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Raúl Marín, la Champions en tres dimensiones

El delantero reusense alzó su cuarta Copa de Europa con el Sporting de Lisboa este domingo. También la ha ganado con Barça (2014 y 2015) y Reus (2017)

Marc Libiano

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Raúl Marín, la Champions en tres dimensiones

Raúl Marín, la Champions en tres dimensiones

58 goles en 30 partidos resultaron una hermosa tentación para el renacido Sporting de Lisboa, uno de los clubs que se había ganado el prestigio dulce en Europa durante la época de Antonio Livramento y que ha regresado a la primera línea de fuego gracias a su poder financiero y un proyecto totalmente ambicioso. Sin medias tintas. El protagonista de ese récord de goles en la OK Liga disponía de nombre y apellidos. Raúl Marín Martín (Reus, 1986). Fue en el curso 2017-18, el último como exponente de la plantilla del Reus Deportiu. 

Hace justo un año, a finales de mayo de 2018, el run run sobre un posible interés del Sporting sobre ese hambriento delantero, de virtudes técnicas elegidas y de un olfato deprededor ante el arco rival, empezó a crecer. En la calle Gaudí confiaban en su continuidad porque mantenía contrato en vigor y se había ganado el estatus de primer capitán. Sólo el pago de la cláusula de rescisión iba a provocar su salida de casa, porque Reus nunca ha dejado de ser su casa.

El Reus en ningún momento negoció el precio. El coste de la operación lo marcaba esa reseña exclusiva de su contrato. Para ficharlo, el Sporting de Lisboa necesitó abonar cerca de 50.000 euros y lo hizo en julio, ya con el fichaje como secreto a voces. Para Raúl se hacía imposible renunciar a tres años de vinculación y una cantidad económica desmesurada. Con 31 años, el reusense, probablemente, se enfrentaba al último gran desafío de su carrera. La operación culminó, con el dinero para el Reus y el beneficio deportivo y económico para el jugador, que con él también ha desplazado a Lisboa a toda su familia, a su mujer Inés y a sus dos hijos, Hugo y Lucas.

El Sporting de Lisboa se ha sumado al grupo de poderosos monstruos futbolísticos que ahora mismo dominan el hockey europeo. Accedió a la última Final Four de la Champions junto a Benfica, Porto y Barcelona, los cuatro exponentes con planteles más poderosos del mundo y unas posibilidades económicas inalcanzables para el resto de los aspirantes. Sólo el Oliveirense, también portugués, puede equipararse a ellos.

Paulo Freitas, el técnico de los leones, tal y como conocen en Portugal al Sporting, puede elegir actores cada fin de semana. Precisa diseñar una lista de convocados como si de un equipo de fútbol se tratara. Debe prescindir de una de sus figuras, en ese plantel larguísimo en argumentos y recursos que maneja. En él se encuentra Raúl Marín, al que le ha costado coger su sitio y adaptarse a la peculiar cultura del hockey luso, aunque el tramo final de curso le ha devuelto un papel trascendente. Por ejemplo, en el partido de vuelta de cuartos de final de la Taça de Portugal, ante el Porto, convirtió tres goles y se encumbró como artista principal de un Sporting que lideran el arquero Girao, el incombustible Pedro Gil y el exrojinegro Matías Platero.

La Final Four
El Sporting organizó esa lujosa final a cuatro bajo el amparo de sus hinchas, que llenaron con un ambiente impresionante el nuevo pabellón Joao Rocha, para 3.000 espectadores y situado a la vera del estadio José Alvalade. La presión extra que invade al anfitrión no provocó miedo en los chicos de Paulo Freitas, que campeonaron con solvencia y devolvieron a la entidad a la cumbre continental. En la semifinal, el Sporting derrotó al Benfica por 5-4, en el extraordinario derbi de la ciudad. En el día decisivo, los leones acabaron con el Porto 5-2. 42 años después, la vieja Copa de Europa volvía a las vitrinas del reino leao.

Marin disfrutó de minutos en los dos partidos, como casi siempre emergió como rotación y aportó su talento para confirmar la apuesta de Freitas y de un club que ha acentuado su pasión por el hockey. Raúl levantó un título que ya le resulta familiar. Lo ha conquistado con tres equipos distintos. Lo ha ganado cuatro veces. Dos con el Barcelona (2014 y 2015), uno con el Reus (2017) y este último. El que ganó de rojinegro lo lleva dibujado en su piel. Aquel día en Lleida lució ese brazalete de primer capitán. En Lisboa disfruta desde otro ámbito.

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