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«Purito sabía encajar la derrota sin malos rollos»

Entrevista a Ibán Vega, autor de ‘Estilo Purito’, recién editado por Cultura Ciclista, que desgrana la carrera y figura carismática de Joaquín Rodríguez 

Iñaki Delaurens

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Ibán Vega, autor del libro 'Estilo Purito'. Foto: Cedida

Ibán Vega, autor del libro 'Estilo Purito'. Foto: Cedida

Joaquín Rodríguez, Purito, fue un ciclista referente, querido con la estima de grandes campeones. Lejos de quedar eclipsado por estrellas más laureadas como Alejandro Valverde o Alberto Contador, su carisma alimentó el cariño del público. La editorial tarraconense Cultura Ciclista publica ‘Estilo Purito’ de la mano de Ibán Vega (León, 1977), impulsor del portal sobre ciclismo El Cuaderno de JoanSeguidor, quien analiza las pedaladas de este admirado ciclista. 

¿Cómo surge la idea de escribir un libro sobre Purito?

Surge porque con Joaquín nos unía una relación desde su época amateur. He visto cómo era un ciclista que apuntaba maneras que ha acabado dando un gran nivel, por encima de lo que se podía esperar. Evoluciona hasta convertirse durante tres años en el mejor ciclista del mundo, puntuación en mano. Otra cosa es la percepción de los aficionados. 

¿Cómo es esta evolución?

Era un ciclista que nació con talento para clásicas, etapas puntuales o pruebas de un día. Era chisposo pero no parecía hecho para triunfar en grandes vueltas. Fue trabajando hasta mejorar y logró podios en Tour, Giro y Vuelta. Se convirtió en un corredor que brillaba toda la temporada y se batía con los mejores en terrenos que no le eran favorables. 

Trabajador y ambicioso.

A eso se le suma un carisma que atrae miradas y la simpatía de la gente. Esta cercanía le ha hecho ser más grande y aunque no tenga el mismo palmarés que Valverde o Contador, se puede considerar miembro de este club selecto. 

«Su cercanía le ha hecho ser más grande y le ha situado junto a otros ciclistas más laureados como Valverde o Contador»

¿Por qué era tan admirado?

Cuando era profesional, hablaba cómo pensaba. No le importaba ser políticamente correcto. Si se encontraba mal o estaba para ganar, lo decía. En El Cuaderno de JoanSeguidor titulamos un artículo «Purito no vende humo». Es el titular que mejor le define. La gente lo ha detectado como un tío que habla bien y es directo y no por no imponerse una censura, le han dejado de apreciar. 

¿Qué encontramos en el libro?

El libro se estructura en capítulos con nombres de sitios o cosas emblemáticas para Purito. No sigue un orden cronológico, son momentos claves. Por ejemplo, lo que significa Lombardía para él y en el contexto del ciclismo; las Árdenas que siempre disputó; en Fuente Dé se construye el relato de la Vuelta de 2012; o en Florencia se narra el mundial de ciclismo que Rui Costa le pispa porque Valverde no cubre bien. Son piezas que describen el ‘estilo Purito’ pero que por separado son historia por sí solas. 

No sólo se narra la evolución de un ciclista, también del ciclismo.

Hay mucha descripción de un ciclismo moderno. La carrera de Purito empieza a finales de los 90 y termina en el ciclismo del 2.0. Es una era en la que todo el mundo ve la carrera por la pantalla del móvil con la idea de registrarlo en vez de vivirla en directo y llevarse la emoción. En este sentido, el ciclismo que vio entrar a Purito es muy diferente del que lo ha visto salir. 

'Estilo Purito’ es el ejemplar número 21 de la editorial tarraconense Cultura Ciclista. Se trata del tercer libro de Ibán Vega con la firma de Senan, tras hablar de Mariano Cañardo en ‘El primer campeón’ y sobre la figura de Jaime Mir en ‘Secundario de lujo’. 

¿Por qué se fija en su figura?

Cuando existía la Setmana Catalana en 2001, llevaba sólo dos meses en profesionales y se manejaba con la soltura y atrevimiento de un veterano. No se imponía a los compañeros, pero ya sabía crear su red de complicidad desde un principio. Coincide con personas importantes para él como Ángel Vicioso, David Arroyo o Xavi Florencio.   

¿Cómo es el ‘estilo Purito’ deportivamente?

Saber encajar la derrota con la misma naturalidad que la victoria, sin estridencias ni malos rollos, sin esconder la decepción. Como hizo en Florencia, sin hacer sangre, o cuando perdió la Vuelta en Fuente Dé, que admitió no haber estado a la altura de Contador. Y sobre todo haciendo participe a muchas personas en la victoria. 

¿Algún ejemplo?

Él le tiene mucho cariño a una victoria del Giro de 2012. Era una etapa que finalizaba en Assis y tenía en su radar. Puso a trabajar al equipo y acabó con triunfo y vestido con la maglia rosa. Es el Giro que pierde el último día en la contrarreloj de Milán.

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