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Raphael Guzzo desafía a la inestabilidad

El jugador portugués del CF Reus completó su primera titularidad con una actuación madura y eficaz ante el Almería

Marc Libiano

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Alfredo González.

Alfredo González.

No fue una actuación deslumbrante de Rapha Guzzo (Sao Paulo, 1995) ante el Almería, pero hubo algo de madurez en su aparición, la primera en el once del curso. A ese reestreno le añadió momentos concretos fascinantes, sobre todo en el primer tiempo, cuando el físico todavía le alcanzaba para esfuerzos largos. Tiró paredes con cierta normalidad y conectó con el juego de ataque con una frecuencia interesante. Perdió poco y generó bastante. Evitó hacer cosas que no debía. El portugués ofreció un servicio delicioso a Yoda, en el primer gol de Lekic. Guzzo fue puntual en sus maniobras, no se dispersó ni acabó contagiado por la intermitencia. Sólo cedió cuando la fatiga castigó su inactividad. Muchos meses de sufrimiento para un chico de apenas 23 años, que ya ha necesitado superar la primera prueba emocional de su carrera. Pueden preguntarle a su menisco.

Rapha Guzzo responde al perfil de enganche creativo, dispone de ese ángel que endulza los ojos de los hinchas cuando acaricia la pelota. Necesita con cierta urgencia acumular 20 partidos seguidos para acabar de consolidarse. La continuidad en el fútbol fabrica jugadores de primer nivel y Guzzo, en el Reus, no ha escapado de la inestabilidad. Todavía cuesta verle como un futbolista indispensable. En su posición, además, también se acomoda Vítor, el futbolista más definitivo de la plantilla. Guzzo, en sus botas, dispone de una coartada maravillosa; el fútbol. Da la sensación de que depende de él su futuro. Y eso es un tesoro extraordinario. 

Ante el Almería, el luso coronó sacrificios extra con el premio de la titularidad. La lesión de Querol obligó a Garai a modificar el cuerpo del once, no el dibujo, pero sí la fisonomía. Fran se acostó a la izquierda y Guzzo disfrutó como interior en el 4-3-3. Quizás no exista una posición más idílica para él. Puede ver el juego de frente y moverse con cierta libertad cuando el equipo maneja la pelota. Casi siempre por los pasillos centrales, donde más feliz se siente. No se trataba de un estreno sencillo, la relevancia del partido le cargada de responsabilidad. Emergió con un talante responsable. Respondió con ligereza hasta que el cuerpo le penalizó. 

El canterano de Benfica decoró el primer desfile a la media hora de juego, cuando recibió liberado en tres cuartos de cancha, con todo el frente del ataque esperando un pase distinto, diferencial. Yoda le marcó la carrera y Guzzo le filtró el servicio entre el central y el lateral. Milimétrico para el francés, que quedó libre de vigilancia ante René, el meta del Almería. Culminó el proceso con premio gordo Lekic, con el 1-0 que otorgó un éxito descomunal para el Reus. Rapha compareció en el cartel de actor protagonista. Con el partido totalmente desgastado, Garai tomó la determinación que probablemente ya había imaginado en la previa. Guzzo no estaba para 90 minutos a máximo nivel. Le quitó en el 70 e inyectó oxígeno a la sala de máquinas con Tito, un centrocampista más preocupado por guardar el propio arco. El aplauso del Estadi para Guzzo resultó del todo sincero. Cae bien entre los hinchas, que esperan decretar  el estado de Guzzismo. 

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