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Rocha y Mossa, el Nàstic en la piel

Los dos exfutbolistas granas lucen tatuajes que hacen referencia al ascenso a Segunda división. Visitarán el domingo el Nou Estadi (16h) con el Oviedo

Jaume Aparicio

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Mossa (i) y Rocha (d), con la camiseta del Oviedo en el Tartiere. Foto: Cedida

Mossa (i) y Rocha (d), con la camiseta del Oviedo en el Tartiere. Foto: Cedida

Una fecha reluce tatuada en el brazo de José Angresola ‘Mossa’. «31/05/2015». Los mismos números (‘31, ‘5’ y ‘15’) que David Rocha se dibujó permanentemente en una pierna como si fueran tres cartas de póker. Para ambos futbolistas, ese día fue histórico.  Un recuerdo imborrable. Igual que para todos los seguidores del Nàstic. Esa mañana de primavera, todo cambió. El Nou Estadi celebró por todo lo alto su regreso a Segunda y Rocha y Mossa vivieron el día más feliz en su carrera deportiva.

El cacereño, además, añade un elemento: dos dados de la fortuna con el ‘3’ y el ‘1’ boca arriba. 3-1. El resultado de aquél Nàstic-Huesca que abrió las puertas de Segunda para el equipo y para el centrocampista, después de varios intentos fallidos.

Aquello unió a un vestuario que ambos señalan «era como una familia muy unida». Un grupo que escribió historia. Al celebrado ascenso le siguió un año espectacular en Segunda, en el que se llegó a soñar con Primera división. Un ambiente que forjó amistades verdaderas. Entre ellas, la de Mossa y Rocha. 

El mediocentro se fue en enero del 2016 a la Mayor League Soccer (MLS) norteamericana. Regresó ese mismo verano a la liga española. El proyecto de Hierro en Oviedo le reclamó y el todocampista cacereño acabó de carbayón. El mismo destino que siguió Mossa un año después.

«Tengo la conciencia tranquila. Lo di todo por el Nàstic», Mossa

En Oviedo reemprendieron la amistad. Rocha hizo de cicerone de Mossa. El valenciano llegó tarde, con la temporada a punto de comenzar. Necesitaba un apoyo para asimilar el profundo cambio. Y Rocha, como no podía ser de otra manera, le abrió las puertas del vestuario y de su casa. 

«Teníamos una relación magnífica y seguíamos en contacto. En Oviedo hemos acentuado esa amistad», explica Mossa. «Raro es el día que no viene a casa a cenar o quedamos a tomar café», confirma Rocha. En todas esas conversaciones siempre aparece Tarragona y el Nàstic. Anécdotas que el tiempo dejó medio borradas y que el reencuentro ha vuelto a sacar a la luz.  

«Los dos llevamos al club y la ciudad en el corazón», comenta Mossa. El lateral explica la conexión que sintió a su llegada a Tarragona: «Fue única. Yo ya había firmado cuando se perdió en Llagostera y también fue un golpe. Pero el vestuario se unió todavía más y acabamos viviendo sensaciones increíbles».

«Recuerdo todas las sensaciones que viví el día del ascenso como si hubiese sido ayer», Rocha

El futbolista de El Puig vivirá este domingo la experiencia de regresar al Nou Estadi con la camiseta rival. Un momento que llevaba esperando desde que se fue «después de los tres mejores años de mi carrera». Incluido el tercero, el pasado. Una temporada complicada para todos que desgastó a Mossa y que le llevó a buscar otros retos para reencontrarse personalmente. 

El lateral no teme la reacción del público. Tiene la consciencia bien tranquila. «Lo di todo por el Nàstic. Mi compromiso fue total desde el primer hasta el último día». Ahí están los números para confirmarlo. 117 partidos en tres temporadas. Sólo se perdió once partidos de liga. Marcó dos goles. El primero en el Iberostar de Mallorca, cuyas coordenadas lleva también tatuadas en la piel. «Tarragona me marcó para siempre, tanto profesional como personalmente. Me hizo madurar». 

El gol de Rocha
Rocha ya vivió el regreso a Tarragona el curso pasado. En esta ocasión habrá más tranquilidad, aunque es imposible que no despierte ese lado emotivo. Sobre todo cuando mire esa portería de Gol Nord (Muntanya). La misma en la que marcó el 2-0 de la final del play-off ante el Huesca. «El gol no se me olvidará en la vida. Tengo la jugada grabada en la mente como si hubiera pasado ayer. Recuerdo hasta las sensaciones que tuve cuando vi el balón templadito centrado por Azkorra. El remate girando la cabeza y ver cómo la pelota va a portería. La piel de gallina». 

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