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Sin gol no hay victoria

Jaume Aparicio

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Sin gol no hay victoria

Sin gol no hay victoria

 

A perro flaco todo son pulgas. Y el Nàstic está ahora mismo en los huesos y, lo que es peor, sin saber cómo alimentarse. Porque ni de penalti llegan los goles. Uche  falló un lanzamiento desde los once metros que podía haber dado la primera victoria de la temporada en Liga. Tiró centrado y raso. Irureta aguantó suficiente para estirar el pie, frenar el balón y echar al traste la victoria local.
Era el inicio de un noche aciaga para los delanteros granas. Vicente Moreno se la jugó con sus dos ‘nueves’. Un sistema para tratar de poner fin a la sequía goleadora. Pero los dos, nigeriano y calafellense, estuvieron negados de cara a puerta. Le pusieron ganas. Todo el equipo lo hizo. Mordieron al rival en cada balón. Cada duelo cuerpo a cuerpo combatían con ardor. La grada les arropó. Ni una queja. Sólo la desesperación lógica con cada ocasión fallada. El Nou Estadi estuvo al lado del equipo en todo momento. Entonando l’Amparito Roca. Jaleando sus chicos como el día del Alavés o ante el Osasuna. Sin descanso.  En una unión fantástica que debe perdurar de aquí hasta el final de campaña. Pase lo que pase.
El Nàstic fue todo corazón, pero le faltó fútbol. El carácter sirvió para anular al Zaragoza.  Que no está nada mal, si en el casillero figuraran más que esos míseros 4 puntos. El equipo de Luis Milla, colíder de Segunda hasta ayer, apareció poco por el área de Saja. Se limitó, como ya había advertido Vicente Moreno en la rueda de prensa, a esperar un fallo del Nàstic, pero como los granas no arriesgaron tampoco le otorgaron ocasiones fáciles.
Tuvieron un par, que el ‘Chino’ Saja se ocupó de desactivar. El portero argentino volvió a lucirse. Al ‘pichichi’ Lanzarote le sacó un tiro a la escuadra con un vuelo impresionante. De museo.
Volvió a predominar la horizontalidad. Cordero jugó acobardado. Con miedo a arriesgar demasiado. Optó siempre por el pase fácil. De él se espera que brote la originalidad. Tiene de sobras imaginación y calidad para descubrir esos espacios por los que servir una cena Michelin a los delanteros. Sin ese punto artístico se vuelve monótono.
Como Gerard cuando se emperra en hacerlo todo solo. Sus galopadas son únicas y excepcionales pero con medida. Cayó en la repetición. Intentando alcanzar la línea de fondo en jugada personal cuando el centro debía llegar antes. Sobre todo, con dos nueves en el pasto. 
Lo mismo se podría decir de su homólogo en la otra banda Giner. Chocó con los defensores zaragocistas una y otra vez, pero no cambió el guión. Ni un envío bombeado al área. 
El planteamiento de Moreno sirvió para dominar el encuentro. Acorraló al Zaragoza, aunque las ocasiones llegaron a través del empuje y las ganas de sumar la primera victoria. Aproximaciones que no se convirtieron en gol. La falta de acierto es un verdadero dolor de cabeza. El Nàstic lleva tres partidos sin marcar un solo gol. Un lastre a solucionar. El resto, poco a poco, mejor o peor, pero va evolucionando. Se ven maneras, pero hasta que no llegue ese primer triunfo en Liga habrá nervios. Dudas e incertidumbres que deberán resolver cuanto antes. De momento, siguen en descenso. Penúltimos porque el Rayo aún no ha jugado. Una situación que requiere una reparación inmediata. Y el sábado, otro ‘coco’ el Córdoba. Otra oportunidad para cambiar la dinámica y sacar la cabeza.

A perro flaco todo son pulgas. Y el Nàstic está ahora mismo en los huesos y, lo que es peor, sin saber cómo alimentarse. Porque ni de penalti llegan los goles. Uche  fall ó un lanzamiento desde los once metros que podía haber dado la primera victoria de la temporada en Liga. Tiró centrado y raso. Irureta aguantó suficiente para estirar el pie, frenar el balón y echar al traste la victoria local.

Era el inicio de un noche aciaga para los delanteros granas. Vicente Moreno se la jugó con sus dos ‘nueves’. Un sistema para tratar de poner fin a la sequía goleadora. Pero los dos, nigeriano y calafellense, estuvieron negados de cara a puerta. Le pusieron ganas. Todo el equipo lo hizo. Mordieron al rival en cada balón. Cada duelo cuerpo a cuerpo combatían con ardor. La grada les arropó. Ni una queja. Sólo la desesperación lógica con cada ocasión fallada. El Nou Estadi estuvo al lado del equipo en todo momento. Entonando l’Amparito Roca. Jaleando sus chicos como el día del Alavés o ante el Osasuna. Sin descanso.  En una unión fantástica que debe perdurar de aquí hasta el final de campaña. Pase lo que pase.

El Nàstic fue todo corazón, pero le faltó fútbol. El carácter sirvió para anular al Zaragoza.  Que no está nada mal, si en el casillero figuraran más que esos míseros 4 puntos. El equipo de Luis Milla, colíder de Segunda hasta ayer, apareció poco por el área de Saja. Se limitó, como ya había advertido Vicente Moreno en la rueda de prensa, a esperar un fallo del Nàstic, pero como los granas no arriesgaron tampoco le otorgaron ocasiones fáciles.

Tuvieron un par, que el ‘Chino’ Saja se ocupó de desactivar. El portero argentino volvió a lucirse. Al ‘pichichi’ Lanzarote le sacó un tiro a la escuadra con un vuelo impresionante. De museo.

Volvió a predominar la horizontalidad. Cordero jugó acobardado. Con miedo a arriesgar demasiado. Optó siempre por el pase fácil. De él se espera que brote la originalidad. Tiene de sobras imaginación y calidad para descubrir esos espacios por los que servir una cena Michelin a los delanteros. Sin ese punto artístico se vuelve monótono.

Como Gerard cuando se emperra en hacerlo todo solo. Sus galopadas son únicas y excepcionales pero con medida. Cayó en la repetición. Intentando alcanzar la línea de fondo en jugada personal cuando el centro debía llegar antes. Sobre todo, con dos nueves en el pasto. 

Lo mismo se podría decir de su homólogo en la otra banda Giner. Chocó con los defensores zaragocistas una y otra vez, pero no cambió el guión. Ni un envío bombeado al área. 

El planteamiento de Moreno sirvió para dominar el encuentro. Acorraló al Zaragoza, aunque las ocasiones llegaron a través del empuje y las ganas de sumar la primera victoria. Aproximaciones que no se convirtieron en gol. La falta de acierto es un verdadero dolor de cabeza. El Nàstic lleva tres partidos sin marcar un solo gol. Un lastre a solucionar. El resto, poco a poco, mejor o peor, pero va evolucionando. Se ven maneras, pero hasta que no llegue ese primer triunfo en Liga habrá nervios. Dudas e incertidumbres que deberán resolver cuanto antes. De momento, siguen en descenso. Penúltimos porque el Rayo aún no ha jugado. Una situación que requiere una reparación inmediata. Y el sábado, otro ‘coco’ el Córdoba. Otra oportunidad para cambiar la dinámica y sacar la cabeza.

 

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