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Suárez desata la locura

El portero del Nàstic arañó un empate ante el Villarreal B en el último suspiro del encuentro que abriá la segunda fase del campeonato de ascenso a Segunda

Jaume Aparicio

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Suárez desata la locura

Suárez desata la locura

El primer partido de la segunda fase de ascenso a Segunda acabó con una locura colectiva para celebrar un empate ante el Villarreal B, el rival teóricamente más débil del subgrupo 3B. Pero es que las circunstancias bien lo valieron. No se ve muchas veces a tu arquero marcando el tanto de la igualada en el minuto 95. Y de rebote para más ‘inri’. José Aurelio Suárez quiso seguir la estela marcada en los últimos tiempos por Bono, arquero del Sevilla que marcó el tanto del empate para su equipo en Valladolid y se convirtió en el héroe inesperado del Nou Estadi.

Con 1-2 en el marcador y animado por el banquillo al completo, el meta asturiano echó a correr para convertirse en un delantero más para las últimas acciones del choque. Aguantó ahí durante casi los cinco minutos que duró el tiempo extra. Hasta que en la última, la menos previsible de todas fue la buena. Un despeje de su homólogo Jorgenssen le rebotó en la pierna y el cuero se fue a la red para delirio de la grada. Un gol que rescató un empate para un Nàstic dominado durante casi todo el partido. Empezó marcando, pero los visitantes remontaron. Soñaron con la victoria hasta el último segundo. Justo antes de que el árbitro pitara el final del duelo y el ‘hombre de fucsia’ hiciera saltar por los aires su buen partido.

Pero es que este Nàstic tiene madera de campeón. Luego prenderá más o menos, pero posee ciertos atributos que son únicos de la especie ganadora. Solo el gen competitivo es capaz de sacar el carácter épico cuando no te queda nada más. Cuando tus argumentos se reducen a la estrategia y tus futbolistas están corriendo más de lo habitual. El empuje natural y una grada colaboradora, los que aguantaron en el asiento, pusieron la parte necesaria para salvar los muebles en un duelo en el que fuiste inferior a tu contrincante.

 En contados partidos el Nàstic ha sufrido tanto en el primer tiempo como contra el Villarreal B. El equipo castellonense vino a hacer su partido. Con sus virtudes y sus defectos. Sin tapar ni unos ni otros. Miguel Álvarez, entrenador del Villarreal B y todo un técnico educador como la copa de un pino, sabe que como filial que es le sobra talento. Sobre todo en la parcela ofensiva. Y trata de explotarlo aún a riesgo de exponer también sus problemas defensivos. Porque así como que sus atacantes son un peligro constante, en la zaga tienen serios apuros para controlar al rival. Conceden más de lo que les generan víctimas de esa fijación sistemática de salir con el balón controlado. Mientras de medio del campo para arriba ponen una velocidad al juego de asociación elevada, en defensa no pueden mantener ese ritmo y sufren frente a presiones bien trazadas. Jugaron con vértigo y propiciaron el error que Pedro Martín convirtió en el 1-0. Falló Ros en el despeje y dejó el balón muerto para que el atacante grana lo empujara a la red.

Pese al gol al Nàstic le costaba seguir la velocidad alta que imprimía al juego el Villarreal B. Especialmente sufrieron los centrales con Hassan y Arana atacándoles la espalda. La circulación de balón era tan rápida que lograba poner en aprietos a un Nàstic que veía cuestionada su habitual solidez. Miranda, otro que lo pasó fatal ayer, se las veía para llegar a cubrir todos los pasillos entre líneas y eso descomponía la defensa grana que tenía que reaccionar como podía para mantener el tipo.

Suárez fue cocinando su protagonismo también con su actitud alerta. De no ser por sus salidas del área para frenar los contragolpes, una con más problemas que otra, los castellonenses hubieran marcado antes de lo que lo hicieron. Que fue a la media hora. Un golazo, todo sea dicho. Arana, el futbolista más dominador del encuentro, bajó la pelota con maestría, recortó ante Quintanilla y le pegó un zapatazo que doblegó a Suárez.

Con el Nàstic superado el partido entró en una fase de frustración que acrecentó el colegiado Luis Bastard. Cuatro amarillas en cinco minutos calentaron al equipo y a la grada. Pero los problemas tarraconenses no estaban en el árbitro sino en el poco peligro generado más allá del gol. Apenas un cabezazo de Oliva que debió haber amenazado más al portero.

No ajustó lo suficiente Seligrat en el descanso porque el partido siguió bajo dominio visitante hasta que remontaron el encuentro. Albarrán cometió un claro penalti sobre Arana que convirtió Millán.

Con el botín en el saco, el Villarreal B dio un paso atrás. Cayó en el fútbol de interrupciones, con pérdidas de tiempo constantes, pese a que su entrenador pedía que se dejaran de tontadas. El sabio de Miguel Álvarez como si lo viera venir se temió un largo y fatídico descuento. Cinco minutos que se alargaron a seis, por otra pérdida de tiempo, que condenó a los suyos. La inocencia de la juventud no acertó a comprender esos intangibles que este curso posee el Nàstic en el Nou Estadi. Esa fuerza mística que le lleva a luchar #FinsAlFinal.

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