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Reencuentro idílico (Nàstic 3-0 Lugo)

El Nàstic vuelve a ganar en Tarragona para alejarse del descenso hasta los seis puntos. Mesa, Muñiz y Tete Morente han sido los goleadores

Jaume Aparicio

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Ya tocaba. Hacía tres meses que el Nàstic no ganaba en el Nou Estadi. La afición había perdido la cuenta de las derrotas y las decepciones. Este domingo, de Resurrección para más ‘inri’, 6.000 hinchas acudieron con la esperanza de que esta vez habría felicidad al final de los 90 minutos. Los tropiezos de Cultural Leonesa y Córdoba dejaban el camino allanado para abrir una brecha de dos partidos con el descenso. Era el momento ideal para reencontrarse con el triunfo de local. Se logró. La victoria más abultada del curso.

Nano Rivas percutió en el fútbol de transiciones. Ese juego de contragolpe que tanta rentabilidad le ha dado lejos de Tarragona. No es el más vistoso, porque secuestra el ataque enemigo para ofrecer el suyo en dosis pequeñas y fugaces. Pero el Gimnàstic no está para florituras. En Segunda los puntos son costosos y cualquier forma de obtenerlos es lícita. 

Mesa metió el 1-0 en la primera oportunidad de peligro en territorio lucense. Una acción de billar a tres bandas. De Dimitrievski a Álvaro y del badalonés al canario que batió al arquero visitante con un testarazo inteligente. El segundo llevó la firma de Juan Muñiz. Salió al verde y marcó en la primera vez que tocaba el esférico. La culminación de una tarde de Domingo de Resurrección idílica fue obra de Tete, en la última acción del encuentro.

Hubo carrusel de cambios. De los once que jugaron de partida negra Alcorcón solo quedaron tres: Tete, Molina y Tejera. Enésimo revolcón de Nano Rivas para romper la maldición en el Nou Estadi y, de paso, lograr esa regularidad que tanto ansía. El manchego dejó aparcado el 4-4-2 que había establecido en las últimas jornadas por un 4-3-3. Una decisión que llevaba aparejada una permuta de jugadores importantes. Maikel Mesa reaparecía en la media punta, la posición en la que se encuentra más cómodo, en detrimento de Barreiro. 

Sin el gallego, Álvaro quedaba como el jugador más adelantado implantando una filosofía completamente diferente a la que se aplica con Barreiro. Si el gigantón de Santiago debe acudir a la caída del balón para bajarla y convertirla en algo aprovechable para sus compañeros, con Álvaro el equipo busca la profundidad. Saben que el atacante de Badalona es un alquimista del área. Uno de esos delanteros que fabrican goles en soledad. Que viven alejados del jaleo, concentrados en aprovechar el material que les cae en las botas. Por eso, la preocupación del equipo era hacerle llegar balones desde cualquier parte del campo. Recuperar y lanzar el cuero al horizonte.

No pareció preocuparle que el Lugo asumiese el protagonismo del balón al comienzo del encuentro. Tenían clara que su prioridad era mantenerse armados defensivamente para evitar sobresaltos que pudieran llevarle a nadar contracorriente. Mientras los gallegos hacían gala de su timidez a la hora de atacar, el Nàstic encontró el camino de la portería con un fútbol directo.

Un gol  en tres toques. Saque largo de Dimitrievski, control orientado espectacular de Álvaro para deshacerse de su pareja de baile y centro preciso para que Mesa, con los pies fijos en el suelo, cruzara el balón con un remate de cabeza. 

El partido entró en una larguísima fase de tregua. Sólo Tete Morente logró romper la monotonía plana que establecieron ambos conjuntos. El extremo andaluz sacó su talento a relucir en una acción exquisita en la que se fue de tres rivales. Pisó área y remató fuerte y seco al palo corto. Juan Carlos tiró un pie de balonmano para rechazar el disparo. 

Los regresos de Kakabadze y Dimitrievski, además del de Fali y César Arzo, inyectaban confianza en el aspecto defensivo. Ofrecen consistencia y contundencia en el área. Dos aspectos fundamentales para dejar el arco a cero. 

Al Nàstic le gustaba ese estado semicomatoso del partido. Pero no al Lugo. Los gallegos tenían una excelente ocasión para poder acercarse al play-off. Francisco asumió el riesgo y lanzó a los suyos hacia arriba. Mientras Nano iba tomando precauciones con vistas a un final agónico.

La agonía se evitó gracias a la aparición de Juan Muñiz. En su primer toque de pelota, había reemplazado a Maikel Mesa, el centrocampista asturiano conectó un tiro desde la frontal que se coló en la portería, lejos del guante de Juan Carlos. Un gol que reconcilió al futbolista con el Nou Estadi. En la victoria todo resulta más fácil.

El Lugo no le complicó la vida a una defensa grana que repelió todo lo que entraba en sus dominios. Dimitrievski solo tuvo que aparecer en una ocasión, con el tiempo reglamentario cumplido, en un remate de Cristian Herrera al segundo palo.

La tarde aún escondía una última felicidad. Un tercer tanto para redondear el triunfo. La cogió Kakabadze y asistió en profundidad a un Tete Morente que batía a Juan Carlos por debajo de las piernas.

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