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Punto de partida para el Reus

El Reus Miró somete al campeón de Europa, pero se le escapa la victoria en los minutos finales de un gran partido (3-3)

Marc Libiano

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Foto: Alfredo González

Foto: Alfredo González

Pedro Gil arrancó poderoso, como si su edad se acercara más a la adolescencia que a la madurez, y preparó su primera pala, aunque ésta chocó con cuerpo enemigo. La insistencia del histórico atacante recogió un premio madrugador. Ejecutó de nuevo desde el mismo perfil para mandar la pelota al ángulo de Ballart, todavía con los dos equipos arrojando la pereza al vacío. La ventaja para el Sporting podía significar una especie de suicidio anticipado para el Reus. Lejos de la realidad. Los de Garcia enseñaron una respuesta asombrosa.

El nivel de su actuación anduvo acorde con la exigencia del partido. Nadie debe olvidar que el Sporting defiende corona. Es el actual campeón de la Champions. No se trata de un equipo bromista, dispone de un plantel descomunal. A Reus, por ejemplo, no viajó un actor como Gonzalo Romero, clave en los últimos éxitos del Sporting. Romero se cayó de la lista por una simple decisión de su entrenador, Paulo Freitas, que se permite el lujo de dosificar piezas. El fondo de armario resulta abundante. Para elegir sin agobios el traje ideal para cada noche.

En la otra orilla, Garcia disfrutó de nuevo del plan que había diseñado en verano. Con Carballeira y Bancells sanos, el Reus ya tiene poso. Sus cimientos recuperan la firmeza. Se trata de dos jugadores que suturan la estructura. Carballeira le aportó al equipo una intensidad extraordinaria. Es una locomotora física. Bancells, la pausa, el saber elegir el camino adecuado en cada instante. Mejoró tanto el Reus, que en muchas fases superó al campeón. Y eso no es poca cosa.

Alfredo González

Marc Julià se encargó de igualar el marcador con un remate sutil en el segundo poste, con esa delicadeza que el de Olot impone en cada uno de sus movimientos. Sorprendió a Girao, otro de los arqueros que marcan tendencia en el viejo continente. El acierto de Julià impulsó al Reus, muy juvenil en su comportamiento emocional y muy cabal en su apuesta táctica. Si los de Garcia se mueven bajo un sistema organizado, el Sporting define claramente el estilo portugués. No es un campeón aferrado a lo táctico, compite bajo la pauta que marcan sus extraordinarios jugadores. No es poco. Dispone de exceso de talento.

Nadie contó con Pablo Del Río para acabar con las tablas. El menudo delantero rojinegro se coló en el partido de puntillas, casi sin avisar. Se inventó una prosa poética a los 12 minutos. Amagó a la izquierda y salió por la derecha. Arrastró para perforar a Girao. Los recursos técnicos del gallego superan claramente a los físicos. Su rostro no deslumbra, pero eso a veces no resulta un problema definitivo. Del Río encendió los decibelios del templo.

El Reus consumió el primer tiempo muy entero. Hasta el punto que disfrutó de una directa que nunca se llegó a ejecutar, entre el despiste de Julià y la actitud incomprensible de los jueces italianos

En cambio, ya en el desenlace, una azul a Ferran Font, que cometió un error muy cercano a la infancia, provocó la superioridad numérica que el Reus no malbarató. La atacó puntual y preciso. El ojo clínico de Bancells apuntó y su disparo de pala culminó el 3-1. La gloria pasaba por el Palau y había que agarrarse a ella.

Se escapa el premio
El Sporting decidió alocarse a golpe de trompeta y se desnudó sin complejos. Fue a por el Reus con ritmo y una presión asfixiante. Restaban menos de diez minutos y a los de Garcia se les hizo eterno. Se les apagó la luz cuando precisaban gestionar un botín de oro. Ferran Font saldó cuentas pendientes cuando los portugueses suplicaban su talento. Esos dos goles finales helaron el alma del templo, que había casi saboreado un triunfo de postín en la Champions. Font y la ambición del campeón firmaron un empate que las circunstancias convirtieron en amargura, aunque significa un punto de partida.

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