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Sara Martínez, jugadora del CBT, defensa en zona contra el COVID-19

Baloncesto. La jugadora y entrenadora del CB Tarragona es enfermera del Hospital Joan XXIII de Tarragona donde combate los estragos del coronavirus

Jaume Aparicio

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Sara Martínez, en una foto de su cuenta de Twitter

Sara Martínez, en una foto de su cuenta de Twitter

El partido contra el Covid-19 está en pleno apogeo. El marcador de contagios y fallecimientos no para de subir en España pese a los esfuerzos defensivos de los sanitarios por detener su avance. Médicos, enfermeras, auxiliares y todos los trabajadores de los centros hospitalarios trabajan a destajo para combatir la enfermedad y lograr más pronto que tarde la victoria contra el coronavirus.

De ganar encuentros sabe mucho Sara Martínez, jugadora del sénior B del CB Tarragona y entrenadora de un equipo femenino en el club azulado, que convive con el COVID-19 diariamente como enfermera del Hospital Joan XXIII. El coronavirus le ha dejado sin el baloncesto y le ha complicado mucho el trabajo.

Del básquet nota su ausencia. «Acostumbrada a entrenar, estar con mis niñas y hacer ejercicio diario pues es complicado dejar de hacerlo todo de golpe», cuenta Martínez. Como muchos deportistas tratan de seguir una rutina. En su caso a través de Instagram, con los videos del entrenador ‘Coach Galo’ que comparte con su pareja, también deportista.

Lo más difícil está en su labor profesional en el hospital. Está en el turno de noche de una planta destinada a pacientes que han sufrido un ictus. «Pacientes vulnerables al Covid-19», admite. Hasta este fin de semana, en la planta reinaba cierta calma. Nada que ver con los nervios de otras zonas, como la UCI o Urgencias, donde se empiezan a agolpar posibles casos de coronavirus. Pero la sensación de exposición al coronavirus que se produce al entrar en el centro hospitalario ha generado alarma entre pacientes y familiares: «El peligro no es ya el ictus sino coger el Covid-19».

Como sucede en muchos hospitales el material adecuado para afrontar la situación no abunda. Pese a los esfuerzos del supervisor por asistir de todo el equipo necesario a veces solo llega para dos personas. Enfermera y auxiliar. Lo justo para poder atender a los pacientes con sospecha o positivo de coronavirus. El resto de empleados sanitarios cuentan con el material básico. Son conscientes, porque así se lo han dicho, de que pueden contagiarse. De hecho, ya ha habido un caso de una compañera. «Cuando te toca de cerca te entra más miedo», admite Sara Martínez que también le ha tocado vivir un caso complicado. El de un hombre de 90 años sin síntomas que dio positivo de Covid-19. Una placa desveló la enfermedad y su agravamiento.

Sara vive cerca del pabellón del Serrallo. Desde allí, escucha todos los días a las 20.00 horas los aplausos de reconocimiento de sus vecinos y amigos que le instan por WhatsApp a salir al balcón para oírlo: «Nos llegan y lo agradecemos».

Como a todos el confinamiento le ha trastocado su vida. Pero recuerda que el estado de alarma se acabará en algún momento y la gente podrá salir a la calle, mientras que en los hospitales el partido contra el coronavirus tendrá más de una prórroga.

Antes de concluir la llamada suelta una petición que suena casi a súplica: «Quedaos en casa, pero no pongáis la música tan alta que los que trabajamos de noche no podemos descansar».

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