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Rakitic descorcha y el Madrid se seca

Un solitario del croata tumba a un Real Madrid que volvió a quedarse sin ver puerta ante el Barça por segunda vez en menos de una semana

Juanfran Moreno

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La plantilla azulgrana festejó su triunfo a pie de césped con los aficionados culés que había en la grada. FOTO: efe

La plantilla azulgrana festejó su triunfo a pie de césped con los aficionados culés que había en la grada. FOTO: efe

La diferencia entre este Real Madrid y este Barcelona es tan grande que ni Leo Messi ha tenido que hacer acto de presencia en estos dos últimos clásicos para que los azulgranas se los hayan llevado. Esto habla muy mal de los blancos y muy bien de los culés. No hay dudas, el Barça esta temporada es más regular que los merengues, como lleva siendo varios años atrás, y también mejor en el cara a cara. Bastante mejor, si afinamos. Una diferencia que se ha abierto como la herida del madridismo con su equipo.

El Barça se ha llevado los dos partidos en el Santiago Bernabéu demostrando madurez, pegada y personalidad. Como si supiera que en todo momento se encuentra en el camino hacia la victoria. Ha ganado los dos clásicos con una suficiencia irritante para los aficionados madridistas. Como si no le hubiese costado todo el esfuerzo que presupone ganar un partido de esta magnitud. Lo cierto es que han defendido con contundencia y han golpeado a la mandíbula cuando se les ha presentado la oportunidad para ello.

El Real Madrid, por su parte, vaga sin un rumbo claro. Juega por inercia y a impulsos. Quizás esa es la respuesta a la pregunta de por qué Vinicius y Reguilón son los futbolistas más diferenciales en el esquema blanco. Diferenciales, pero no determinantes. Hay que discernir estos dos conceptos. Probablemente, en un futuro lo serán si siguen la hoja de ruta que se les intuye, pero en el presente todavía no se les puede pedir que resuelvan.

No hubo grandes diferencias entre el clásico del pasado miércoles y el de ayer. El Real Madrid intentó ser dominante con balón, aunque con menos posesión que en el partido de Copa. Por otro lado, el Barça supo juntarse sin el cuero y aprovechó las transiciones para hacer daño a los blancos.

Lo cierto es que el conjunto de Santiago Solari ha acumulado 180 minutos sin marcar ante el Barça. Lo peor, es que la sensación es que ni con otros 180 minutos más podría haber marcado. Combina. Llega por banda. Lo prueba desde larga distancia. Nada. No hay recurso con el que pueda herir al conjunto azulgrana. Quizás porque ha perdido un colmillo afilado (Cristiano Ronaldo) con el que ya no cuenta y al que ahora comienza a echar más de menos de lo que lo hacía.

El Real Madrid tiene talento en sus filas, pero no pegada. Benzema, Vinicius, Modric… futbolistas de un alto nivel, pero que contribuyen más al juego que al marcador. El año pasado también contaba con otro colmillo (Gareth Bale) que está temporada comenzó hincando el diente, pero que con el paso del tiempo ha perdido agarre. Ayer estuvo, pero no apareció. Se marchó pitado y el conjunto blanco mejoró sin él en el campo.

El partido se resolvió en un solo bocado de un Barça que sí que puede presumir de dentadura. No necesito a ninguno de sus tres depredadores, Messi, Dembelé y Suárez, para ello. Apareció un hombre que suele andar siempre fino en los clásicos. Ivan Rakitic le cogió la espalda a Sergio Ramos y Messi le filtró un balón que dejó solo al croata ante Thibaut Courtois. Definió con tranquilidad y le enseñó a sus rivales que la fuerza no es la mejor arma a la hora de intentar castigar al portero rival.

Aquel gol colocó al Barça en la tesitura en la que tanto sabe manejarse últimamente. Minuto 26 y el Bernabéu ya desquiciado. Replegó y jugó cuando el Real Madrid no consiguió robarle el balón. No estuvo tan fino en la pegada como en el partido de Copa, pero demostró estar muy por encima de los blancos en todas las facetas del juego.

En la segunda mitad, el conjunto blanco inclinó el campo y apretó al Barça. Con corazón y fútbol. Pero no el suficiente. Solo amenazó y volvió a demostrar que en los partidos de vértigo hay que golpear. Finalmente, la Liga se vistió de azulgrana, a doce puntos del Madrid. Depresión y felicidad. Sin medias tintas. 

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