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Suplicio veraniego

Un Reus terriblemente mermado cae en Las Palmas de forma digna, ante un rival superior. Debutan los canteranos Alfred Planas, Gonzalo y Adrià Guerrero

Marc Libiano

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FOTO: quique curbelo/la provincia

FOTO: quique curbelo/la provincia

El rostro de Xavi Bartolo lamentaba una pequeña pesadilla. Así fue el amanecer del Reus en Gran Canaria. No por los agobios de su enemigo, sí por los contratiempos inesperados. Si Bartolo ya ingenió una alineación repleta de parches por la torpeza de las inscripciones, padeció con los contratiempos inaugurales de Mikel Villanueva y Borja Herrera. Dos colisiones precisaron de atención clínica para los defensores. El Reus se pasó el primer cuarto de hora prácticamente en inferioridad. Conectó el espíritu de supervivencia mucho antes de lo aconsejable, en el salón de un rival poderoso, extremadamente lujoso.

Cuando los rojinegros intentaban recomponerse, ordenarse en el inmenso escenario, recibieron el primer golpe. Nació en un error individual de Mikel Villenueva, que pegó al aire un balón de sencilla apariencia. Quedó muerto dentro del área y por allí paseaba Rubén Castro. Ni avisó el viejo rockero del gol. Su definición resultó deliciosa. Cruzó la pelota sin pestañear. De primeras.

Las Palmas se topó con un premio casi sin querer, pero los gigantes de presupuesto disponen de tantos argumentos, que ni siquiera piden tiempo ni labor. Con nada aniquilan. Con nada o con Rubén Castro, mejor dicho. Ese delantero que enamoró al Villamarín, una plaza de máximo respeto y arte.

En todo caso, el Reus disfrutó, en el parcial inicial, de protagonismo con la pelota. Su problema se encontraba en la naturaleza del once. Un dibujo anti natural para muchos actores, cambiados de posición y en un escenario desconocido. Las ausencias obligaron a Bartolo a manejar los inventos. Salió del paso con cierto criterio. No le entró tembleque cuando Mikel se marchó del césped por el choque inicial con Catena. Llamó con autoridad a otro cachorro del filial, Gonzalo, que ingresó en el partido. 

Dos remates de Fran y Planas, que envió señales de esperanza, amenazaron a Las Palmas justo antes del intermedio. El Reus había campeado el temporal con bravura. Se mantuvo de pie cuando las previsiones amenazaban tormenta de verano.   

Fran regresó dispuesto a convertir una utopía en un jardín de rosas. Muy de Fran, un aventurero de mochila y cantimplora, alejado de los hoteles de cinco estrellas. Recibió Carbia al espacio trasladó la pelota con afán desmesurado  y ante un mar de piernas ejecutó. Les salió algo mordido el disparo. Rozó la madera. Fran estrenó un repertorio interesante del Reus, que hipnotizó el partido con su juego posicional. No hubo sobresaltos. Pasaban pocas cosas. Buenas noticias. Las Palmas no había tirado entre palos hasta entonces. Sólo hasta que Rubén Castro decidió aparecer de nuevo en la noche.

Le ayudó una pérdida grave de Mario Ortiz en zona de creación. Cogió al Reus desorganizado, con Borja Herrera lejos del lateral y con Castellano con el carril liberado para profundizar. El servicio, al segundo palo, cayó a los pies de Castro. Con la puntita la empujó con resistencia. También de primeras. Probablemente, Castro tocó tres balones. Dos con etiqueta de gol. Un estreno de oro para el delantero, de regreso a la isla. Bastó con su ojo clínico y su precisión geométrica para ofrecer tres puntos a Las Palmas, aspirante a la gloria.

Sin argumentos

No emergían recursos en el banco para revolcar el marcador o por lo menos intentarlo. Sólo el aire juvenil de los canteranos. Bartolo optó por Adri Guerrero y Ricardo Vaz, éste último todavía sin la preparación necesaria tras una grave lesión de rodilla. El panorama sólo invitaba a la resistencia hasta el pitido final. Olvidar la mala experiencia de Las Palmas, después de una pretemporada de sonrisas. La metedura de pata en las inscripciones debe ser profesora para un club que si quiere crecer no puede salir a competir como lo hizo en Las Palmas. Terriblemente debilitado. 

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