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Primeras sanciones de clubes de Tarragona a los padres violentos

Algunas entidades han vetado la entrada a mayores durante varios partidos por insultos o amenazas. El exceso de competitividad y la presión genera violencia en el fútbol infantil

Raúl Cosano

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El árbitro tarraconense Daniel López (centro), agredido recientemente en Lleida, sostiene una pancarta de repulsa a la violencia. Foto: DT

El árbitro tarraconense Daniel López (centro), agredido recientemente en Lleida, sostiene una pancarta de repulsa a la violencia. Foto: DT

«Yo he castigado a padres con dos partidos de sanción», dice Pablo Pedro González, presidente de La Floresta. Durante esos dos encuentros, el padre, con la entrada prohibida, dejó al crío en el campo y se marchó. «El chaval no tiene la culpa de que el padre sea un irresponsable», cuenta González, taxativo y rotundo a la hora de vetar en su club a padres que insultan o que se muestran agresivos, ya sea con el rival, con el entrenador o con el árbitro. «Le dije que no podía seguir con esa actitud, que estábamos hablando de partidos de niños», añade.

El Racing CF Bonavista también es ejemplar. «Somos estrictos. Echamos a un entrenador que insultó al árbitro. Somos humildes y pequeños pero intentamos hacer las cosas de la mejor manera», reconoce Joserra López, el coordinador del fútbol base.

También este club de los barrios de Ponent sabe lo que es vetar a un mayor. «Una vez un padre se quedó fuera en la calle esperando al árbitro para faltarle al respeto de forma verbal. Le dijo que era un sinvergüenza. Nosotros tomamos medidas y le pusimos una sanción de cuatro partidos sin poder venir. Nos pidió perdón. Al propio crío no le gustó lo que hizo su padre», admite Joserra López.

De la grada al campo

Varias peleas entre padres durante partidos de fútbol de base han puesto sobre el tapete la problemática: el excesivo fanatismo de los mayores, el exceso de competitividad en sus hijos y, en última instancia, un caldo de cultivo que fomenta la violencia y la traslada de la grada al campo. «En el fútbol 11 no notamos muchos problemas, pero en el fútbol 7 sí. El campo es más pequeño, hay más contacto, se pone mucha presión a los niños», explica Ferran Garcia, delegado del Comité Tècnic d’Àrbitres en Tarragona.

Él, en situaciones delicadas, siempre ha propuesto un ejercicio dedicado a ese progenitor con espíritu de hooligan: «Siempre les digo a los padres que vayan a ver un partido entre dos equipos que no les importe. Entonces, desde una posición neutral, ven cómo se comporta el resto de padres y se reflejan en ellos».

En los últimos años se ha impulsado la conciencia hacia una tolerancia cero de la violencia, como indica Josep Vives, delegado territorial en Tarragona de la Federació Catalana de Futbol: «Hace tres años comenzamos la campaña ‘Zero insults a la grada’. Ha disminuido la violencia pero tenemos que trabajar en la misma línea, sensibilizando sobre todo a los padres».

Para muchos en el fondo subyace un problema de educación. «Estamos hablando de categorías bajas. A los partidos de prebenjamín va mucha más gente que a los de cadetes. Hay que tener cuidado porque los niños están en formación. Hasta los árbitros atan los cordones a los jugadores cuando son pequeños. ¿Qué sentido tiene que los padres se encaren así?», se pregunta Ferran Garcia, el máximo responsable de los árbitros en Tarragona.

No hay que culpabilizar

En el equilibrio está la virtud, como sucede siempre. «La competitividad es buena, pero con medida. El deporte tiene otros valores. Sí que puede influir la tele, los medios, el sueño de esos padres frustrados que quisieron ser futbolistas... pero hay que ser realistas», concreta Vives.

El ampostino Agustí Zaera, entrenador, profesor y observador del Barça en la provincia, ve entre ocho y diez partidos de categorías inferiores cada fin de semana. «Se tiende a culpabilizar a los padres, pero cuando ves muchos partidos te das cuenta de que la gran mayoría se comportan de forma impecable, animando a sus hijos. Desgraciadamente, provoca más ruido aquel impresentable que hace un comentario despectivo».

Zaera remarca que «la competitividad es normal en el juego»: «Todo el mundo juega para ganar. Es algo innato. Lo que hay que hacer es no magnificar el resultado». El técnico azulgrana asume haber visto algunas situaciones desagradables en los graderíos pero invita a no generalizar:«Cuando se pierde, los padres tienden demasiado a mirar a la figura del árbitro y a no a ver qué está haciendo bien el rival, aunque creo que la mayoría de ellos tienen una buena actitud».

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