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El delantero africano del Nàstic saca a relucir su talento goleador en los tramos finales cuando la temporada se convierte en decisiva y reclama a sus héroes

Jaume Aparicio

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Ike Uche listo para disparar durante el partido ante el Numancia del pasado domingo en el Nou Estadi. Foto: Alba Mariné

Ike Uche listo para disparar durante el partido ante el Numancia del pasado domingo en el Nou Estadi. Foto: Alba Mariné

Hay jugadores que tiemblan al encarar los momentos más delicados del curso. El salto sin red, el riesgo a que un error condene a tu equipo nubla la mente y lastra las piernas. Es un tiempo de héroes. De echarle valor al asunto. Y en Tarragona, nadie ha asumido ese rol épico como Ikechukwu Uche (Aba, Nigeria, 35 años).

El delantero africano se ha destapado como un especialista en el desenlace de los cuentos. Como ese príncipe azul de los clásicos de los Hermanos Grimm que sólo aparece en el último capítulo para matar a la bestia y ganarse el beso de la princesa. Los goles de Uche han contribuido en buena medida a que el Nàstic asegurara la permanencia en las dos últimas temporadas. 

Su participación durante el curso es escasa. Lesiones, baja forma, decisiones técnicas, etc. han hecho que el nigeriano aparezca más bien poco a lo largo del campeonato. Hasta el domingo el atacante africano había participado en 18 encuentros, nueve de ellos como titular. Un total de 846 minutos sin sumar ni un solo gol.

Pero es llegar al tramo final y Uche se activa. Recupera su mejor versión. Esa que aún permanece en el imaginario colectivo de cuando vestía la zamarra del Recreativo de Huelva. Su etapa en el Decano del fútbol estatal definiendo ante el mejor arquero español de todos los tiempos, Iker Casillas, en el Santiago Bernabéu. Una calidad que puede resumirse a la perfección con su gol frente al Numancia. Control de espaldas, con orientación hacia la portería y remate con fuerza por encima del guardameta. 

La pasada campaña participó con dos dianas esenciales. Una frente a la Cultural Leonesa, que completaba la remontada (3-2) de los de José Antonio Gordillo tras ir perdiendo 0-2 al descanso y el tanto que sirvió para llevarse los tres puntos ante el Huesca en un Alcoraz festivo tras el ascenso azulgrana a la máxima categoría.

Dos años antes, Uche ya había pasado de desahuciado a héroe en apenas tres jornadas. Después de un buen arranque con tres dianas en diez partidos al africano se le mojó la pólvora. La labor de Nano Rivas le devolvió el instinto en los últimos partidos del curso. Anotó dos goles en la victoria ante el Girona por 3-1 y firmó el tanto del triunfo en la visita del Nàstic al feudo del Tenerife (0-1). Seis puntos que acercaron la salvación.

Protagonista final
No es la primera vez que Uche asume el protagonismo en los tramos finales. En Huelva también disfrutaron de la virtud del africano. En su primer año en el Recre (temporada 2003-04) siete de los doce goles que logró en toda la temporada llegaron a partir de la 30 jornada de liga.

Al año siguiente fueron tres de los diez, mientras que su mejor curso goleador, en la 2005-06, la mitad de los veinte goles que le dieron el premio Pichichi de Segunda División también fueron en los últimos doce partidos del campeonato. Un decena de dianas que dieron al cuadro andaluz el ascenso a Primera División.

Años más tarde, primer curso con la camiseta del Villarreal, Uche conseguía anotar seis tantos en el tramo final de liga. Otra vez sumó para guiar al submarino amarillo a la máxima categoría del fútbol español.

Despertar final
Llegados a un nuevo final dramático, en el que la esperanza de lograr un tercer milagro es mínima volvió a emerger el ‘killer’ nigeriano. Su titularidad cogió por sorpresa a más de uno. Ya no le esperaban. Habían perdido toda confianza en él. Pero a sus 35 Uche es vino de Reserva, destinado a las grandes ocasiones. A las situaciones de emergencia.

No será un jugador líder de vestuario. El rol de capitán no va con sus características. Ayuda con su experiencia a los más jóvenes, pero no traspasa emociones. Siendo el más veterano de la plantilla ni siquiera figura entre los cuatro capitanes.

Hasta que no se cierra el mercado no se sabe si Uche sigue. Entre las ganas de salir de encontrar destino y las intenciones del club de abrirle las puertas ha provocado que la relación entre ambas partes no haya superado la barrera de la profesionalidad. Ha faltado por todos, afición incluida, deseos de congeniar con el africano. 

Todo ello queda al margen cuando se trata de saltar al verde para ayudar a sus compañeros en las situaciones límites. Uche se transforma para ponerse al servicio del equipo y despertarlo del letargo inducido por tres derrotas consecutivas. Para asomar de nuevo al once con ganas de reclamar su papel de protagonista inesperado.

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