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Ramon Folch (CF Reus): Pies como imanes

Ramon Folch hace sencillo lo difícil. Juega casi siempre a uno o dos toques. Piensa antes que el resto. Contra Huracán apenas se equivocó. Todos los balones se engancharon a su 47 de calzado
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Ramon Folch, al fondo, junto al preparador físico rojinegro Xavi Bartolo.  Foto: Alba Mariné

Ramon Folch, al fondo, junto al preparador físico rojinegro Xavi Bartolo. Foto: Alba Mariné

Ramon Folch (Reus, 1989) expresó la esencia de su fútbol ante Huracán. Se convirtió en su actuación más poderosa. La confirmación de que, ahora mismo, resulta casi una temeridad sacarlo del once. La sencillez de su juego miente. Transforma problemas en soluciones con apenas un toque. Esa es su manera de comportarse sobre el verde. Se ofrece, toca y se mueve.

El canterano nunca destacó por su físico. Incluso puede transmitir fragilidad. Otra mentira. Exhibe una virtud innegociable. Piensa. Y lo hace antes que el resto. Justo en el momento de recibir, su periscopio ya le ha aclarado el horizonte. Sabe, en todo momento, dónde debe dirigir su servicio. Ante Huracán, el domingo, casi todos los balones cayeron en sus botas. Su 47 de calzado acarició la felicidad más plena. Ramon apenas se equivocó. Las barcas, como se conocen sus pies en el vestuario, parecieron imanes. Adornaron una actuación superlativa.

Este reusense licenciado en Telecomunicaciones se ha acostumbrado a las dotes de conquistador. Se ha especializado en cambiar opiniones. Su trayecto deportivo nunca resultó fácil. En la época de aprendizaje jamás destacó. Los técnicos de la cantera no solían ponerle en la lista de los equipos ‘A’. Tampoco le importó. Fue una esponja para aprender, algo que va en consonancia con su carácter. Introvertido pero amable.

Ramon lleva a la máxima expresión lo de «trabaja en silencio y deja que tu éxito haga todo el ruido». Ahora, con 25 años, recoge frutos. Ha dejado el anonimato para hacerse mayor en el Reus, el club de su vida.

Ni siquiera una grave lesión a los 12 de edad, cuando participaba en un torneo amistoso en la capital del Baix Camp, le cambió el rumbo. Ramon siempre quiso ser futbolista. Daba igual el nivel. Y eso que en casa tiró más la canasta. Su padre impartió magisterio como prestigioso técnico de baloncesto a nivel catalán. Sus hermanos, Anna y Jordi, fieles seguidores del pequeño de la familia cada 15 días en el Estadi, practicaron el basket con destreza. Al menor de la saga le cautivó más el olor del césped. El tiempo le ha dado la razón.

En verano de 2013, la llamada de Sergi Parés culminó un viaje de idas y venidas. Maduró en Vilafranca, Cambrils y Amposta. Incluso pasó unos meses en Finlandia (2012). Siempre con el fútbol en la cabeza. Explotó en Cuenca. Con Jordi Fabregat como técnico. Justo antes de regresar a casa alcanzó el ascenso a Segunda B con el Conquense (2013). Como eje de la sala de máquinas en aquel 4-3-3 que exhibió Fabregat, absolutamente enamorado del juego del Folch. Los hinchas le quisieron a rabiar. Su fútbol habló. ‘El pulpo’, como se le conocía en la Avenida de los Alfares, dejó huella.

También necesitó convencer a Emili Vicente en su estreno en casa, con el equipo de los mayores, la pasada temporada. Folch calló y dejó que el tiempo dictara sentencia. Volvió a tener razón. 34 partidos con su fútbol de buen pie, de buen gusto con la pelota, le regalaron la renovación. Formar parte del proyecto más ambicioso de la historia del Reus. Eso sí estaba obligado a conquistar de nuevo. Esta vez a Natxo González.

Fijo en el once

Natxo le había observado con lupa desde la grada del Estadi, pero no le conocía. Sí le vio cuando era un niño en categorías inferiores. Su participación en el arranque del curso no encontró la continuidad, pero el tiempo, siempre él, ha provocado que las cosas caigan por su propio peso. El reusense acumula ya 15 titularidades y su nivel ha hallado la plena madurez. A Folch ya no se le ve como una promesa. Sí como una realidad absoluta.

A Natxo le ha cautivado esa actitud de trabajo permanente en los ensayos. El rendimiento del centrocampista ha hecho el resto. El míster le ha entregado el puesto en el doble pivote, junto al ‘guardaespaldas’ Jaume Delgado. La regularidad y el equilibrio definen a Folch. Un chico con pies privilegiados. Un 47 de imán en las botas.

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