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Deportes HOCKEY

Reus Deportiu-Voltregà (2-0). 'El triunfo del albañil'

El Reus conquista una nueva victoria ante el Voltregà, en un partido feo, en el que necesitó su versión más practica. Los rojinegros aprovechan el despiste del Vic y se sitúan segundos

Marc Libiano Pijoan

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Albert Casanovas conduce una bola perseguido por Ignacio Alabart. Foto: Alba Mariné

Albert Casanovas conduce una bola perseguido por Ignacio Alabart. Foto: Alba Mariné

En ocasiones los amantes de la anarquía tampoco pueden escapar de la disciplina. Hay noches, como la de hoy, que invitan a lluvia y truenos. La salvó el Reus con un ejercicio de compromiso encomiable, porque amenazaba temporal. Ese grupo de excelentes artistas cambió el esmoquin por el mono de fontanero para secuestrar tres puntos alucinantes.

Mucha culpa de la faena de intendencia se la apuntó su rival. Gigante porque jamás le perdió la cara al partido. El Voltregà ha mostrado hechuras para competirle a los grandes en cualquier velada que se antoje. Lo hizo en el templo.

El Reus soluciona problemas por ingenio, no por método. No lo hay. Convierte el desorden en una virtud. El delirio en una comedia. Es la expresión de libertad más exagerada en una cancha. El Voltregà le exigía personalidad, porque el Voltregà no es cualquier cosa. Juega para ganar con practicidad. Acude a la calma para sujetar el juego. No se estresa, su ideario de conducta lo marcó Ares y lo ha mantenido Cesc, el actual jefe de la pandilla. No hay excesos abundantes en el Voltregà.

Los de Mariotti resistieron a la incomodidad del congelador en la puesta en escena. Poco vértigo, mucha paciencia. Desmesurado rigor. Los postes de Armengol y Vargas amenazaron corazones. Sólo eso. Platero se encargó de borrar sospechas. En esas decisiones que suele tomar su computadora cerebral, se colocó dentro del cuadro enemigo. No se le caen los anillos por asumir roles de especialista. Se tranformó en un interior voraz. Álex Rodríguez exhibió su pala para el disparo violento. La pelota chocó con el fondo y no acudió al stick de Platero por casualidad. El argentino pensó antes que nadie y llegó al gol en dos toques. Uno para el control, otro para la culminación.

En todo caso, la ventaja no era garantía. De hecho, Pedro Henriques, el arquero del fado portugués, se acostumbró a intervenir con demasiada puntualidad. Las señales del Voltregà transmitían vida. Mucha vida. Una majestuosa aventura individual de Marín, que sorteó piernas como un malabarista de circo, llamó al respiro.

Misterio y éxtasis

La extrema precaución marcó el desenlace. Fue entonces cuando el Reus se disfrazó de alemán ordenado. Su ejercicio de solidaridad colectiva le ofreció la llave. Sobre todo en el sistema defensivo. Se ayudaron hasta la extenuación los chicos, el partido lo pedía.

No era un día para el arte bohemio, era una noche para colgar cuadros en el salón y poner infinidad de lavadoras. Resultó imposible cambiarle el paso al juego, de ritmo cansino, a veces desesperante. Además, los arqueros se habían tomado el Colacao en la previa. No se adivinaban grietas.

El Voltregà se relamió cuando el Reus cometió su novena falta, a tres minutos del final. Andaba en el alambre. La décima, el tiro directo, el mano a mano ante Henriques, concedía esperanza visitante. El Reus no la cometió porque gestionó esos minutos de la verdad sin alardes, pero como un experto con un millón de cicatrices en su rostro. Hasta apareció tiempo para celebrar. A pocos segundos del éxtasis, Càndid, el meta osonense, se incorporó a la épica y dejó huérfano el arco. Robó Salvat con el Voltregà descosido. Marín la empujó para servir alivio y un éxito que encumbra a los albañiles.

Reus Deportiu: Pedro Henriques, Casanovas, Platero, Marín y Torra. También jugaron: Salvat y Álex Rodríguez.

Voltregà: Càndid Ballart, Alabart, Vargas, Armengol y Dani Rodríguez. También jugaron: Crespo y Teixidó.

Goles: 1-0, Platero (13'), 2-0, Marín (49').

Árbitros: Miguel Díaz e Íñigo López.

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