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Sociedad monárquica

El Barça se proclama campeón de copa con Gual y Panadero como figuras tras derrotar por 4-1 al Vic en la final

Marc Libiano Pijoan

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Los jugadores azulgranas celebrando el triunfo. Foto: Alfredo González

Los jugadores azulgranas celebrando el triunfo. Foto: Alfredo González

 

Marc Gual y Sergi Panadero adquirieron el título monárquico por meroticracia No son reyes por el color de su sangre, lo son por exceso de talento. El desgaste del tiempo no les ha apagado el apetito. Compiten con entusiasmo juvenil, exhiben en cada fecha una jerarquía asombrosa. Ricard Muñoz, el jefe, ha construido los cimientos del Barcelona entorno a sus rostros. Hasta el punto que condiciona la rotación. En los días grandes resulta casi utópico que pase un segundo sin ninguno de los dos en la cancha.
Gual y Panadero responden a perfiles de intendencia 24 horas. Siempre en clave colectiva.. En su librillo de prestaciones existen muchísimas virtudes. Son capaces de ofrecer todo tipo de servicios. Militares en los regresos defensivos, ordenados e inteligentes en la construcción del juego y mágicos en los uno contra uno. Si se les precisa para la bola parada pueden hallar eficacia cirujana. De ahí que hayan pasado ya por las oficinas del Palau para ampliar sus vinculaciones. 
Muñoz ha encontrado dos ejemplos de compromiso para convencer al resto de la pandilla. Porque este Barcelona no entra por los ojos a la primera, pero hay algo que le distingue. Defiende como un ejército. No resulta para nada sencillo que una constelación de 10 estrellas cambie el frac por el mono del albañil. Dos goles recibidos en los tres partidos de Copa acentúan la  evidencia. 
Todo el despliegue del Barcelona enseña un nivel físico desmesudado y se arropa en dos arqueros elegidos. En Reus actuó Sergi Fernández, aunque elegir entre él o Egurrola es como elegir entre papá o mamá. 
La final ante el Vic exigía a los azulgrana un nivel de atención superior al de los dos cruces anteriores. En parte porque los osonenses presumen de medallas similares en el juego. Dos equipos extremadamente rigurosos querían la gloria.
La estrategia, decisiva
El hockey actual camina  bajo la llave maestra de los especialistas. El nuevo reglamento provoca que el desenlace de los partidos termine en la estrategia. En la bola parada se hallan títulos. Pablo Álvarez acertó en la primera directa, tras una azul inocente de Ferran Font, que placó a Pascual en zona de nadie. 
Pablito penaliza con puntualidad alemana los errores rivales. Convirtió con un movimiento técnico delicioso.  En dos toques, uno para elevar la pelota a media altura y el otro para definir.Se habían consumido 13 minutos.
 El Vic casi ni pestañeó. Apenas modificó el plan. Sus mejores minutos chocaron con la versión más superlativa de Sergi Fernández, que cerró la persiana de su arco. Además, los de Pujalte carecieron de lo que presumió su rival. No culminaron en dos directas y un penalti y el Barça no entiende de perdones. Los castiga con contundencia.
La computadora mental de Gual tomó las riendas del juego tras el respiro. Manejó el ritmo con maestría. Transformó una pelea en el alambre en un día en la oficina. Panadero madrugó para otorgar confort al Barça luciendo  su pala. Disparó al espacio corto de Grau y le perforó. El Vic, sin Presas lesionado y la rotación limitada, precisó descubrirse, pero perdió la fe. Corrió en exceso detrás de un rival repleto de seguridad.
Pablo Álvarez y Lucas Ordóñez enseñaron a los chavales cómo se ejecutan los tiros directos con las pulsaciones a nivel cardíaco y en los instantes de la verdad. Decoraron el resultado que sólo fue modificado por el entusiasta Cristian Rodríguez. Éste no impidió que el Barcelona recuperara el trono copero tres años después, con Gual y Panadero, que han adquirido los derechos de una sociedad monárquica.

Marc Gual y Sergi Panadero adquirieron el título monárquico por meritocracia. No son reyes por el color de su sangre, lo son por exceso de talento. El desgaste del tiempo no les ha apagado el apetito. Compiten con entusiasmo juvenil, exhiben en cada fecha una jerarquía asombrosa. Ricard Muñoz, el jefe, ha construido los cimientos del Barcelona entorno a sus rostros. Hasta el punto que condiciona la rotación. En los días grandes resulta casi utópico que pase un segundo sin ninguno de los dos en la cancha.

Gual y Panadero responden a perfiles de intendencia 24 horas. Siempre en clave colectiva.. En su librillo de prestaciones existen muchísimas virtudes. Son capaces de ofrecer todo tipo de servicios. Militares en los regresos defensivos, ordenados e inteligentes en la construcción del juego y mágicos en los uno contra uno. Si se les precisa para la bola parada pueden hallar eficacia cirujana. De ahí que hayan pasado ya por las oficinas del Palau para ampliar sus vinculaciones.

Muñoz ha encontrado dos ejemplos de compromiso para convencer al resto de la pandilla. Porque este Barcelona no entra por los ojos a la primera, pero hay algo que le distingue. Defiende como un ejército. No resulta para nada sencillo que una constelación de 10 estrellas cambie el frac por el mono del albañil. Dos goles recibidos en los tres partidos de Copa acentúan la evidencia.

Todo el despliegue del Barcelona enseña un nivel físico desmesudado y se arropa en dos arqueros elegidos. En Reus actuó Sergi Fernández, aunque elegir entre él o Egurrola es como elegir entre papá o mamá.

La final ante el Vic exigía a los azulgrana un nivel de atención superior al de los dos cruces anteriores. En parte porque los osonenses presumen de medallas similares en el juego. Dos equipos extremadamente rigurosos querían la gloria.

 

La estrategia, decisiva

El hockey actual camina bajo la llave maestra de los especialistas. El nuevo reglamento provoca que el desenlace de los partidos termine en la estrategia. En la bola parada se hallan títulos. Pablo Álvarez acertó en la primera directa, tras una azul inocente de Ferran Font, que placó a Pascual en zona de nadie.

Pablito penaliza con puntualidad alemana los errores rivales. Convirtió con un movimiento técnico delicioso. En dos toques, uno para elevar la pelota a media altura y el otro para definir.Se habían consumido 13 minutos.

El Vic casi ni pestañeó. Apenas modificó el plan. Sus mejores minutos chocaron con la versión más superlativa de Sergi Fernández, que cerró la persiana de su arco. Además, los de Pujalte carecieron de lo que presumió su rival. No culminaron en dos directas y un penalti y el Barça no entiende de perdones. Los castiga con contundencia.

La computadora mental de Gual tomó las riendas del juego tras el respiro. Manejó el ritmo con maestría. Transformó una pelea en el alambre en un día en la oficina. Panadero madrugó para otorgar confort al Barça luciendo su pala. Disparó al espacio corto de Grau y le perforó. El Vic, sin Presas lesionado y la rotación limitada, precisó descubrirse, pero perdió la fe. Corrió en exceso detrás de un rival repleto de seguridad.

Pablo Álvarez y Lucas Ordóñez enseñaron a los chavales cómo se ejecutan los tiros directos con las pulsaciones a nivel cardíaco y en los instantes de la verdad. Decoraron el resultado que sólo fue modificado por el entusiasta Cristian Rodríguez. Éste no impidió que el Barcelona recuperara el trono copero tres años después, con Gual y Panadero, que han adquirido los derechos de una sociedad monárquica.

 

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