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Punto en suspenso (Mallorca 0-0 Nàstic)

La jornada dirá si el empate del Nàstic en Mallorca es suficiente para dejar al equipo grana fuera de las plazas de descenso o lo devuelve a ellas

Jaume Aparicio López

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Punto en suspenso (Mallorca 0-0 Nàstic)

Punto en suspenso (Mallorca 0-0 Nàstic)

Un punto es un punto. Y más si enfrente tienes un rival de tu liga, que va por detrás y al que prácticamente dejas con un pie en Segunda B. Pero, precisamente, por la pésima situación del Mallorca, el Nàstic pudo rascar más que ese empate. Tuvo ocasiones. Una clara de Emaná que disparó contra el muñeco y un centro de Gerard que Campabadal cortó cuando Mossa tenía el fusil preparado. Además, tampoco ayudó el colegiado andaluz Pérez Montero que se tragó un penalti ‘tonto’ del canterano bermellón Angeliño sobre el propio Valentín.

También es cierto que Merino tuvo que encajar dos contratiempos importantes. Dos lesiones en 45 minutos -Madinda y Barreiro- que trastocaron los planes del entrenador gaditano.

El partido en líneas generales fue pésimo. La primera parte para echarse una buena siesta. Sosa a más no poder. El balón iba de lado a lado, sin llegar a las áreas, y sin que ninguno de los dos equipos reclamase su dominio. Una guerra de trincheras en el que nadie se decidía a elaborar un plan para abordar al contrincante.

La segunda mejoró. Algo. Tampoco para echar cohetes, pero hubo ocasiones que alegraron la tarde. El Nàstic imprimió velocidad por el lado derecho de Valentín. Así llegaron las mejores ocasiones visitantes. En los últimos minutos, la presión de la grada fue un arma de doble filo para los locales. En un primer momento les acobardó y les echó para atrás, momento que aprovecharon los grana para acosar a Santamaria y luego les animó a probar un último esfuerzo de llegar al área de Reina. Pero tampoco contaron con la suerte y el travesaño repelió el cabezazo de Yuste.

Entró Achille Emaná en el once. La zanahoria tras el palo de Merino en sala de prensa. Lo hizo formando dupla con Manu Barreiro en ataque. Lo mejor de lo mejor para un partido de enorme trascendencia. Pero apenas llegaron a verse en el césped. Entre los pocos balones que les llegaban y las malas decisiones que tomaron, algunas de ellas forzadas por la situación, no acabó el experimento de dar con el elixir del gol. La mezcla de los mejores elementos no siempre produce una fórmula de éxito.

Pudo encontrar el premio el delantero camerunés. En sus botas tuvo el 0-1. La construcción de la jugada no tuvo mucha historia. Balón largo que Achille controla, tira de cuerpo para aguantar el empuje del defensor rival para llegar al área pero estrella la pelota contra el cuerpo del portero Santamaria. Una ocasión imperdonable para el talento de Emaná.

Fue lo único salvable de todo el primer acto. En las dos direcciones.

Diez minutos fueron suficientes para encontrar razones del porqué Mallorca y Nàstic ocupan las posiciones que ocupan en la tabla. Los guardametas reposaban tranquilos en sus dominios. Podían haberse echado una buena siesta. Era la hora.

Apenas se veían tres pases seguidos con criterio y sin perder el esférico. Los futbolistas de ambos equipos rezaban porque el colegiado se llevase el silbato a la boca y señalase una acción para acudir al laboratorio de las jugadas a balón parado.

El Mallorca fue corazón cinco minutos. Lo típico. Jugadores intentando ganarse la confianza del nuevo técnico, Sergi Barjuán. El catalán tiene trabajo por delante. Para empezar imponer algo de orden. El conjunto balear tira más de fe que siguiendo un patrón de juego concreto. Y eso que Moutinho trata de ofrecer algo de sensatez. Pero las individualidades, aquejadas de los nervios lógicos por la situación clasificatoria, se disolvían ante la zaga grana.

Los futbolistas bermellones no pueden contar siquiera con una afición cansada de proyectos millonarios estériles. Mucho confeti y champán pero escaso espectáculo, que es para lo que pagan los socios.

El Nàstic tiró la línea de presión bien arriba. Merino trataba de rescatar ese esfuerzo que tantos beneficios le ha dado a su equipo. Pero no hubo efectividad en el sacrificio. Tejera, el jugador con más capacidad creativa del equipo participaba poco del juego y eso hacía que el Nàstic no se encontrara cómodo en posesión del balón.

Lo peor de los 45 minutos, juego del equipo a parte, fueron las lesiones. Algo pasa en Can Nàstic. No es nada normal tantas lesiones seguidas. Madinda pidió el cambio al cuarto de hora. Media hora más tarde era Manu Barreiro el que no podía seguir. Los dos se suman a la lista de lesionados: Cordero, Luismi y Djetei.

La segunda parte trajo un poco más de diversión. Gerard activó la banda derecha del ataque grana. En el primer minuto ya vio que el flanco débil del Mallorca era Angeliño. Le superó para servir un centro raso que Campabadal despejó en boca de gol.

Valentín vio la ternura del futbolista del filial bermellón para atacarle sin parangón. Le sacó un penalti de libro, pero que el colegiado Pérez Montero no quiso señalar.

Las apariciones mallorquinistas en terreno de Reina fueron pobres. Y con peligro real un cabezazo que Emaná despejó con Reina ya superado.

Los últimos minutos el Mallorca acusó la angustia y esa inquietud de ver cómo se le escapaba uno de los últimos trenes para la salvación. Ese temor jugó en beneficio del Nàstic que apretó a Santamaria. El portero navarro impidió el triunfo tarraconense con dos paradas extraordinarias. Una a falta de Muñiz que Molina había rozado con la puntera y otra en un remate de espuela de Perone.

Roto y sin dueño claro, el Mallorca apuró los últimos segundos del encuentro para, más por fe que otra cosa, asediar a Reina que vio como el cuadro bermellón estrellaba el balón al travesaño.

El partido tuvo el mismo final que el partido de ida en el Nou Estadi. Con el Nàstic listo para lanzar una acción de estrategia, esta vez una falta peligrosa para Muñiz, y el árbitro pitando el final del encuentro.

 

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