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Remontada salvadora (Zaragoza 1-2 Nàstic)

El Nàstic finaliza la jornada fuera de los puestos de descenso gracias a los goles de Juan Delgado y Suzuki que consiguieron remontar el tanto inicial de Ángel. Reina y los postes salvaron la victoria

Jaume Aparicio López

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Foto: Oliver Duch/ Heraldo de Aragón

Foto: Oliver Duch/ Heraldo de Aragón

El Nàstic puso ayer fin a 22 jornadas de pesadilla. 162 días reposando en la zona de descenso que se acabaron gracias al triunfo en La Romareda, ese estadio convertido en fetiche grana en los últimos años. Ha logrado tres triunfos en sus tres últimas visitas. 0-3, cuando era Segunda B y el rival era el filial; 0-1 la pasada temporada y el 1-2 este domingo.

La victoria requirió todo lo que se le pide al equipo. Actitud, paciencia, juego inteligente y mordiente arriba. Elementos que los pupilos de Juan Merino tuvieron que emplear para remontar el tanto inicial de Ángel.

Delgado y Suzuki hicieron el trabajo anotador y Reina protegió el botín hecho un gigante ante la animadversión con la que le trató la hinchada zaragocista. Era esperable tras lo ocurrido el curso pasado, pero el meta respondió con una actuación soberbia que amargó la noche aragonesa. Los palos también contribuyeron. Tantas veces aliándose en contra, ayer tuvieron bondad con el cuadro tarraconense.

El Nàstic salió con valentía. No se quedó esperando, sino que presentó un mentalidad decidida. Con ganas de hacer supurar las dudas que corroen al Zaragoza desde hace semanas y que mantienen a Raül Agné en el alambre. Adelantaron líneas para presionar en campo rival desde el comienzo.

El partido tenía buena pinta. Los futbolistas mostraban la mentalidad adecuad. La que pedía una oportunidad tan clara para dejar de ocupar puestos de descenso. Pero a los cuatro minutos el partido se torció por un error clamuroso de Suzuki. El japonés falló en la entrega y regaló un balón muerto a Lanzarote, el mismo que la temporada pasada falló el penalti que dio los tres puntos al Nàstic. El mediapunta barcelonés se sacó una asistencia de mago para, al primer toque, dejar solo a Ángel lante Reina. El delantero local resolvió a la perfección.

No parecía que fuera el día de Suzuki cuando minutos después, resbaló y permitió otro contragolpe zaragocista. El palo impidió que Ángel hiciera el doblete en menos de diez minutos.

El cuadro tarraconense no perdió los nervios. Mantuvo el control de la situación con largas posesiones y manteniendo una línea de presión alta de la que el Zaragoza solo se escapaba en contadasocasiones y únicamente con fútbol directo.

El dominio grana tuvo el premio merecido con el gol del empate. Juan Delgado recibió en la frontal. Recortó ante el rival y alcanzó el palo largo de la portería de Saja con un disparo certero.

La afición zaragocista comenzaba a desesperarse. Justo lo que quería el Nàstic. Que la grada transmitiera intranquilidad a sus jugadores.

La claridad de ideas del cuadro grana contrastaba con un Zaragoza agobiado. Sin un plan elaborado. Solo la confianza en la pegada de Ángel.

La lesión de Luismi a falta de tres minutos para el descanso fue la nota negativa de una gran primera parte tarraconense. El centrocampista andaluz notó un pinchazo en carrera y se echó al suelo. Buen detalle del Zaragoza que mandó el balón fuera pese a que tenía un contragolpe claro.

El guión se mantuvo en la segunda mitad. El Nàstic seguro atrás, iba a buscar al Zaragoza a su campo. Juan Delgado protestó un penalti cuando se quedaba solo ante Saja. Hubo contacto ligero. De esos que son suficientes en función del área donde se producen.

Saja veía a sus excompañeros cada vez más a menudo en sus dominios. Achille Emaná pudo encañonarle, pero se le hizo largo el control al camerunés.

Ángel era la única esperanza local de provocar peligro. Sus movimientos ponían en serio aprieto a Suzuki, muy incómodo como zaguero central durante todo el partido. Vio como Ángel volvía a cogerle la espalda y solo la intervención de Djetei impidieron que el Zaragoza hiciera el segundo.

La victoria se fraguaba en el bando visitante. La presión grana asfixiaba al Zaragoza que iba reculando al ritmo que los pitos de sus aficionados subían de decibelios.

Madinda y Tejera gobernaban el partido. Lobato se agrandaba por momentos. Pero el protagonismo fue para Suzuki. Con lo que estaba sufriendo el japonés en defensa, fue él quién en plancha remató al fondo de la red un saque de esquina.

El 1-2 hizo reaccionar al conjunto de Raül Agné que se bolcó hacia arriba. Era tiempo de guarda la ropa. Recogerse atrás y aguantar el chaparrón.

La Romareda no había olvidado el partido del curso pasado. Así lo mostraba a Reina. Cada vez que el portero grana tocaba la pelota le acompañaba una sonora pitada. No tenían ni idea de lo bien que se lo pasa el malagueño en esos escenarios. Lo entendieron en los minutos finales cuando la figura del portero grana se agigantó. Repelió todo lo que te tiraron. Y donde no llegaba el meta aparecía ese palo o travesaño que se empeñaba en salvaguardar el triunfo visitante para regalar al Nàstic un jornada feliz fuera del descenso.

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