cartulina amarilla que debió ver Carlos Hernández por una zancadilla a Uche, cuando era el último hombre. Era la segunda y, por tanto, la expulsión. Una decisión que resultó ser determinante para el partido. El central anotó de cabeza el 1-1, ya en la segunda parte. Tampoco quiso mandar al vestuario antes de tiempo a Linares. El delantero golpeó a Dimitrievski con el balón perdido. Era también la segunda. 

El Oviedo estaba haciendo méritos para empatar. Encerró al Nàstic en su campo. Le exprimió defensivamente, presionando y ahogando todas las posibilidades de pase desde atrás. Rodri trataba de dar consistencia al equipo, a costa de perder un poco más de posesión. 

Linares capitalizó todo el ataque visitante. Remató de todas las maneras posibles. De cabeza, con la punta del pie y hasta de tacón. Dimitrievski, que llegó en un viaje relámpago desde Macedonio, donde el sábado jugaba partido internacional ante Noruega, lo paró todo. Excepto el cabezazo de Carlos Hernández. Un tanto que llegó justo después de una jugada de Uche que pudo sentenciar el duelo. El atacante africano recortó en el área, sentó al contrario y disparó desviado. 

Con el empate el partido se rompió. El Oviedo comenzó a notar la falta de gasolina. Carlos Hernández, por fin, vio la roja a falta de tres minutos. El árbitro tuvo oportunidades para haberlo hecho mucho antes. No quiso. Sí quiso volver a golpear al Nàstic con otro penalti en el tiempo de descuento. Además, no existió. Mossa se dejó caer al mínimo contacto. Reparó para los suyos el error de la primera mitad. Aarón no falló y el Oviedo, con diez, se llevó los tres puntos del Nou Estadi.

 

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