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Remontada de fe (Nàstic 3 - 2 Mirandés)

Un gol de Aburjania y dos de Naranjo dan el triunfo al Nàstic frente a un Mirandés que se adelantó en el marcador y que jugó toda la segunda mitad con diez jugadores por la expulsión de Alain

Jaume Aparicio López

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José Naranjo y Achille Emaná, de rodillas frente con frente, celebran el gol rodeado de sus compañeros. Foto: Pere Ferré

José Naranjo y Achille Emaná, de rodillas frente con frente, celebran el gol rodeado de sus compañeros. Foto: Pere Ferré

Necesitaba el Nàstic una confirmación de fe. Los granas llevaban cuatro jornadas sin ganar. Un ‘bache’ que ponía en entredicho la línea del equipo en el tramo final. El bagaje de la temporada es excelente, pero hacía falta dirimir si daba para la permanencia sin apuros –que ya hubieran firmado la gran mayoría de la parroquia nastiquera– o para algo más. La remontada ante el Mirandés renueva esa confianza en los chicos de Vicente Moreno de que pueden hacerla grande esta temporada. Su victoria, más difícil de lo esperado pero menos sufrida, y el empate del Alavés deja el ascenso directo en manos de los jugadores del Nàstic. Sólo dependen de ellos mismos para jugar el año que viene en Primera.

Andaba el Nàstic desconocido en el primer tiempo. Pesaroso por el césped. La fórmula de acumular hombres con capacidad creativa en el campo (Aburjania, Tejera y Lobato), con Emaná, otro genio de la aritmética futbolística, como ariete, resultaba pobre como antídoto ante el atípico sistema de Carlos Terrazas. El bilbaíno es una nota fresca en Segunda. Uno de esos entrenadores empeñados en llevarle la contraria a esos fundamentalistas del tacticismo enrocados en vincular la actitud defensiva con el número de zagueros. En el Mirandés, como sucede en el Nàstic de Vicente Moreno, que acude a la misma filosofía pero desde ángulos más canónigos, todo el equipo está dotado de un espíritu protector. Un orden meticuloso difícil de corromper.

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