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Puntazo de ley (Osasuna 0-0 Reus)

El Reus araña un empate de El Sadar, en un partido que merece ganar por juego y ocasiones ante Osasuna. Los rojinegros carecen de pegada, su eterna asignatura pendiente. Vítor Silva da el susto

Marc Libiano

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CA Osasuna

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El Sadar sobrevive a los caprichos del márketing y de don dinero. Es un lugar de culto para los románticos. Allí se mantiene la tradición del pincho y del pacharán en el Txoko tiempo antes. El partido no empieza a la hora que elige la Liga, se vive con pasión en la comida y en la sobremesa. El Sadar desprende cierto aroma británico, los córners, las disputas, las guerras de guerrillas imponen la celebración del gentío. Tradición a raudales. Si sales a contemplar te merienda su clima, ese ambiente optimista y orgulloso. O te conectas o te engulle. El Reus lo entendió sólo con pisar el verde y estirar los músculos. Era una tarde para valientes.

Probablemente, Garai no había imaginado una primera hora tan dominante de su equipo en el diseño previo del partido. El Reus manejó el juego con una personalidad asombrosa. No le pesó el escenario, ni siquiera el cartel del enemigo, acostumbrado a competir en esferas más astrales. El Reus consumió 45 minutos casi instalado en campo contrario. No hubo milagros de Badia. Ni siquiera una parada. No concedió nada el Reus, que se defendió con la pelota, su argumento fetiche. La trasladó con aseo, con Gus, Juan Domínguez y Vítor como cocineros gourmet. De estrella Michelin. Luego llega lo más difícil, acabar lo que el Reus es capaz de generar. Fueron un puñado de llegadas en El Sadar. Cuesta pensar que muchos rivales le castiguen tanto a Osasuna en su salón.

 

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Apenas se había consumado el cuarto de hora cuando una transición estética del Reus acabó en los pies de Juan Domínguez, casi en la corona del área navarra. El centrocampista gallego analizó el paisaje con la frente siempre levantada. Observó el movimiento al espacio de Máyor y allí envió la pelota, puntual, limpia, ideal para convertirla en un tesoro descomunal. Máyor se plantó ante Herrera algo escorado, pero habilitado. La quiso cruzar tanto que se topó con Aridane, que a la desesperada había acudido al cruce. El Reus persistió, dispuesto a romper cualquier pronóstico que desconfiaba de su suerte. Fran, desde la frontal mandó la pelota arriba, tras una maniobra deliciosa en una baldosa. El Sadar murmullaba inquieto. Parecía comprender poco.

Fran se animó a trazar una de sus aventuras utópicas. No acertó porque llegó apurado a la zona caliente. Había recibido de Vítor a pleno trazo de una diagonal definitiva. El Reus parecía disfrutar, con Osasuna aculado, temeroso, escaso de caminos para el progreso. Dos zarpazos de Karim Yoda, el segundo en una contra clarísima que el francés acabó con una decisión deficiente, completaron un primer tiempo fascinante del Reus. Cuando Yoda ajuste sus encuadres, cuando encienda la luz del gol, su aportación resultará decisiva. Necesita terminar la mitad de lo que genera, sobre todo gracias a una zancada imponente y sus slalom de esquí alpino.

 

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El mismo Yoda colonizó todas las amenazas del Reus al regreso del entretiempo, tras un cuarto de hora de respiro que a los rojinegros no les modificó el paso. Sirvió para consolidar su propuesta. Hasta el punto que El Sadar pidió explicaciones altisonantes a sus chicos. Algunas en forma de bronca. Dos disparos de Yoda obligaron a Herrera a estirarse. Osasuna espabiló con la ley del acoso y derribo. Sin juego. A veces, el corazón también puede sacarte de los apuros. En todo caso sólo se le recuerda un amago de gol. Claro, eso sí. Quique, un ariete de escaso despliegue pero de extrema inteligencia, mandó un remate cruzado al poste, con Badia ya en el suelo, después de recibir de David Rodríguez en el corazón del gol. De media vuelta deliciosa. No se atemorizó el Reus, que perseveró, consciente de que su éxito dependía de la plenitud.

En plena incertidumbre, Vítor provocó un tembleque mundial cuando decidió mancharse de barro en una disputa dividida con Lucas Torró. El mal gesto de su diestra y su reacción hacia el banco, pidiendo el cambio y el alivio encendió luces de socorro. Parte de un proyecto pedía clemencia a los dioses. Se marchó del césped llorando el mago portugués. Parece, sólo parece, que su tobillo sólo recibió un golpe. Salió del estadio caminando por su propio pie Vítor y calmando a todo el que le preguntaba. Respiró el Reus.

Garai cosió el plan con la rotación. Borja por Vítor, por obligación. Querol y Lekic porque lo exigía el guión. En esos dos actores descansaba la diferencia del Reus. Yoda asistió a Querol en un centro desde la izquierda que cazó de primeras el reusense, casi en el alambre. No vio portería. El Reus volvió a crecer. En realidad, nunca abandonó su jerarquía. Ni siquiera cuando El Sadar rugía a lomos del guitarreo de los ACDC. No hubo forma de asustar a los rojinegros. Sus dos centrales, Pichu Atienza y Olmo, ocuparon de nuevo el trono del reino. Otro papel impoluto de los dos guardianes. Imperiales, sin adornos, pero con una firmeza deslumbrante. No existen parejas similares en el fútbol de plata.

La tarde parecía morir en un reparto de puntos engañoso. Curioso. Osasuna asimiló darlo por bueno antes de lo esperado. El Reus no quiso hasta que el tiempo dictara su sentencia. De ahí que el hambre de Querol rozara la gloria. El atacante del Astorga recibió escorado en la izquierda, a pierna cambiada y con espacio por delante. Fue al frente. Con dos recortes se perfiló hacia dentro para impactar con la derecha, en principio su pierna preferida. No anotó de milagro. Salió lamiendo la madera, ante el ejercicio de vista de Herrera. Fue entonces cuando se acabó la munición. El puntazo fue de ley, aunque el Reus mereció una felicidad más gigantesca.

 

Ficha Técnica

Osasuna: Sergio Herrera; Lillo, Aridane, Oier; Lucas Torró; Kike Barja, Fran Mérida, Borja Lasso (Roberto Torres, m.59), Clerc; David Rodríguez (Rober Ibáñez, m.84) y Quique.

 

Reus: Édgar Badía; Miramón, Atienza, Olmo, Álex Menéndez; Juan Domínguez, Gus Ledes; Yoda, Vitor Silva (Borja Fernández, m.71), Fran Carbia (Querol, m.62); y Máyor (Lekic, m.68).

 

Árbitro: Vicandi Garrido (Comité Vasco). Mostró tarjeta amarilla a Kike Barja (m.76), de Osasuna, y a Juan Domínguez (m.42) y Gus Ledes (m.81), del Reus.
 

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