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Sin noticias del Reus (Tenerife 3-0 CF Reus)

El Reus sale goleado de Tenerife, donde no compite y completa su peor actuación de la temporada. Vítor Silva dispara al poste con 1-0 para los locales, aunque sólo se trata de un espejismo

Diari de Tarragona

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Olmo se duele en una acción del encuentro de ayer en el Heliodoro Rodríguez López. FOTO: La Opinión de Tenerife

Olmo se duele en una acción del encuentro de ayer en el Heliodoro Rodríguez López. FOTO: La Opinión de Tenerife

Para el Reus, el relax es un síntoma horroroso, no puede caer en ese estado jamás. Sus éxitos dependen del máximo estado de efervescencia en cada actuación. En Tenerife, el Reus fue un equipo chato, sin alma y lo pagó. El rival le superó en todos los registros del juego. Con y sin el balón. También en aspectos de actitud. 3-0, claro. No hay otra historia.

Garai detesta que su equipo no compita. Más allá del resultado existen normas que cumplir. En el Heliodoro, el Reus dejó de competir. Probablemente ese es el aspecto más relevante de la derrota. Hasta ahora no había sucedido. El cuerpo que deja el partido no invita al optimismo. 

Los de Garai consumieron el primer tiempo sin tirar entre palos

El técnico vasco necesitó improvisar un once con ausencias de peso. Se cayeron a última hora Miramón y Edgar Hernández, probablemente, sus dos futbolistas con mayor energía física y de dulce en aportación. Fue como un atentado al corazón del Reus. Visto lo visto, se notó.

Inicio frío

La complacencia del Reus en el arranque desesperó. Miró en exceso, esperó demasiado. Se confundió. Cuando quiso activarse, ya le habían castigado. Se trata de un escenario natural en la élite. Está totalmente prohibido el confort. El acomodo. Y el Reus se acomodó  en abundancia, frío, tierno, apagado. Incluso peleado con el balón. Pérdidas en el origen de cada ataque le maltrataron. En la primera, Tito se despistó ante Leal y éste disparó de rosca al vecino del cuarto.

El Tenerife sí mostró la energía apta para competir. Exhibió sus colmillos en la presión y madrugó para amenazar. Un pase filtrado de Sanz, por dentro, libertó al supersónico Tyron, que chocó con los reflejos de un Badia vivo, el mejor del Reus. El único que tomó el césped con descaro. Badia la escupió con los pies. La distancia real entre el Tenerife y el Reus la marcaba la intensidad. En eso había una distancia sideral entre las dos escuadras.

Vítor Silva y Aitor Sanz, autor del 3-0, pelean un balón dividido ante la mirada de Carbonell y Lekic. FOTO: La Opinión de Tenerife

Existen valores innegociables para que el Reus pueda sobrevivir cada domingo, uno de ellos es la máxima dedicación. No ofrecer ventajas en energía.  El Tenerife le penalizó a los 12 minutos, en una transición colectiva deslumbrante, de buen gusto combinativo. Leal perforó el centro del refugio rojinegro, entre Campins y Pichu, en el movimiento definitivo. Badia le sacó el remate con la mano izquierda, pero Longo había acompañado la acción. La empujó sin oposición.

Edgar Badia, a pesar de los tres goles recibidos, fue el mejor jugador rojinegro

El Reus consumió el primer tiempo sin ofrecer un remate, ni siquiera un amago de amenaza. A lomos de Badia, que volvió a ganarse el sueldo con dos paradas para el Youtube a Tyron, con el Heliodoro enloquecido con el vendaval de sus chicos, con ánimos reivindicativos. Sólo el desahogo de una posesión ficticia apagó la pesadilla. Por lo menos, los de Garai descansaron con el balón. 

Vítor, al poste

El técnico no esperó a tomar decisiones. Prescindió de Tito y soltó a Karim Yoda casi sin avisar. Vítor, un balón parado, empleó su diestra para enviar la pelota al poste en el regreso al foco. Fue lo más cerca que estuvo del gol el Reus. Resultó hasta curioso comprobar lo quisquilloso que estuvo el Reus con la pelota. El mar de errores no cesó. 
Al Tenerife gestionó con personalidad los tiempos. Se organizó con inteligencia para robar y correr la transición. Se abrieron los espacios con el riesgo del Reus. Fue el Tenerife experto para no abrirle puertas de esperanza a su enemigo. Acabó con el partido a los 60 minutos, después de otro remate liberado de Longo. El Reus se descosió como nunca. Cuesta verle tan roto, tan errático, tan inseguro. Tan irreconocible, a fin de cuentas.

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